lunes, 23 de marzo de 2009

Entrevista N°1 (2000) De Esalen, sueños y nudismo

ENTREVISTA Nº 1


ENTREVISTADOR : RODRIGO FREDES

ENTREVISTADO : PATO VARAS



RODRIGO FREDES : ¿Qué aspectos de tu vida delinearon tu acción para dedicarte al Desarrollo Personal?

PATO VARAS : A ver, yo soy de Valparaíso, yo soy porteño, criado, me eduqué en Valparaíso, estudié en la Universidad y como en el año 68, empecé a trabajar, haciendo clases de Psicología en la Universidad Católica de Valparaíso. La verdad es que yo había estudiado en el año 63 en la Escuela de Psicología de la Universidad Católica de Chile, en Santiago, y la verdad, no me sentí bien estudiando Psicología como con las expectativas que yo tenía. Yo creo que desde muy niño, posiblemente, desde los doce, trece o catorce años, yo tenía algo así como vocación o interés por la terapia, y esto nació de una manera muy cercana, muy familiar, porque mi mamá era jefe de personal del Servicio Nacional de Salud. Pero entre sus amigas y amigos, entre familias de amigas y amigos, me tocó muchas veces observar que era considerada una especia de consejera, orientadora, era una persona que se llevaba muy bien con los jóvenes y que tenía una capacidad muy buena para aconsejar; y eso, yo recuerdo escenas de haber estado pasando unas vacaciones en Olmué, siendo muy niño, y como un par de lolos que querían casarse y que eran hijos... ella era hija de una familia amiga, iba a conversar con mi mamá, como yo diría hoy en día, clarificar lo que una persona tiene por expectativas y como lograrlo. Ese hecho tan de la infancia me atrajo mucho. Y entonces, cuando yo ingresé a la Escuela de Psicología, iba como esa idea, con la idea de lo que es una persona que conversando hace terapia, aconseja, orienta: que hoy día puedo decir era una idea de terapia muy tradicional y muy clásica, pero iba con esa idea. Había empezado en el Colegio, me recuerdo, en los Padres Franceses había empezado a comprar libros de Psicología que ya no eran los libros del Colegio propiamente, sino que eran libros de corte universitario. Y me sentía muy cómodo con la lectura de esos libros. Entonces me fui estudiar a la Católica de Santiago, me fue muy bien, ingresé. Pero ahí no había nada que se pareciera a la terapia. Me acuerdo que teníamos clases de biología, anatomía, de morfología, de fisiología, de matemáticas, en fin; y tampoco veía yo en el espíritu de la Escuela, de los profesores, un conocimiento y una actitud como de enseñanza de la terapia. Así que me fui desencantando de la carrera, y finalmente, al otro año, me decidí a estudiar en Valparaíso, y busqué una carrera similar, entré a estudiar Pedagogía en Filosofía y Psicología en la Católica de Valparaíso. Yo creo que esa fue una gran suerte en mi vida, porque me permitió ahí conocer a un gran filósofo que era don Luis López, y obviamente, el enfoque de la filosofía, en comparación con el enfoque de la Escuela de Psicología de esa época, aportaba más a la terapia. Porque en la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica de Valparaíso, yo aprendí, ya fuera por las lecturas, por los diálogos, las conversaciones, aprendí a conocer la problemática existencial del hombre. Los profundos problemas del hombre, podríamos llamar, no sólo de corte filosófico, metafísico, sino de corte antropológico. De manera que cuando a mí me ofrecieron el año 68, que me hiciera cargo de la cátedra de Psicología Aplicada, fue muy agradable y muy placentero para mí porque era un tema que yo nunca había abandonado dentro de la Psicología y yo sabía que de alguna manera, mi vida iba a derivar hacia la terapia.

Por el año 71, me pasó algo, que me imagino que le pasa a muchas personas haciendo muchas clases, yo hacía muchas clases en la Universidad, así que me empecé a enfermar de la garganta. Y entonces pensé, luego, esto se soluciona haciendo clases menos expositivas. Y empecé a estudiar el tema de hacer clases de manera no expositiva, y así llegué al tema de la dinámica de Grupo. Y me fue tan bien, en eso de hacer clases con métodos grupales que inmediatamente empecé a enseñar en la Universidad a los alumnos de Pedagogía a hacer clases con métodos no expositivos, grupales. Eso fue entre los años 71 y 73. Y el año 73, yo fui siempre un lector empedernido, eso lo heredé también de mi madre, y leía muchísimo, visitaba las librerías, gastaba todo mi sueldo en libros prácticamente, y por el año 73 me pidieron de la Escuela de Educación Física, una profesora muy inquieta y muy capaz, que es Gladys Jiménez, que me integrara a un grupo experimental en que iban a trabajar expresión corporal, teatro y psicodrama. Y me pidieron a mí si me pudiese hacer cargo de este aspecto del Psicodrama; me encantó la idea y comencé a trabajar con ese grupo. Fue una experiencia muy buena esa de ..., la primera experiencia diría, integrando estos aspectos. Y estaba en eso cuando en una librería, como me conocían los dueños de librerías o los vendedores, me ofrecieron un libro, y me dijeron mire, este libro le va a interesar a usted. Era el libro sueños y Existencia de FRITZ PERLS. Y la verdad es que leer este libro y pensar, y decidir que esto era lo que yo... estaba esperando, por decirlo así, que ahí estaba resuelto, incluso, un trabajo más intenso y más profundo el método Psicodramático, fue una sola cosa. Y lo incorporé inmediatamente al grupo experimental. Hay algo que me llama absolutamente la atención, y me llama aún hoy en día, y es la absoluta facilidad que yo tuve para comprender el método de la terapia gestalt en esos años, de la simple lectura de los libros de FRITZ PERLS. Me parecía como algo obvio, evidente que la forma como enfrentaba o trataba el diálogo, Fritz Perls, o lo que proponía, me parecía casi natural. No sabría explicar a qué se debía eso. Pero el asunto es que por allá en al año 74, yo empecé a hacer talleres de terapia guestalt en la Universidad Católica de Valparaíso, para alumnos de manera libre, había muchos alumnos, me acuerdo. Yo tenía muchos alumnos me acuerdo, tenía dos grupos semestralmente y prontamente me pidieron que integrara eso a un trabajo corporal, así es que teníamos dos sesiones semanales, una que era netamente verbal, y otra que era más bien corporal, que la hacíamos incluso en un gimnasio, allá en Valparaíso. Ahí se produjo, algunos la llamarían hoy día de sincronicidad, y es que buscando como integrar la terapia guestal a un trabajo más corporal, me encontré también en una librería con un libro de WILLIAMS SCHUTZ que se llama “Todos somos uno” de editorial Amorrortu y que hoy día es inhallable porque está agotadísimo, e integré inmediatamente la metodología de los Grupos de Encuentro de SCHUTZ al trabajo de Guestalt, pero lo que más me asombró fue descubrir que estos dos personajes de la psicoterapia contemporánea y de la terapia humanística, eran contemporáneos y habían trabajado juntos en ESALEN, que era un Instituto que aparecía nombrado en los dos libros, tanto en el Sueños y Existencia, como en el Todos somos uno. Y en ese tiempo, corría el año 74 ó 75, entonces no me pareció nada más simple que escribir a ESALEN y preguntar si podía yo ir a formarme como terapeuta gestalt, o en algún grupo parecido, y si eso era posible y cuánto costaba, y bueno, no fue posible inmediatamente por circunstancias de la vida, de mi trabajo, pero finalmente lo hice el año 77, yo creo que en el año 76, que es el año en que yo me vengo a trabajar acá al Centro de Perfeccionamiento, primero en una forma transitoria, contratado por la OEA, y después, contratado directamente por el Centro, como marca un cambio en mi vida, paso de mi vida en Valparaíso, y de mi paso de 10 años por la Universidad, a lo que llamaría yo, a un nivel muy experimental, inicial sobre el tema, a un despegue de carácter nacional, de Arica a Punta Arenas, y ya, con mi vuelta de Esalen, incorporando todo lo que es el Desarrollo Personal como disciplina acá en Chile.

ENTREVISTADOR : ¿Cómo ha sido tu evolución personal pre Esalen y post Esalen?

PATO : Bueno, claro, yo tengo una época pre Esalen y una época post Esalen; yo diría que la época pre Esalen con nitidez es del año 73 al año 77; y la época post Esalen es del año 78 hasta ahora. Yo diría que en la época pre Esalen, estaba marcada por unas ganas de hacer algo, sin saber bien como se hacía. con un espíritu, una inquietud, una búsqueda, de algo que me imaginaba que podía existir que era una experimentación sobre todo, del ser humano, a partir de su propia realidad, convirtiendo al sujeto, a su propia persona en objeto de su aprendizaje, y en grupos, pero nada más. Y bueno, pero con un montón de lectura; lo que me hace señalar hoy en día que las lecturas son muy insuficientes, son necesarias pero muy insuficientes. probablemente la mejor manera es leer después de haber tenido experiencia y no antes, porque, al llegar a Esalen, a pesar de estar trabajando durante ya, diría cuatro años en terapia gestalt, y pensando que tenía un buen dominio del método, al segundo día de estar en Esalen y ver a un terapeuta gestalt trabajando, me di cuenta que mi trabajo era exclusivamente verbal, y que no se me había ocurrido siquiera como hacer un trabajo más corporal, mucho más comprometido afectivamente, más natural, y más integrador del grupo, como ocurría en Esalen, a pesar de que yo estaba haciendo experimentaciones a través del cuerpo; yo hablaba en esa época de unos experimentos que se llamaban “Laboratorios del Cuerpo”, en la Universidad y trataba de integrar ejercicios de la metodología de WILLIAMS SCHUTZ, sin embargo, en menos de una semana estando en Esalen y viendo mañana, tarde y noche como se trabajaba y cual era el estilo, comprendí claramente era la dimensión del trabajo, cual era la dimensión del enfoque, del método, y hasta que punto estaba integrando el principio holístico, es decir, la integración de la interfaz cuerpo/mente de una manera casi total. De modo que cuando yo volví de Esalen, en una época post ESALEN, lo único que hice fue, simplemente, aplicar mi aprendizaje, con las debidas adecuaciones al medio nacional, modificando todo lo que había que modificar. Por ejemplo, en mi época pre ESALEN, yo trabajaba en una sala o salón o en un gimnasio, ya fuera la parte verbal en silla, universitaria por ejemplo, y la parte corporal en un gimnasio con colchonetas. Pero en ESALEN, descubro lo que es el “workshop”, el taller, en el lugar mismo. con sus sistemas alfombrado con cojines, en donde toda la vida transcurre en ese salón, y en donde hay una naturalidad y flexibilidad en el desplazamiento corporal, con la propia persona y con otras personas... muy alto. Eso es algo que, de cualquier manera marca la diferencia, el hecho de, como yo he dicho muchas veces, sacar a las personas de sus sillas.

Después de eso, hay muchas diferencias con respecto a, yo llamaría, la naturalidad, es decir, a pasar un enfoque, que es propio del modelo del desarrollo personal o de la terapia humanística transpersonal, en donde las personas pueden optar, son libres, se les respeta sus ritmos, sus tiempos, y no hay presión, ni sobre el trabajo, ni sobre el propio encuentro personal e interpersonal. Obviamente, en mi época pre ESALEN, la situación era más académica, más escolar, más semejante a un modelo educacional que a un modelo propio que es el del Desarrollo Personal.

Después hay que consignar también un modelo del lenguaje. De la época en que yo estoy hablando, de ninguna manera era fácil trabajar esto; cuando yo trabajaba en la Universidad, había una obligación de cualquier quehacer que fuera grupal, es decir, donde los alumnos participaran, lo cual estaba fuertemente inhibido, se permitía exclusivamente que las clases fueran expositivas e informativas, y que los alumnos no tuvieran diálogo, ni entre ellos ni con el profesor, prácticamente. Entonces, al proponer este tipo de trabajo, me permitieron hacerlo, porque era parte de mi libertad académica y, bueno, eso también me trajo consecuencias negativas, porque después me echaron. Pero, yo tenía que dar garantías de que en el taller no había un tratamiento que pudiese ser lesivo del poder, y por lo tanto tenía que andar con una grabadora, y en ese tiempo, me acuerdo, eran unas grabadoras inmensas, con unos carretes de este vuelo, que me los pasaba la vice-rectoría de extensión de la Universidad Católica de Valparaíso, para que yo me fuera para la sala en donde trabajaba y plantara la grabadora, porque todo lo que ocurría en un taller de terapia tenía que ser grabado, no con le ánimo de que alguien lo fuera a escuchar, probablemente, sino simplemente, como una garantía de que si se quisiera investigar, que ese, a lo mejor, era un grupo infiltrado, que tenía fines inconfesables, habría un testimonio grabado. De manera que obviamente la situación era muy peculiar, el nombre, la denominación que se le daba a los grupos, era fantástica, yo hablaba de “Juegos psicológicos”, ese era el nombre de cómo se llamaba el taller, no podía denominársele ni de terapia, ni de gestalt, ni de desarrollo... bueno, el término desarrollo personal no existía, ni de relaciones humanas, nada de eso era factible de nombrar, en cambio, cuando yo vuelvo de ESALEN el 78, bueno, yo incorporo el término desarrollo personal, crecimiento personal acá en Chile, no soy el único que lo hago; me imagino que hay otros que lo hacen en la misma época, y... pero también con delicadeza, en esta misma institución, en el Centro de Perfeccionamiento, estaba permitido hablar de relaciones interpersonales, y todo tenía una especie de autocensura, todo tenía que ser delicado, con tacto, para evitar que alguien se fuera a molestar o sentir. De manera que eso se va incorporando a la vida del modelo del desarrollo personal e interpersonal, muy gradual y paulatinamente. Acá en esta institución, las primeras personas que tuvieron gran adaptabilidad fueron los auxiliares, los empleados de servicios menores. ellos no tenían ningún problema en andar acarreando colchonetas a los salones en donde yo trabajaba y preparándome el salón para trabajar, no se hacían ninguna complicación, es decir, a ellos no les llamaba la atención que yo tuviere que hacer una supuesta clase o taller con el grupo de treinta o cuarenta participantes sentados en colchonetas en el suelo. En cambio, a los mismos colegas o autoridades educacionales les llamaba la atención, y ellos me hacían comentarios, entre irónicos, sarcásticos y risueños, en cambio, la gente que ponía las colchonetas les parecía algo absolutamente natural. Muchas veces se quedaban observando y me hacían comentarios con respecto al trabajo, porque ellos lo tomaban con naturalidad, estoy hablando de los años 78, 79, 80 en adelante. De hecho yo, el Programa de Formación lo inicié acá porque desde el 78 al 86 yo diría, hubo una época de preparación tanto de un nivel nacional, de los profesores, y de la Institución misma, como para decir, sí, podemos ofrecer esto, como un Programa más intenso, como un programa de formación, más intenso, de más larga duración. Antes solamente eran pequeños cursos de una semana o de duración. Antes solamente eran pequeños cursos de una semana o de dos días y nada más, pero yo creo que la clave es que, llegando de ESALEN yo tenía un conocimiento de lo que era realmente la interfaz cuerpo/mente, de lo que eran un montón de métodos del que no tenía conocimientos ni de oídas sobre estos; sobre los aspectos corporales, emocionales, de lenguaje y transpersonales, que en esa época se llamaban meditativas, y que estos se volcaban en un taller que tenía una forma, un tiempo, un lugar sui generis, que era propio del modelo del desarrollo personal, por ejemplo: El que las sesiones duraran tres horas y no una hora y media como son las sesiones pedagógicas. Así que hay una diferencia sideral diría yo a partir del año 78.

ENTREVISTADOR : ¿Cómo fue tu estadía en ESALEN?

PATO : Bueno, mi estadía en ESALEN fue maravillosa, por muchos motivos, porque se reunieron mis anhelos, lo que yo te decía al principio, este anhelo de ser terapeuta, bueno, allá se cristalizó, bueno, supe yo, eso es ser terapeuta, y en esto me estoy formando, y esta es mi vida, de manera que fue excelente. Fue fantástico conocer ESALEN, conocer la historia viva de ESALEN, y aunque ya FRITZ PERLS había fallecido, pero el programa lo dirigía Dick Price, discípulo directo y Director del Instituto. Yo tuve muy buena acogida, no se bien por qué, me imagino que era por que iba de tan lejos, era el único chileno, después de CLAUDIO NARANJO, por supuesto, que llegaba a ESALEN también, sin saber yo, yo no conocía a Claudio Naranjo, me imagino que eso también influyó, la gente tenía, obviamente, un recuerdo de Claudio Naranjo maravilloso, y de gran respeto, por su gran calidad humana y profesional, y claro, él era chileno, y después de nueve años de haber estado en ESALEN, llega otro chileno, que recién se iniciaba en esto, pero me imagino que habrán hecho algunas relaciones fue tratado con mucho cariño, me sentí muy querido, muy amado, diría yo, por la comunidad de ESALEN, de mucha gente, por supuesto que tuve dificultades, por ejemplo, yo había estudiado hasta el 5º semestre acá en el Chileno Norteamericano Inglés, y la verdad es que cuando llegué allá, no entendía “ni jota” el inglés, y lo que más me afectaba es que ellos no me entendían a mí mi inglés, entonces yo decía, que fue lo que estudié entonces en el Chileno Norteamericano, y era un alumno, más bien bueno que malo en el Instituto, así que fue todo un chiste el tema, yo creo que la frase más repetida mía era speak slowly –habla lento-, porque la verdad es que no entendía nada de lo que me decían, y me costó varias semanas afianzarme en el idioma igual, hasta el final yo hablaba más lento, y algunas cosas me las tenían que repetir, afortunadamente en ESALEN era todo práctico, todo se hacía, así que lo que no entendía con los oídos lo entendía con los ojos. también tenía compañeros en mi programa que también hablaban español, había una mexicana, había un cubano radicado en Estados Unidos, y había un brasileño, de manera que no era tan complicado tampoco; lo que nosotros llamábamos la pequeña colonia hispánica en ESALEN, de manera que la experiencia fue muy linda. Fue muy fuerte también... yo creo que soy una persona muy abierta, y lo soy, y con capacidad de adaptación a las situaciones que he vivido, pero de niño y de joven bastante tímido, y en ESALEN había, y hay hasta hoy un sector de nudismo, que tenía que ver con los masajes, con el aprendizaje de los masajes, y ese sector incluía los salones de masaje, las aguas termales y la piscina; la verdad es que yo llegué el día domingo, y me demoré hasta el martes me acuerdo, en atreverme a asomarme por esos sectores, en donde había nudismo y en donde simplemente había que andar a “cuero pelado”, pero me dije, esta cuestión tengo que hacerla, no voy a estar todo el tiempo aquí, en que me estoy formando, privándome de aprende masaje, y privándome de todo el trabajo que se hace en los salones de masaje, por una tontera mía. Y la verdad, es una de las experiencias que más ha significado en mi vida, el haber estado durante todo este tiempo, el haber vivido una gran cantidad de experiencias en base al nudismo. Yo creo que el nudismo en ESALEN, por lo contrario a lo que se ha señalado en muchas revistas de circulación de la época como “LIFE” por ejemplo, simplemente de consumo masivo, en donde claro, se hace un poco de show con el asunto. Yo creo que el nudismo en ESALEN era sagrado, era una de las cosas más serias y respetuosas, de más profundidad que yo he vivido y que observé. Y por supuesto era absolutamente congruente con el trabajo de gestalt el trabajo de masaje ESALEN, y de integración cuerpo/mente a través del masaje. Fue una experiencia muy profunda para mí, además que el nudismo tiene una cosa fantástica y es que tú no puedes ocultar nada. Te conocen exactamente como eres. no hay imaginación posible, y finalmente se crea un respeto, una cercanía yo diría, una gran cercanía espiritual a raíz de que nadie está ocultando nada, que todo el mundo se exhibe tal cual es y acepta sus defectos, limitaciones y su forma de ser. Eso fue muy llamativo, desde luego algo que me impresionó muchísimo fue la calidad de la gente que trabajaba. En ESALEN ha trabajado la gente más importante en terapia humanística del mundo. Y no era sólo que dijeran, por aquí pasó tal persona, no, yo tuve la posibilidad de estar a pocos metros de distancia, a charlas y trabajo de WILLIAM SCHUTZ, que era, y sigue siendo el gran prócer de los Grupos de Encuentro, y el creador de la metodología. Lo que más me impactaba en ese momento, era que estabamos en un salón el Huxley en honor a ALDOUS HUXLEY y trajeron cuatro colchones de espuma simple, y los pusieron, como sillón y ahí se sentaron W. Schutz, d. Schiffman, que era uno de los líderes del programa mío. y un bioenergetista que había venido de Nueva York, que era muy importante en ese momento, que era Schwartz y Kent Dychtwald, que era otro bioenergetista que era en ese momento el best seller de USA. Dychtwald había publicado su libro CUERPO/MENTE en USA y ahora está en español, en agosto del 77, y nos estaba haciendo clases a nosotros, en octubre del 77, contratado por el Instituto, para los alumnos de la formación de terapeutas guestalt, es decir, obviamente, por ahí circulaban los pioneros, los hombres más importantes en vivo y en directo, yo he tenido la oportunidad de ver John Lilly, trabajando en la piscina, ver a pasar a Stanislav Grof, en fin, toda gente absolutamente simple, sencilla. En ESALEN, prácticamente ninguno usaba zapatos, por las características del trabajo, andábamos todos a pie pelado o con calcetas, o con chalailas que uno se las sacaba antes de entrar a los salones. la ropa que se usaba era extremadamente suelta, casi hippona, blue jeans, un ambiente muy natural, muy nutritivo, muy responsable, además, destaco eso ya que teníamos que hacer trabajo comunitario y me tocaba trabajar en las chacras, y bueno, era un trabajo muy serio y muy responsable, tanto de hombres como de mujeres yo creo que había muchos valores implícitos en ESALEN, no sólo en la parte técnica, sino en la convivencia y en el trabajo comunitario. Y había además una filosofía de independencia, de autogestión, de libertad que ESALEN lo logró con los años, ESALEN era una institución que tenía energía propia, mediante un sistema solar, que tenía agua propia, en fin, que no hacía uso de los medios públicos en gran medida, como una forma de poder demostrar absoluta independencia, y poder, por lo tanto, estar en el campo de la experimentación, sin tener que deberse a corrientes ideológicas, políticas, religiosas, gubernamentales de ninguna manera, y creo que la libertad en ese caso, obviamente impulsaba el conocimiento.

ENTREVISTADOR : ¿Cómo se puede abordar el tema del nudismo, de los prejuicios hoy aquí en Chile?

PATO VARAS : Yo creo que la posibilidad de que algo ocurra y que no sea tabú, tiene que ver fundamentalmente con el contexto y con la creencia. Es decir, en el caso de ESALEN, en que el nudismo era parte de la Institución, incluso era parte de un lugar; en ESALEN a nadie se le ocurría entrar desnudo al comedor, por ejemplo, o a la cocina, era solamente en una zona de ESALEN en donde había nudismo, y eso significaba que las acciones podían ser contextualizadas y entendidas dentro de ese contexto, que se creía en ellas, y que por lo tanto había credibilidad en lo que eso proporcionaba. Y a mí me parece que es aplicable en cualquier contexto. Yo acá en Chile, no he impulsado en mis 25 años de desarrollo personal. quizás una o dos veces he promovido la posibilidad de hacer masajes en grupos, desnudos y bajo condiciones muy adecuadas, y de personas que estaban muy interesadas y muy contextualizadas, y con la factibilidad de hacerlo. Porque lo que yo creo que más incide es eso, es decir, si una determinada acción es aceptada desde un punto de vista valórico o no, y si además tiene algún mérito, es decir, si vale la pena. En el contexto de ESALEN tenía un mérito y valía la pena, posiblemente acá no tenga ningún mérito ni valga la pena tampoco, es decir, no constituya ni un beneficio ni un daño. Desde luego que nuestra sociedad latina es distinta a la sociedad norteamericana, a pesar de que nosotros acá en Chile somos bastante más flexibles en comparación a otros países latinoamericanos, que son más cerrados diría yo en sus concepciones. pero a fin de cuentas, pienso que lo que nos limita a nosotros es que evaluamos las acciones a experimentar, antes de experimentarlas, y por lo tanto, no las realizamos, en cambio en la cultura norteamericana, las acciones se experimentan y después se evalúan, si salen mal evaluadas, no se repiten más, y si salen bien, se pueden discutir y considerar si vale la pena seguir haciéndolas. En cambio en el contexto nuestro, muchas acciones no llegan nunca a la realidad porque son, antes de su realización, evaluadas, Es decir, no pasan por la experimentación, sino que pasan por la fantasía. Y a mí me parece que eso es lo más grave.

Como decía anteriormente, había gente de gran calidad en ESALEN y tuve la oportunidad de aprender con ellos. Ahora yo quiero señalar que, en ESALEN, y en la época, en al década del 70, una muy buena época, ESALEN había tenido un bajón después de la muerte de FRITZ PERLS, y venía recuperándose muy bien, el año 77 había gente de mucha calidad. Sin embargo, volvemos al mismo tema, dentro de cómo son contextualmente las culturas, ESALEN está contextualizado dentro de una filosofía de individualismo de esfuerzo personal, de mucha libertad, de elección personal, por lo tanto, en ESALEN había muchas actividades, habían 4, 5 talleres simultáneos, algunos de 5 días, otros de 3 días, otros de fines de semana; y algunos residentes, que éramos los que estabamos con programas de larga duración en formación, y... habiendo una gamma exquisita de posibilidades de aprendizaje, esta quedaba librada al interés particular de los usuarios, de los participantes. No había un marco ordenador, ni había habido una preocupación por definir si algo debía ir antes y otro tema debía ir después. A lo más que había, un taller que se llama experienciación en ESALEN, en donde se mostraba un poco de todo para que la gente tuviera una información vivencial de todo el espectro, pero no había una entrega organizada, sistematizada, continua de todas las posibilidades que estaba entregando la psicología humanística y la terapia transpersonal. De manera que cuando yo desarrollo el Programa, acá en Chile, claro, los primeros años en que yo lo hago en Viña, en el Instituto IIDEC, en el Instituto Integral de cultura de Ruth Hofflich en esos primeros años que yo hago el programa ahí, con un grupo pequeño, en los años 83, 84 y 85, es un programa también muy emergente, de lo que fuera sucediendo cada fin de semana. Pero ya cuando lo inicio en el Centro de Perfeccionamiento, y todos estos años, y después en el año 1991, por la Sociedad Chilena de Desarrollo Persona, se hizo un programa que vino a suplir eso que ESALEN tampoco tenía, que es un programa en que se ha hecho un estudio de sistematización, siempre con gran flexibilidad, pero en donde algunas cosas están antes y otras después, como por ejemplo, obviamente el trabajo cuerpo/mente antecede al trabajo emocional, lo facilita; y el trabajo de reestructuración es obviamente después del trabajo emocional, y probablemente, como ya dije, todas las escuelas meditativas, desde Japón hasta cualquier parte del mundo en Occidente, en Latinoamérica o en USA, el trabajo meditativo se ve facilitado cuando se ha dado en la persona un desarrollo personal, antes que transpersonal. ESALEN estaba orientado hacia la elección absoluta, y demás con una predominancia de las personas y personajes, por sobre la creación de una escuela formativa. Creo que ESALEN marcó, y marca una escuela dentro de la terapia humanística la terapeuta gestalt y las terapias cuerpo/mente. Pero esa escuela fue dada por los personajes, no por una integración de los métodos, y por una integración de las personas que quisieran, de alguna manera crear algo en conjunto. Es decir, el aspecto interactivo fue dejado siempre a elección de los usuarios. En cambio, nosotros acá, hemos creado una escuela en la cual hemos puesto desde el punto de vista del equipo técnico y de los usuarios, una orgánica, para que, tanto en el proceso personal de crecimiento, como en el proceso formativo del facilitador o terapeuta, esto realmente ocurra de manera más eficaz.

ENTREVISTADOR : ¿Puedes contarnos acerca del encuentro con hombres notables, y de sus enseñanzas y sabiduría?

PATO VARAS : La verdad es que yo no creo que sea un tema de sabiduría de saber, o de conocimiento, a no ser que la acepción saber tenga un sentido... distinto, a mí me parece que lo que hace el desarrollo personal o la disciplina, o este modelo de trabajo es humanizar a las personas, eso obviamente es sabio, humanizar a las personas es lo sabio, y que las personas seamos más humanas, digamos que puede ser algo sabio, en un sentido finalista. Pero yo creo que el término clave es cual es la ganancia en términos de congruencia que las personas obtienen a lo largo de su vida. Sea bajo este prisma u otro; y obviamente esta relación entre estos términos: ser humano, la necesidad de ser congruente para ser humano, y que este saber y este ser humano, expone cierta manera, un cierto saber de sí mismo, o un cierto saber de humanidad, son aspectos que son intransferibles, es decir, no hay ninguna posibilidad que una persona la transfiera a otra, porque la transferencia es de tipo informativo. Si quiero decir que, el encuentro con personas importantes, o notables como decía GURDDJJEFF, es muy favorecedor, pero yo no me considero una de esas personas. Yo creo que nadie porque se encuentra conmigo tenga un avance en ese aspecto en su vida. A mí se me pasó eso en mi vida; yo me encontré con personas, que por su forma de ser, por lo que ellos hablaban, más allá de los contenidos, por la congruencia que expresaban, marcaron mi vida, puedo nombrar a Luis López de la Universidad Católica de Valparaíso, puedo nombrar a don José Ñihüen, un mapuche que conocí el año 75, en el Lago Lleu-Lleu, que me ha parecido el hombre más sabio que he conocido en mi vida. Puedo nombrar Alberto Hotu, el jefe del Consejo de Ancianos de la Isla de Pascua, y un hombre tan sabio también como don José Ñihüen, y curiosamente hay que considerar a personas que pertenecen a otras culturas, donde la sabiduría del vivir, este ser de humanidad, esta congruencia de la que hablo, se realiza de una manera mucho más sencilla, directa y simple que en nuestra cultura. Don José Ñihüen es un mapuche, don Alberto Hotu es un Rapa Nui.


Ahora, lo que nosotros hacemos, y lo que yo pretendo y hago, es eso, es haber creado la posibilidad de que a través de ciertas experiencias, las que de alguna manera están constituidas en trabajo, más que en métodos, en ambiente, en oportunidades para que una persona se conecte consigo mismo y con otro, esa situación logre que una persona se humanice, se acerque a su sentido de congruencia, y se sienta en ese aspecto, como más cercana a un saber de humanidad. No creo que la lectura vaya a permitir esto, la lectura puede complementar esto; pero no lo va a lograr.


Ahora, que era lo que más me admiraba de don José Ñihüen, era la absoluta congruencia que había entre su forma de vivir, su forma de expresarse, su forma de vivir y pensar la vida; y debo decir que don José era una persona de 58 años, analfabeta y tuberculoso. Y sin embargo, era desde mi punto de vista, digno de una admiración tan profunda que sentimos los que le conocimos, que después de estar un rato con él, el sólo hecho de haber compartido con él, llorábamos de emoción después a solas, porque era realmente una humanidad que irradiaba este hombre, que tampoco era un líder dentro de esta comunidad Mapuche, ni era un Machi, ni un Chamán, era simplemente un campesino que se preocupaba todo el año de poder juntar 14 sacos de trigo y 2 de porotos para poder mantener a su señora y a su hija, y para poder mantener su parcela, a orillas del Lago Lleu-Lleu. Pero era un hombre que parece que la sabiduría le venía desde la tierra misma, desde la condición misma en donde estaba, y de la experiencia que había vivido en sus años, mayormente apegado a ese lugar, tampoco era un conocedor del universo, ni del país ni nada de eso. Entonces pienso que tiene que ver con la congruencia, como es que ciertos hombres, en sus culturas, o en su vida, en su educación, en su formación se hacen tan congruentes con lo que son, con lo que viven, con lo que piensan, con lo que sienten, y lo que dicen, con lo que hacen y con lo que anhelan, que eso es la sabiduría, y yo creo que eso no es transmisible, y eso lo desarrolla cada ser humano a partir de sí mismo, con el apoyo, nosotros hablamos en este caso de un facilitador, que puede hacer algo porque la persona se direccione o se interese en algo como esto; porque se interese en algo que vaya más allá que el atrapamiento que está viviendo en una cultura, en una sociedad que no se asoma al sentido de la vida, que no se asoma al sentido de la libertad, y que no se asoma al sentido de la congruencia.

ENTREVISTADOR : ¿Aún se encuentra vigente el texto de la Nueva Educación?

PATO VARAS : Hay dos autores que yo conocí en ESALEN, que eran Charles Kelley y George Leonard, que usaban la terminología, hablaban de Nueva Educación, y ambos se referían a ámbitos parecidos, por ejemplo, Charles Kelley se refería a algo que tu has nombrado, Educación de los Sentimientos, Educación de la Voluntad, Educación del Cuerpo, Educación de las Emociones. George Leonard, hablaba en relación a la Comunicación en los Grupos de Encuentro. De romper el paradigma cuerpo/mente y de hacer algo que no fuera integrado cuerpo/mente, de pasar a una Educación menos verbalista, y por lo tanto menos informativa, menos racional, más integrada con las emociones y los afectos. Los dos modelos eran casi iguales y hay una curiosidad, el opúsculo que escribió George Leonard, lo escribió el año 66, a propósito de una charla que dio en una Universidad en USA. Y en ese escrito, que es bastante breve, él suponía que esta forma de educación sería la modalidad del 2000. Su charla, imagina, el año 66, ante un grupo de gente universitaria muy importante; proyectaba la forma de la Educación para el año 2000, de hecho, el opúsculo se llama así... LA EDUCACIÓN EN EL AÑO 2000. La verdad, es que estábamos prácticamente en el año 2000, y yo creo de que ni él, el año 66, cuando lo expuso, y luego lo escribió, ni yo cuando lo leí, el año 77; estábamos en condiciones de adelantarnos y darnos cuenta de que ninguna de esas ideas expuestas iba a ser posible para el año 2000. Es impresionante la lentitud de los cambios en Educación. Yo creo que, al igual que muchas personas, yo mismo he trabajado toda mi vida en esto, y otras muchas más, también lo han hecho y los cambios no ocurren, y si ocurren, estos lo hacen dentro de marcos que están dentro de contextos que no es de cambio. De manera que yo me fui dando cuenta, y creo que lo asumí con claridad a partir de la segunda mitad de la década de los 80, que estos elementos que constituían la Nueva Educación, como por ejemplo, el mejoramiento de la conciencia corporal, el desarrollo de la percepción, exploración y expresión de emociones y afectos, el desarrollo de la voluntad, clarificación de metas y valores, comunicación e interacción humanas, para nombrarte los mismos, y otros que se complementan... esos elementos eran más fáciles de ponerlos a disposición del ser humano, al margen de la educación, entendiendo al margen del proceso de enseñanza/aprendizaje, en otro contexto, y por lo tanto, lo que a mí me pareció válido fue fortalecer el modelo del desarrollo personal, en adultos, en jóvenes y niños. E incluso, llevarlo a la escuela y crear el taller de desarrollo personal e interpersonal dentro de la escuela, como se ha creado dentro de las escuelas, dentro de las empresa, dentro de los grupos religiosos, dentro de los grupos deportivos hoy día, dentro de los sistemas carcelarios, hay una infinidad de lugares donde se hacen talleres de desarrollo personal, y lo hacen personas que se han formado con nosotros. Y eso es muy bueno.

También dentro de la escuela, pero no dentro del proceso... no dentro de una asignatura, no como un querer entender que la educación entera iba a cambiar hacia ese sentido, que a mí me parece muy provechoso, porque la educación es contenidista, informativa, expositiva y de un montón de asignaturas que finalmente, todos sabemos, no constituyen un gran aporte, ni a la cultura, ni a la educación de las personas. Alguna vez yo hice el símil, si existiese un solo ser humano en el mundo, y existiese un solo profesor en el mundo que tuviese que educar a ese ser humano; y ese ser humano estuviese destinado a tomar un cohete e irse a otra galaxia, qué se le enseñaría... entonces, cual es mi respuesta, a esa persona habría que enseñarle sus habilidades, sus capacidades internas, las que tiene, por ejemplo, las capacidades perceptivas, por ejemplo, las capacidades sensoriales, por ejemplo, todo lo que es su bagaje de habilidades y capacidades naturales. Su capacidad de raciocinio, su capacidad de resolución de problemas, su lógica, su inteligencia, etc. Fundamentalmente su capacidad de interaccionar con cualquier universo, aunque le sea desconocido. Bueno, esa es una educación, en mi opinión, interesante.

Bueno, la educación obviamente no es eso, la educación escolar es simplemente un repaso para el pasado sobre el pasado, para que ello de alguna manera, para que eso de alguna manera, informado a través de los oídos, tenga a lo mejor algún uso en el futuro de


ENTREVISTADOR : Háblanos acerca de los sueños.

PATO VARAS : Creo que los sueños son nuestra forma de vida nocturna. Son una forma paralela de existencia probablemente, en donde nosotros mismos hablamos con nosotros mismos, a través de imágenes, a través de una forma que no es verbal, necesariamente, que fundamentalmente es visual. Desde luego, los sueños pueden ser gratos o pueden ser ingratos, creo que cuando los sueños son ingratos, y se convierten en pesadillas, es nuestra propia manera de decirnos que algo no está siendo atendido por nosotros, y que sería bueno que le pusiéramos atención. Son lo que llamamos en guestalt, las situaciones pendientes, en un sueño, a veces están las preguntas, a veces las respuestas, y muchas veces también está expuesto también de manera metafórica, análoga, visual, la situación. si un sueño se hacer reiterativo, si un sueño lo vamos repitiendo en el tiempo, y habitualmente es como un cassette que se vuelve a poner, probablemente ese sueño nos esté indicando que hay algo que no hemos resuelto. Creo también que los sueños son también un imán de creatividad en donde muchas veces, situaciones que no tienen porque ser necesariamente dolorosas, que pueden ser creativas, de construcción aparecen también ahí expuestas, casi solucionadas. el sueño es como una liberación que hace todo nuestro mundo inconsciente, todo nuestro mundo interno, acerca de la cosas que vamos viviendo. Podríamos decir que en el sueño terminamos de vivir, lo que a veces, no terminamos de vivir en el estado despierto. Se habla, muchas veces de que hay una gran analogía entre la existencia y los sueños, tal vez nosotros no seamos más que el sueño de Dios. O el sueño de la divinidad, de manera que... son como un aprendizaje profundo también en los sueños. El aprendizaje que trasciende nuestra lógica elemental.

Para mí, desde el punto de vista metodológico, existen dos grandes formas de trabajar los sueños. Por una parte la línea Jungiana y por otra, la línea guestáltica. En la línea Jungiana, obviamente hay un trabajo que tiene que ver con el concepto de arquetipo. Los sueños muestran los grandes arquetipos, o pueden mostrarlos, acerca de la vida. Y cada vez que nosotros nos referimos a un arquetipo o intentamos relacionar nuestra existencia con un arquetipo, posiblemente tengamos una posibilidad de mayor ahondamiento en nosotros mismos, en nuestros conocimientos, y en una mejor comprensión de la vida. Los arquetipos son en buenos cuentas, grandes formas primarias, originarias de comprender la existencia. Así que si descubrimos los arquetipos que hay en nuestros sueños, probablemente descubramos grandes fuentes de inspiración para nuestra existencia. en el modo Guestáltico, que es el que yo más manejo, el enfoque es netamente fenomenológico, simplemente se busca integrar lo que ha sucedido en el sueño, lo que ha pasado en lo imaginario, a lo que está sucediendo en el aquí y ahora de la persona que narra el sueño, en términos de sensaciones, emociones y percepciones. La integración del acto del sueño, ellas mismas la integración del acto del sueño al acto de narrar el sueño, y que es lo que percibe en la narración, es un proceso de interés personal, y desde luego, ocurre muchas veces que el narrador se encuentra gratamente sorprendido o extrañamente sorprendido por los hallazgos que hace al hacer su integración. el sueño no es nada más que la pintura que sale de la paleta del pintor, y que va a dar a un cuadro; pero el cuadro adquiere su forma propia, y posiblemente el mismo pintor no reconozca esa forma, pero no hay duda alguna, todo lo que llegó al cuadro salió de su paleta, y por lo tanto le pertenecía, no hay en el cuadro nada externo, y no ha ocurrido nunca que el sueño de una persona ingrese al sueño de una persona de la habitación del lado. Un sueño es un sueño y yo lo expreso a mi propia persona; o al menos, esa es mi percepción del mundo. Y en ese sentido, muchas veces sueñen ser reveladores.

El tema del dolor es un tema difícil, porque lo evitamos. Todos los seres humanos estamos inmersos en el dolor, de alguna manera, todos hemos vivido el dolor, y todos lo sufrimos. Yo mismo vivo el dolor del fallecimiento de mi hijo de 17 años, y ese dolor y muchos más. Creo que un gran aspecto que hace al dolor más doloroso es el queramos considerarlo como parte de la existencia. La muerte misma ha sido permanentemente rechazada por occidente como un acto, como una ocurrencia; todos vivimos con la ilusión de que nosotros no moriremos, que sólo el resto morirá. Creo que en la muerte se miden las creencias, al fe. Es difícil comprender a las personas que dicen tener fe, por el más allá, cuando temen tanto a la muerte y sufren tanto ante ella y sufren tanto ante la muerte de sus seres queridos. Cómo es que esto se relaciona con la fe que tienen. sigo entonces que el dolor, se hace más doloroso cuando no se acepta como parte de la vida, creo que es legítimo sufrir con el dolor, y asumir el dolor, el dolor no se trasciende, el dolor se asimila,. se incorpora a la vida propia y se integra, y desde él se puede crecer también, no solamente desde él, pero también de fe. Pero el dolor se hace más doloroso cuando nos aproblemamos cuando existe, cuando queremos inventar un mundo en donde no exista el dolor, donde le queremos evitar los dolores a las personas, evitar los desagrados, las molestias, las infelicidades, los malos momentos, y no comprender que la vida está llena de placeres y dolores, de momentos polares, en donde negar a uno es negar al otro. El ser humano está hecho fisiológicamente para recepcionar algo, y traducirlo en una respuesta dolorosa en su cuerpo; de manera que es un recurso el dolor en el ser humano. Es un recurso para comprender mejor la existencia, no es un enemigo desde luego, no tiene que ser deseado permanentemente, pero no es un enemigo.

domingo, 22 de febrero de 2009

Y sólo se trataba de vivir (2002)

Y SOLO SE TRATABA DE VIVIR.

Pato Varas Santander

El miércoles 31 de julio, a las 19,00 horas, se dará inicio, en los salones de la Universidad
del Mar de Valparaíso, al IV Encuentro Internacional de Desarrollo Personal.
Cada dos años la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Personal invita a sus
asociados y a todos los interesados, especialistas o no, a reunirse para intercambiar, a través
de ponencias, talleres y mesas redondas, sus experiencias y conocimientos en el ámbito que
le compete: el Desarrollo Personal.
El Desarrollo Personal nació, como disciplina, aproximadamente hace 40 años en
California, USA y es la forma propia y natural de trabajo de la terapia humanística. Los
años 60’ fueron años de gran efervescencia y cambio en la costa oeste de los Estados Unidos.
En los salones del Esalen Institute de Big Sur, California prácticamente se dio vida al
Movimiento del Desarrollo del Potencial Humano, la Asociación de Psicología Humanística
y los Grupos de Encuentro. Significó cambios paradigmáticos, teoréticos, metodológicos
y de estilo y enfoque en el ámbito de la terapia. De la terapia conversacional propia de
los años pre 60’ se pasó a la terapia experiencial, del enfoque analítico-interpretativo al
enfoque fenomenológico, de la consulta al taller, del trabajo individual al trabajo grupal, del
modelo clínico de intervención a un modelo propio, el de interacción, denominado “modelo
de desarrollo personal”, los pacientes se convirtieron en personas y los terapeutas en, simplemente,
facilitadores o acompañantes; lo humano se privilegió y enfatizó de verdad.
Chile, gracias a Claudio Naranjo fue parte de este movimiento. Entre los años 66’ y
69’ Naranjo fue discípulo y colaborador de Fritz Perls en Esalen, allí nació su libro: “ La
Vieja y Novísina Gestalt” editado en nuestro país por la Editorial Cuatro Vientos; Editorial
que bajo la dirección de Francisco Hunneus ha sido por treinta años pionera latinoamericana
en lecturas de esta índole. Naranjo dirigió junto a Dick Price el Programa de Formación
de Terapeutas Gestalt en Esalen cuando Perls se traslado a Canadá a fines de esa década.
Programa al que en 1977 y dirigido por Dick Price y David Schiffman me correspondió
asistir para formarme como terapeuta gestalt. Adriana Schnacke ya antes de trasladarse a
Buenos Aires (1973) había ofrecido talleres de terapia gestalt en nuestro pais.
A fines de la década del 70’ a sólo unos pocos chilenos, de todos modos, nos interesaba
el tema: Alejandro Celis, Aline Sandford, Gonzalo Pérez, Vilma Haning y, desde luego,
la inolvidable Lola Hoffman. Había, además, el año 68’ ocurrido un hecho insólito; Un
grupo importante de esalenianos, entre los que podemos destacar a John Lilly y John Stevens
(autor del “Darse Cuenta”) viajaron hasta la ciudad de Arica para estudiar con Oscar
Ichazo, creador del Sistema Arica y residente, desde poco después, en Nueva York. Sin
embargo a comienzos de los 80’ eran aún muy desconocida palabras tales como: crecimiento
personal, talleres, facilitador.
El primer centro de Desarrollo Personal, existente en Chile, fue creado por Ruth
Hoflich, el año 1982 en Viña del Mar. El año 83’ Pato Doorman abrió su pequeño centro en
Sánchez Fontecilla (Providencia) y Maruja González el centro Ecos, que por aquellos años
se llamaba “Psique”( Ñuñoa). Y con el año 86’ se marcó una gran diferencia; al nacer en el
CPEIP el Programa de Formación de Facilitadores del Desarrollo Personal e Interpersonal
generamos para Chile una senda de trabajo institucionalizado y cercano a no sólo los niños
y adolescentes, sino también a los segmentos de nivel económico menos favorecidos. El
Desarrollo Personal como lo había hecho decenas de año antes la educación, se democratizó.
Pronto la formación incluyó no sólo a profesores, sino también a psicólogos ( Victor
Hugo Kuschel, de La Serena , fue el primero de ellos), enfermeras, asistentes sociales, religiosos,
especialistas en desarrollo comunitario e incluso ingenieros comerciales y expertos
en recursos humano.
Para los años 90’ la formación del CPEIP y la naciente Sociedad Chilena de Desarrollo
Personal( formada por ex alumnos del CPEIP) se extendió a extranjeros; hubo alumnos
de Argentina, Perú, Ecuador, Colombia, República Dominicana, El Salvador, Holanda,
Estados Unidos, Alemania y Suiza. A mediados de los 90’ el Programa de Formación le dio
su apoyo al CONACE creando un Programa de Desarrollo Personal para la Prevención de
la Droga. Gracias al apoyo irrestricto del entonces director del Centro de Perfeccionamiento,
Gabriel de Pujadas (1990-1994), fue creada la red nacional de Facilitadores del Desarrollo
Personal y se generaron redes comunales de facilitadores. En 1997 se consolidó la más
importante red comunal de Desarrollo Personal de Chile, la de la Corporación de Educación
de la Municipalidad de San Bernardo, que hoy ofrece 100 talleres de Desarrollo Personal al
año y atiende a 2000 participantes entre alumnos, profesores y apoderados.
De esta formación y a través de sus ex alumnos(as) nacieron, posteriormente, la
Asociación Ecuatoriana de Desarrollo Personal, la Sociedad Colombiana de Desarrollo
Personal y la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Personal. Y fueron el CPEIP y la
Sociedad Chilena de Desarrollo Personal quienes en 1996 organizaron el Primer Encuentro
Internacional de Desarrollo Personal que concitó la presencia de especialistas e interesados
de Argentina, Ecuador, Colombia, Estados Unidos y todo Chile.
Luego de organizarse con singular éxito el 98’ en Quito, Ecuador y el 2000 en Bucaramanga,
Colombia, hoy, es nuevamente en Chile y gracias a la organización de la Universidad
del Mar de Valparaíso con la colaboración de la Escuela Chilena de Desarrollo
Personal, la Universidad Raúl Silva Henríquez y el mismo CPEIP donde el ahora Cuarto
Encuentro Internacional de Desarrollo Personal tendrá lugar.
Posiblemente y en los inicios de este nuevo siglo sean en lo teórico y metodológico
dos las principales novedades que ofrece la disciplina del Desarrollo Personal: el aporte
espiritual y meditativo de la psicología transpersonal y la bella y axiológica integración que
ha tenido la psicología humanística a través del aporte de la terapia Hakomi. En su aplicación,
Chile marca una importante diferencia: el Desarrollo Personal ha llegado y está llegando,
mediante sus talleres, a toda la gente: niños, adolescentes, universitarios, adultos y
adultos mayores; tanto a los adinerados a través de centros privados como a los más pobres
y necesitados gracias a programas institucionalizados en escuelas, consultorios, centros de
acogida, de rehabilitación conductual, de salud mental y familiar, de atención a niños maltratados
o de apoyo a clubes del adulto mayor.
Las universidades han incorporados desde hace algunos años a sus currícula generales
o de sus escuelas de pedagogía o psicología o de sus departamentos de Bienestar Estudiantil,
el Desarrollo Personal. En Santiago existe una red universitaria de Desarrollo Personal
conformada por diez y ocho Casas de Estudios superiores. La Universidad del Mar
exige a todos sus alumnos haber asistido durante su carrera a lo menos a un taller de Desarrollo
Personal ofrecido por el Departamento de Desarrollo Personal de la universidad. Diversas
universidades han desarrollado programas atingentes al tema, de hecho la Universidad
de Santiago ofrece a través de multimedia e internet un capítulo de Desarrollo Personal
a los profesores interesados.
Como dijo el Buda, “Es necesario cortar mucha leña” y lo hemos venido haciendo
en Chile y Latino América por ya treinta años. Parodiando a Facundo Cabral podemos hoy
decir: “Y valía la pena... sólo se trataba de vivir”

Nuestro Ser (2007)

Nuestro ser.

Nuestra escuela. Una comunidad de aprendizaje y cambio.
¿Qué hacemos, estamos haciendo vamos a hacer?
Ser nuestras posibilidades.
Respetar nuestro sentido personal y social.
Aceptar las dificultades.
Acompañar nuestros miedos.
Valorar lo que hemos alcanzado.
Actuar con propósito y perseverancia.
Vaciarnos de clichés y estereotipos.
Darle a nuestros anhelos la justa medida.
Ser, a la vez, amables y verdaderos.
Reconocer nuestra paz.
No entristecernos por nuestra vulnerabilidad.
Desarrollar nuestra autonomía e interacción.
Respetar nuestra identidad.
Confiar en nuestro proceso.
Ser sencillos y simples.
Destacar nuestra vida por sobre nuestro nacimiento y muerte.
Reconocer la cercanía de nuestra profundidad.
Saber que nuestro cuerpoalma es un don.
Portar sólo lo esencial.
Dejar de lado el consumo innecesario.
Desarrollar nuestra hospitalidad.
Acercarnos a la naturaleza.
Pensar con la cabeza y decidir con el corazón.
Valorar nuestra experiencia de vida.
Ubicar nuestro intelecto como un medio.
Abandonar la rudeza.
Saber que sólo bebemos nuestra propia bebida.
Abandonar el desdeño y la superioridad.
Saber sonreír.

Pato Varas.

sábado, 14 de febrero de 2009

Nuestra pequeña historia nuestra (febrero, 2009)

Palabras para la graduación de facilitadoras(es) y diplomados, en febrero 2009, Almaray, Chile
1
Nuestra pequeña historia nuestra.

Los días pasan
y pasan con su cargamento
de retornos que duelen,
De infancias que renacen,
De heridas que sanan
De sonrisas asomadas
A nuestros nuevos balcones.
De cada día queda
Un nuevo amanecer
Un espejo más nítido
Un sueño por venir.
Queda el cansancio
De las obras bien construidas,
Esas que soportan mares y movimientos.
Obras que son alimento para nuestra alma.
Ayer vi. regresar tu semblante luminoso,
Aquel que pareció dormido y pálido
En tus ires y venires hospitalarios.
Iba de la mano de esa tranquilidad
Que tu vecina buscó,
Cantando y bailando,
Y que mañana le acompañará en sus tierras nortinas.
En el pasillo me crucé
Con esas frases demás
Que a veces decimos
Mientras vamos madurando.
Esas que pronunciamos
Porque aún nos cuesta
Aceptar la imperfección.
De paso sentí tu alegría
De tanto amor recibido,
De tanta fruta recibida,
De tanto abrazo recibido,
De tanta comprensión otorgada.
Te reías como en el colegio
2
E ibas mascando las palabras
Que te regalaron por la noche.
Pude ver tu pecho lleno de manzanas parlantes
Que aceleran tu pulso
Y miman tus oídos.
Ha sido hermosa esta co-existencia.
Mañana el bolso
Repleto de caricias
Será liviano y fértil.
Te espera la vida misma,
Una igual a ésta
Y sin embargo diferente.
Diferente
Porque regresas
No para ser amada o amado,
Sino para amar.
Regresas para dar,
Para iniciar el cambio de tu entorno
Desde ti misma o ti mismo.
Sabes que es posible
Y que depende de ti.
No te lo contaron,
no te lo explicaron,
no te lo impusieron;
simplemente lo viviste.
Es tuyo, te pertenece.
Las raíces crecieron
Hasta quedar dibujadas en una pared
Y han levantado un árbol
Que se ve de Temuco
Hasta Santo Domingo.
Las barbas crecieron
Hasta borrar las tristezas pasadas
Y se van a revolucionar
Valparaíso, el Norte y el Sur
Con esa arma insuperada
Que es el amor.
3
Cristo se desclavó de esa cruz
Que lo inmoviliza y retiene
A conversarnos su esencia
Para contarnos
Que era nuestra esencia.
Nos abrió sus brazos,
No para mostrarnos
Sus heridas malsanadas,
Sino la grandeza de su pecho acogedor
De hombre que prefirió su congruencia
a la conveniencia de quienes
transitan por el Mall.
Lao Tse se acercó silencioso
Para cantar en nuestros corazones
Frases sin sonido
Que nos hicieron sonreír con ternura.
Osho nos hizo brincar y brincar
Hasta que nuestra mente
Volvió a jugar,
Volvió a ser niña sin ton ni son.
Un montón de seres humanos
Que nacieron desde hace siglos
Vinieron a mostrarnos
Que todo ser humano
Cuando tiene ocasión
De ser más humano,
Lo es.
Hoy parece que todos nos vamos
Cuando, la verdad,
No hay cómo irse
Cuando todos vivimos
En esta isla
Que es nuestra tierra sagrada.
Cuando no hay como irse
Entre tanto chat, Facebook,
Email y Webcams instalados.
Qué hermoso sería
4
Disfrutar de una soledad total
Donde sólo me acompañara,
Nada más yo mismo.
Pero no hay caso.
Optamos por ser una nación,
esta nación que es nuestra co-existencia.
Y, además, somos cíclicos.
Crecerá la Javiera,
Seguirá creciendo la Camila,
Crecerá la Jimena Amelie.
Crecerá la Candy,
Crecerán los árboles,
Crecerá la hierba invernal.
Y volverán los abrazos,
Las sonrisas que no mueren
Y las historias que se nos repiten.
Volveremos a seguir juntos,
A veces a perdernos por años,
Para retornar por días.
A veces a perdernos por semanas,
Para retornar de por vida.
Y seguiremos sintiendo
Que valió la pena.
No porque la vida
Tuviera siempre sentido,
Sino porque nos acostumbramos a,
nosotros, darle sentido a la vida.
Porque, entre todos,
Creamos y construimos
Esta hermosa co-existencia.
Pato Varas S; Almaray, febrero, 2009, el año de la Ji.

viernes, 30 de enero de 2009

Terapia Hakomi

MÉTODO HAKOMI

La era dulce de la terapia

La irreverencia de la dulzura Entrevista a Pato Varas en Revista Uno Mismo)

Dentro de los modelos integrativos emergentes en sicología ha surgido una práctica que mantiene una actitud lúdica y experimental en una atmósfera de cariño. Se priva de diagnósticos y evita análisis, con una secuencia que conspira para que -al esquilar miedos y trenzar la ceptación- el significado surja de “adentro”.

Los terapeutas bajaron del Olimpo y los pacientes se levantaron del diván. Una sicoterapia amigable, inspirada en la presencia pacífica y cariñosa, comienza a recorrer las consultas. Ya no se trata de sorprender al paciente con comentarios inteligentes o ácidos. Patricio Varas es el primer chileno que articula con conciencia este tipo de práctica inspirada de Ashland (Oregón, EE.UU.) y la enseña, dejando atrás los tiempos en que la catarsis, la confrontación y el lloriqueo se consideraba la mejor forma de contacto sanador. Estamos en la era dulce de la terapia y quienes la ejercitan, la consideran altamente eficaz. “Se trata de fluir”, dice Varas.

En opinión de este profesor de filosofía y terapeuta, convertido en facilitador en el Instituto Esalen californiano en 1977, quien mejor ha sintetizado y actualizado los fundamentos de la sicología humanística y del desarrollo personal es Ron Kurtz -líder indiscutido del método Hakomi- con sus cinco principios.

En este modelo se tiene la confianza que el cambio y crecimiento de una persona está en sus propias manos y que sólo debe ser apoyado (principio de organicidad). Se reconoce que llevar al paciente hacia un estado perceptivo es una herramienta que aumenta la atención sobre sí mismo (principio de plenitud de conciencia).

Se entiende que es un contrasentido el empleo de la manipulación o presión (principio de no violencia).

Supone la indivisibilidad de la interfaz cuerpo-mente (principio de la integración). Y, por último, propone anteponer el sentido de la unidad de la creación (principio de universo participativo).
Establecer un estado de amplitud de conciencia, conectar con el niño sano interior, dejar que se liberen las emociones y darle el significado a la experiencia son sus recursos básicos. Técnicas que provienen del trabajo de focalización corporal de Gene Gendlin, de la administración del movimiento desarrollado por Moshe Feldenkrais, de la licencia bioenergética para la liberación emocional, de la redefinición de las creencias de la Programación Neuro Lingüística y de la sabiduría Oriental del taoísmo y el budismo.

“Es potente ver cómo los cinco principios del método organizan una terapia no violenta, holística, integradora, con algunas técnicas básicas. Aunque para mi no son sus técnicas lo más importante, sino sus cinco principios, que cuando se encarnan, permite organizar todo el background de conocimientos y experiencias en terapia... Todo se facilita”, dice Varas.

Y asegura que, en particular, asumir el principio de la no violencia es lo más difícil. “Ron Kurtz dice que una persona puede aprender las técnicas en tres años, que puede dominar la metodología en seis años, que puede adquirir la actitud emocional en nueve años, pero para encarnar los principios se requiere al menos de doce años de trabajo. Por eso el Hakomi es un método para terapeutas no diré viejos, pero sí con mucha experiencia”, reconoce.

Este método sicológico pone en evidencia que se ha transitado de la terapia conversacional a la terapia experiencial: suceden cosas concretas y ya no se dialoga con el sicólogo sino que con uno mismo. Y, aún más, ha llegado el momento de captar y reconocer significados de la experiencia desde el interior del paciente. “La terapia no es solamente conversación acerca de algo; es mucho más... Es vivencia, experienciación, experimentación y resignificación de la vida”, manifiesta.
El Hakomi sostiene es que para que las nuevas experiencias puedan llegar a ser posibles tienen que hacerse explícitas las creencias centrales, que no son más que hábitos que surgen al margen del darse cuenta a partir de experiencias, es decir, expectativas, predisposiciones, actitudes, pensamientos y movimientos típicos.

Interacción, no intervención La novedad es que no hay intervención, sino interacción: “es un proceso sencillo, humilde... Es la imagen del ermitaño, el viejo sabio, que ilumina desde atrás el sendero al caminante. Y ese es el problema con los gurús: ellos no te acompañan, te llevan de la mano”, afirma.

El concepto de presencia cariñosa desarrollado por el método se refiere a simplemente estar, en lugar de hacer. Calmado, amoroso y atento. Sin apresurarse ni distraerse. Esta empatía y sensibilidad según este método ayuda a crear un sentido profundo de la seguridad, facilitando la conexión del cliente con su interior.

Agrega el terapeuta chileno que el facilitador es “una persona que va detrás con una antorcha, pero va detrás... y calladito, dejando que el que va caminando tenga una conversación consigo mismo al entrar a su propia caverna, su propia montaña. El que va entrando en sí mismo, va caminando con sus propios pies, mirando con sus propios ojos, sacando sus propias conclusiones y va decidiendo por donde se mete. Y el que lo acompaña, lo acompaña incluso en sus errores. Porque quien lo acompaña no ha entrado nunca a esa caverna, sólo en la propia”.

Aunque sintetiza y depura muchas prácticas de Esalen, en el Hakomi se hallan vestigios de las clásicas estrategias gestálticas. Prácticas como la “silla caliente” (sesiones terapéuticas en grupo) o la “silla vacía” (dialogar con el personaje ausente) que ya del puro nombre no daban ganas de sentarse, trocaron hacia una línea amable y no intimidante.

Según Varas, es el concepto de la elegancia en sicología el que se confirmó y organizó en el principio de no violencia: el despliegue de una forma más estética y menos frontal de hacer terapia, “menos abrutada”. Donde los impasses caen por su propio peso y con naturalidad.
En contraste con el típico paradigma inductivo o deductivo, la terapia de Hakomi se concentra en la multiplicidad del ser y la confianza en el proceso curativo espontáneo. Plantean que los cambios son más eficaces porque son propios y no inducidos por otro. “Lo maravilloso del método es que es un metamodelo aplicable a cualquier trabajo terapéutico. Puedes usar los conceptos de biodanza e incorporar los principios del Hakomi, por ejemplo”, explica.

¿Y por qué se llama “Hakomi”? Ron Kurtz cuenta la anécdota: “éramos 19 personas en el verano de 1980, reunidos para estudiar este trabajo y para iniciar un instituto. También tratábamos de encontrarle un nombre.

Hicimos reuniones de lluvia de ideas y no salían sino propuestas tontas. Finalmente, David Winters tuvo un sueño en el que yo le entregaba un papel en el que estaban escritas las palabras "Terapia Hakomi". La palabra no tenía significado para nosotros, aún cuando David pensaba que podía ser una palabra indoamericana. David regresó a casa, en un viaje de ocho horas, y buscó el significado de la palabra en algunos libros de referencia que tenía. Descubrió que es una palabra en la lengua hopi (que a veces se pronuncia "Hakomi") y que tiene dos significados relacionados entre sí. En su uso corriente significa "¿quién eres?". Y en su significado arcaico, "¿cómo te sitúas en relación a todos estos reinos?". Eso nos cayó muy bien. Posteriormente he oído su significado y posibles significados en chino (universal, risa reverente) y en hebreo (este es mi... lugar, existencia, transformación, establecer)”.

Laboratorio humano Cuenta Patricio Varas que se formó “en una línea muy amorosa”. Y que el método de Kurtz le vino como anillo al dedo: “resume muchas cosas que han estado ocurriendo en terapia humanista”. Así, con lo experimentado en el “supermercado” de talleres de Esalen, Varas articuló un programa que partió formando exclusivamente educadores bajo el alero del Centro de Perfeccionamiento de Profesores. Hoy este programa es ofrecido, exclusivamente, en la Escuela Chilena de Desarrollo Personal y Terapia Gestalt, EsalenSur, que dirije él mismo, para profesionales de la salud, psicología, educación y ciencias sociales.

El posgrado se prolonga por tres años o etapas que incluyen la fase de experienciación, de comprensión teórica, y de aplicación y dominio metodológico. Siguiendo el enfoque de la sicología humanística y transpersonal, cubre seis áreas de formación: corporal, emocional, integradora y de lenguaje, transpersonal, interactiva y comunitaria, donde el espíritu del Hakomi se manifiesta en forma permanente con el afinamiento de la sensibilidad y el desarrollo de la percepción de los alumnos.

Tuve la experiencia del programa de Varas a los 24 años sin saber de qué se trataba. Y a los pocos días me encontraba moqueando, gimiendo, blasfemando... en un nido de cariño, cobijo, sensualidad y bondad. Tuve el regocijo de dejar mis sombras a plena canícula y exhalé ternura...
Todo sucede en estos talleres. Bien podría ser un ashram o una comunidad algo hippie donde se refundan modus y estilos para ser y estar en este mundo. Un lugar para abrir los sentidos y el corazón. Y aunque ahora las sillas ya no queman, no quiere decir que uno vaya a salir indemne.
Era la oportunidad para ejercitar el músculo de la valentía y relucir la propia esencia con verdad... Fue algo así como un pucara para detenerse, sentirse y mirarse, donde subterra se reorganizó parte de mi mundo. Tuve la oportunidad de transitar de la incertidumbre al brasero de los lamentos y reclamos y de allí resucitar a la caricia, a la tarde de verano de sol y miel.
Aún recuerdo el anuncio de Yanini Rivera, facilitadora formada por Varas: “este es un laboratorio y puedes permitirte experimentar lo que necesites”. ¡Y vaya qué laboratorio humano! Culminando el mes me asistió la esperanza de que es posible elegir el júbilo y que la transparencia no es un ideal platónico cristiano.

Este año hice carpa nuevamente en el “pucara de Varas”. Sólo dos días. Toda ojos, toda oídos donde otros dialogaron con sus sueños, sintieron sus fantasmas arriba de un puente o cruzando la línea del tren, otros develaron sus huerfanías y abrigos infantiles. Otros cocinaron placeres, esquilaron miedos, hilaron sentido, trenzaron abrazos, fraguaron su vocación de libertad.
Adiós a Woody Allen “Calculo que la mayoría de mis problemas actuales vienen de traumas y abusos profundos de la niñez, no veo cómo la violencia adicional de un terapeuta me hará mejor”, relata en un foro de Internet una mujer con muchas pasadas terapéuticas a su haber, que descubrió y vivió las bondades del método.

Es que muchos de los que se han sometido a una asistencia sicológica podrían hablar de esa “perversidad” que -mirado desde el otro lado- quiere frustrar la demanda enmascarada y confrontar la “mentira” del paciente.

Ese sentirse pillado por la astucia de la mirada ajena, donde o se culpa al terapeuta por evocar una experiencia particular o se siente atrapado en este interesante y doloroso diálogo. Aunque es llamativa esa evidencia que casi humilla, que puede avergonzar -que incluso provoca cambios- es perfectible. Al menos esa es la propuesta del Hakomi que antepone al forcejeo, el buen trato, la delicadeza, el respeto, la mesura, la sutileza. Y no esa ansiedad por la expresión genuina del cliente, por reavivar el asunto conflictivo, por encarar el bloqueo.

Y aunque el cuento de “no forzar”, “no presionar” se viene diciendo hace tiempo en terapia, el aporte del principio de la no violencia en Hakomi radicaría, según Varas, en que “no se había articulado desde un fundamento filosófico como es el principio de la no violencia”.

Kurtz apunta: “La mayoría de terapeutas que he observado interfieren el proceso que despliega la otra persona. Lo hacen porque necesitan hacer que algo ocurra, en lugar de reconocer que están ahí para ayudar a que algo ocurra... Tratan de forzar que las cosas ocurran, xperimentando demasiado y haciendo preguntas innecesarias; sumiéndose en su propia curiosidad y en sus ideas acerca de hacia donde quieren que el proceso vaya”.

Se acabó el drama o “la tontería” diría quien lidera el trabajo Hakomi, desafiando abiertamente a la sicología.

La levedad de la presencia se impone con esta propuesta, despojando la sombra kitsch a la terapia. Pues aquí no hay nada que tenga que funcionar, nada que se tenga que re-crear. Ni diálogos a lo Woody Allen ni brillantes reflexiones. No más víctimas ni lloriqueos. Kundera lo dice muy bien: “es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch”. Y el Hakomi ha secado esa segunda lágrima.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Ruth Höflich, una lección de vida y de muerte.(2008)

RUTH HÖFLICH, UNA LECCIÓN DE VIDA Y DE MUERTE. (2008)

Pato Varas S

Fue en un taller en el IIDEC de Viña del Mar, su centro. No recuerdo el año, puede haber sido 1982, 1983 o 1984.

– Tengo una puntada en la espalda. Me duele – me dijo.

Comencé una ligera presión en ese lugar. Ruth se quejó sin muchas ganas. Le pedí que probara a dejar salir los sonidos que estaban en su pecho o garganta. Empezó a llorar quedamente. Paulatinamente, su llanto fue más bien de miedo que de pena. Vinieron gritos desgarradores, llenos de pánico y rabia. Ruth borbotaba frases en alemán, para mi in entendibles. Le pedí que las siguiera repitiendo todo el tiempo que quisiera. Ruth gritaba y miraba de soslayo hacia arriba. Pasó el tiempo y Ruth se fue recostando en los cojines. Traspiraba profusamente y mantenía mi mano izquierda apretada. Alguien del grupo sollozaba en silencio. La habitación fue quedando en penumbras.

- ¿Qué estás sintiendo?- le pregunté, después de un largo silencio.

- Tengo mucha rabia. No sabía que tenía tanta rabia con los pilotos de la aviación inglesa. Lo destrozaron todo. No quedó piedra sobre piedra. Hamburgo fue totalmente destruido.

Así Ruth nos fue relatando su vida durante la guerra. El amor de su madre. El desconocimiento de su padre. El temor y terror en aumento que hubo de padecer. El hambre, la desolación y, junto a ello, el orden, la disciplina, el sacrificio permanente que todos, adultos y niños, fueron impelidos a desarrollar. Alrededor de cuarenta años habían pasado cuando Ruth comenzó a cerrar la gestalt; a sanar, a hacerse dueña de su vida, a ser la hermosa Ruth que muchos pudieron y pudimos compartir los años 80’, 90’ y 2000 hasta su reciente partida (2008).

Yo aprendí a vivir la economía de guerra, solía decirme. Podía hacer una sopa con cáscaras de papa o restos de verdura, cuidaba los alimentos de manera sagrada; compraba pan de molde y lo ponía de inmediato en el congelador desde donde lo iba sacando según se necesitara. Hacía una lavaza en un tiesto y en otro, agua limpia, y así, iba lavando la loza y el servicio. No gastaba demás y todo a su alrededor estaba siempre limpio y ordenado.

Me contó que un día (por el año 81) compró pescado y se lo envolvieron en papel de diario. Al llegar a su residencial, en la calle 6 Poniente, se fijó en un aviso que había en el periódico. Se trataba de mi centro en el sector Miraflores de Viña que nunca llegó a funcionar. El aviso decía Centro de Desarrollo Personal EsalenSur y aparecían algunos nombres y teléfonos. Llamó al conocido doctor Raúl Eberhard, él le indicó que seguramente se trataba de su hijo, Raúl Eberhard, que trabajaba conmigo. Así, a través de un aviso añejo de un centro que jamás fue inaugurado, nos conocimos. Quería convertir su residencia en un centro de desarrollo personal. En su espacio se juntaba semanalmente un grupo, practicaban el método de control mental Silva. Fuera de un garaje lleno de cachureos, la residencial, no parecía tener un lugar adecuado para hacer talleres; su living estaba cortado por una chimenea y una habitación amplia estaba arrendada. Conversamos amenamente cerca de dos horas. Al partir de regreso a Santiago me preguntó: Si arreglo el garaje como me ha indicado (había que despejar, alfombrar, pintar las paredes, poner luces indirectas y bajar el techo) ¿haría un taller de terapia gestalt? Era diciembre de 1981. En marzo del 82 me llamó por teléfono. –El garaje está listo, ¿cuando puede hacer el taller? El primer fin de semana de abril inauguramos el IIDEC con ese taller y seguimos, sin parar, hasta noviembre de ese año.

Por ese tiempo, Ruth era una mezcla de entereza, empeño y fragilidad. En los talleres acepto ser vulnerable, dejó atrás su coraza (que le había sido muy necesaria desde su infancia hasta la fundación del IIDEC), cambio algunos hábitos, tanto de alimentación espiritual como corporal, y, mientras su cuerpo fue adelgazando, su alma creció y creció hasta ser la Ruth acogedora y generosa que muchos conocieron y disfrutaron. Pasó de ademanes bruscos y frases exigentes a movimientos livianos y muchas sonrisas. Descubrió y se maravilló aprendiendo experiencialmente. Había en ella, desde entonces, una cierta credulidad ingenua que le permitía probar y participar en cuanto taller, método, libro o técnica se cruzara por delante de ella.

Para fines del 82 me señaló que había participantes interesados(as) en formarse como facilitadores(as), si podría yo preparar algo así, que fuera más allá de sólo dar talleres. Gracias a esa idea, totalmente impulsada por ella, comencé a formar facilitadores y terapeutas gestáltico y no he parado hasta hoy. Así es que mucho de lo que soy se lo debo a ella.

Entre las participantes que cursaron el primer programa, el año 83 estaba Vilma Hanning; otra mujer de antología. Vilma manejaba el tarot psicológico con un arte, pericia, amor y sabiduría excepcional. Fue la maestra de Ruth, en lo referente al dominio de la técnica arquetípica del tarot. Pero Ruth estaba abierta a todo conocimiento, especialmente si había en él algo misterioso, intuitivo o esotérico. Todo lo arquetípico le fascino y lo cultivó; tarot, runas, astrología, numerología, i ching, lilah. Y más allá de todo ello, el gran propósito (como me lo había señalado en nuestra primera conversación) de Ruth (dada su inmensa capacidad administrativa y organizativa) era hacer un Esalen en Chile. Así fue como se embarcó en ese gran proyecto que fue el Centro Holístico de Salamanca. Pero sería varios años más tarde. Antes por más de cinco años ambos trabajamos, codo a codo, en el IIDEC de Viña del Mar. Ella organizando los talleres y yo dirigiéndolos. Fue esa experiencia ganada la que me permitió abrir el programa en el CPEIP en 1986 y llegar a formar miles de facilitadores y con ellos crear equipos de trabajo.

Para el verano de 1987 invité a Ruth al Programa Intensivo que ofrecía en el Cpeip a simplemente darnos su testimonio y contarnos su vida. Desde ese día muchas personas, especialmente mujeres, se declararon admiradoras y, en cierto sentido, seguidoras de Ruth. Si ella había logrado vencerse a sí misma, salir de la maraña depresiva, dejar atrás el pasado doloroso, sonreír con sencillez y derrochar energía optimista, entonces bien valía creer en el propio cambio. Durante los siguientes 20 años lo que Ruth haría sería estudiar, compartir sus experiencias y conocimientos, crear, organizar y administrar el Centro Holístico de Salamanca, viajar y simplemente ser dueña de su vida.

En 1991 participó activamente en la fundación de la Sociedad Chilena de Desarrollo Personal a la cual le brindó su apoyo permanentemente. Completó su formación como facilitadora de desarrollo personal en el Cpeip, para, luego, colaborar activamente en su ejecución ya fuese como coordinadora o como facilitadora-docente. Pronto puso a disposición del programa de formación su centro. Incansablemente organizó, para muchos de nosotros, talleres y seminarios. El 1° Encuentro Internacional de Desarrollo Personal (1996) pude organizarlo y llevarlo a cabo gracias a su apoyo; el Encuentro tuvo lugar en Salamanca y asistió lo más granado del campo del desarrollo personal de Argentina, Ecuador, Colombia y Chile.

Ir a Esalen fue uno de sus sueños logrados. Me contaba con orgullo sencillo cómo había sido escuchada y considerada en el más importante centro de desarrollo personal y psicoterapia humanístico transpersonal del mundo y la hermosa amistad que hizo con esa gran terapeuta que fue Elizabeth Kubler-Ross. Volvió varias veces a su Alemania reconstruida. Tan reconstruida como ella misma. Y lo hizo hasta que su tierra natal pasó de ser una aterradora pesadilla, a ser un pletórico sueño vívido y realizado. Así paso a paso, Ruth, hizo con su vida y en su vida todo lo que quería y necesitaba hacer. El “do it” de la Gestalt fue realidad en ella.

En nuestra relación de más de 25 años nunca hubo una frase de crítica, nunca hubo un mal entendido, nunca un disgusto. Semanas antes de su partida me dijo, como queriendo buscar algo de lo cual excusarse: “Pato, cómo no se me ocurrió contarte que iba a cerrar Viña y comprar en Salamanca. Lo hice de un día para otro sin decírtelo”. Su memoria parecía fallar y la mía también. Días después recordé que sí me lo había contado y me había pedido mi opinión. Ahora recuerdo haberle dicho que me parecía un poco lejos y difícil de hacer funcionar todo el año. No sólo eso; Habíamos ido juntos a Caleu, meses antes, a visitar un sitio que le interesaba comprar.

Entre los años 92 y 95 tuve la oportunidad de realizar talleres en Bariloche, en la casa de otro ser excepcional y gran amigo de Ruth. Me refiero a Mario Conessa, psicólogo, buscador permanente y hombre acogedor por antonomasia. Fue Ruth quien se encargó de conectarme y llevarme a su casa. Diría que con Ruth fuimos, de manera espontánea y sin, quizás, proponérnoslo un cierto equipo, donde íbamos abriendo surcos y plantando semillas. El último surco que Ruth abrió para mi, fue enseñarme el arte del buen morir. Durante los meses que permaneció acostada antes de partir, Ruth me enseñó que la muerte, aunque propia, nunca antecede a la vida. Qué en cada día queda tanto por vivir, disfrutar, compartir, planear y recordar que la muerte no debe ocuparnos. Mis visitas eran habitualmente a mediodía. Era un hora en que solíamos estar a solas, así es que conversábamos a nuestras anchas. Nos reíamos, nos emocionábamos, hacíamos recuerdos, imaginábamos el futuro. Ruth me hacía volver sobre infinidad de talleres, experiencias y momentos terapéuticos que yo ya había olvidado. Disfrutaba contándome cosas que yo había dicho o hecho y que en modo alguno yo recordaba. Creo que sin decírnoslo nos sentíamos hermanos. A veces yo fui el mayor, a veces ella.

Cuando en 2007 comencé a idear la creación del premio: “Facilitador(a) de Trayectoria, a modo de premio nacional de desarrollo personal, sentí la necesidad de establecer condiciones de alta exigencia que permitieran recibir este premio; 25 años de trayectoria me pareció una de esas exigencias necesarias. Haberse reconocido personalmente como facilitador y haber sido socialmente reconocido como tal. Haber realizado aporte significativos en este campo, ya fuese a nivel organizativo, metodológico, creativo, etc. La primera persona que vino a mi mente fue Ruth. Ruth cumplía todas las condiciones. Si Ruth recibía este premio quedaría claramente establecido a quién queríamos premiar y por qué. Ruth fue la primera persona, en Chile, en recibir nuestro premio y muy merecidamente.

En mi última visita, Ruth me dijo, “te tengo un regalo, abre ese cajón”. Había un libro “Sea dueño de su vida”. Conocía su historia con ese libro. Ruth lo había leído en 1980, en él, el autor, un psicólogo americano, mostraba cómo había ocurrido su transformación personal y el cambio en su enfoque profesional como terapeuta. Señalaba a Esalen como la cuna de su cambio y a la terapia Gestalt, el Análisis Transaccional y las técnicas Cuerpo-Mente. Para Ruth fue ese libro el inicio de su transformación y quien la llevó a conocernos. Es un libro de los años 70’. Bueno, me dije, Ruth se ha desprendido de sus bienes (prácticamente regaló su Centro), se ha desprendido de todo lo material. En buena medida se ha desprendido de su cuerpo. Y ahora, al regalarme su libro, se desprende de su talismán. Ya es y fue dueña de su vida. Querida Ruth no me queda más que abrazarte. Gracias por ser mi amiga y maestra.

Era sábado. Estaba enseñando terapia gestalt-hakomi en mi Centro. Sonó el teléfono. Ruth, se nos va, escuché decirme a Mónica. Dos días antes, la última frase de Ruth había sido, cuando empezó a desvanecerse por efectos de la morfina que paliaba el dolor, “Yo no voy a morirme”.

Así no más es, querida Ruth, vives y estás en nuestros corazones. Especialmente, en los de Mónica Videla y Gonzalo Lira que con tanto amor y dedicación, porque sí y ante si, decidieron cuidarte todos tus últimos meses y a quienes va dedicado este escrito. En tu última seguidora y amiga, Alejandra Melus psicóloga del lugar donde reposaste estos meses finales que se hizo más sabia en tu compañía. En todos tus amigos socios del desarrollo personal. En tanto ser humano que te escuchó decir: “Tú puedes”.

El garaje estaba recién pintado, blanco. En su cielo destacaban unas sencillas vigas al aire barnizadas de café. Una alfombra entre lila y beige cubría todo el suelo y muchísimos cojines completaban el arreglo. Habíamos 25 personas, entre ellas, Ruth y yo. Era abril 23 de 1982. Esta historia comenzaba a escribirse.

jueves, 31 de julio de 2008

En el Encuentro con el Hombre (1986)

EN EL ENCUENTRO CON EL HOMBRE (1986) Pato Varas S.


Era de noche y desperté. A mí alrededor estaba obscuro. Dentro de mí, iluminado. Y me acordé de ti.

La montaña siempre está ahí. Llegue la
bruma o llegue el sol, sea visible o no.
La montaña siempre está ahí y no me
defrauda.

Todos somos hermanos. Todos somos educadores. Profesores, supervisores, orientadores, directores, jefes técnicos, inspectores. Somos una familia y como tú, como él o ella o yo, somos en cierta circunstancia. Ahora yo te escribo y tú me leerás; y cuando tú eres el que lee, yo fui el que escribió. Y así cada uno posee su mundo y todos estamos unidos.

El mundo del supervisor es la Dirección Provincial y las escuelas que visita. El mundo del director es su escuela y los profesores y alumnos que allí conviven. Mi mundo es el CPEIP y mis viajes a las regiones y provinciales. El mundo del profesor es su aula y esos alumnos que le esperan. Y el mundo del niño es jugar. Su casa y jugar.

Mi mundo era mi casa, mi barrio y jugar. Y, como muchos, yo era niño y, por niño, sabio. Entonces me prestaba en la escuela para que el profesor enseñara y me enseñara. Yo era niño y era sabio y sabía que él necesitaba hacer clases, que tenía familia, y que entendía su vida así. Pero, luego de prestarle mañana y tarde, yo me iba a lo mío, a jugar. Y así conocí y aprendí de mi vida. La naturaleza, las cosas y los seres. En preparatoria lo importante fue jugar, en media pololear, en la Universidad conversar. Así aprendí a convivir con las cosas, a amar a una mujer y cultivar la amistad.


Amanece y soy dueño de un día hermoso de sol radiante, cerros empastados, montañas nevadas y cielo azul. ¿Cómo podría ser yo de otra manera? Y si al atardecer el día se ha nublado, la lluvia persiste, el viento me atraviesa y la bruma me cubre. Al preguntarme ¿he de ser de esta manera? descubro que el uno no es posible sin el otro. Y eso es todo lo esencial.



Me fui encontrando con muchos seres; y en el encuentro fui creciendo, descubriendo lo esencial. Y lo esencial no estuvo en los libros sino en las personas. Sé que mi profesora de primera preparatoria me amaba. Nada más importante que su amor aprendí allí. ¿Por qué me amaba, si yo no era su hijo ni nada de ella? No lo sabía. Y por eso era más grande, para mí, su amor.

Y cuando estaba en cuarta preparatoria, pasó corriendo un niño y me dijo: “Toca la campana”. Yo era niño y, como sabio, confiado; toqué la campana. Entonces salió de la oficina el padre Romualdo. Él era un sacerdote francés que había cruzado el océano para educarme. Pero no era yo quien lo necesitaba a él, sino él a mí. Y preguntó ¿quién tocó la campana? -Yo- contesté. Pues era sabio y confiado. Entonces me dio una fuerte cachetada en mi mejilla izquierda. Le largué un garabato y agregué: -Me voy.

Así en buzo, indignado, avergonzado y herido, llegué hasta la reja de salida. Había un alumno de portero. El padre gritaba: -Vuelve acá. El niño titubeó, yo no; -O me abres o salto la reja. Me abrió. Me fui llorando y avergonzado. Tomé el trole. Llorando. Nadie preguntó ni pidió nada. Entre a la oficina de mi mamá y seguí llorando.

Allí me quedé; almorcé y pinté por la tarde. Me madre me llevó a casa y luego salió.

Al volver me dijo: -Mañana puedes ir a clases. -Yo no iré más- le contesté. Conversamos. Para ella era importante que yo estudiara, y que estudiara allí. Le dije: -No vuelvo a clases hasta que el padre Romualdo se disculpe. Y, así, pasó otro día.

Al tercer día volví al colegio. El padre manda decir que vayas, que él se va a disculpar. Llegué tarde. Me quedé dando vueltas un rato. No quería que todos me vieran. Me iba a avergonzar. Esperé que el patio estuviera vacío. Lo crucé, pero no a mi sala. Me fui a la oficina del padre. Me dijo: -Siéntese, Patricio. Y siguió escribiendo. Me pasó unas revistas. Yo no quería leer nada: “Perdóname, Patricio, yo soy un hombre nervioso. Nunca debí darle ese castigo. Por favor, perdóneme, no volverá a ocurrir jamás ni con usted ni con nadie”. A mí se me llenaron los ojos de lágrimas y a él también. Me puse de pie sin saberlo. El se acercó y me abrazó. Era seco y huesudo, y olía a tabaco. Nunca fue mi amigo, pero nos respetamos. Al año siguiente ya no fue rector de patio, yo no tuve nada que ver. Sólo que no lo fue más.


Conversábamos entre amigos y sobre: ¿qué es lo esencial en la historia y en nuestras historias? Y descubro que mi historia, en lo esencial, no queda constituida por los acontecimientos, sino por mi actitud ante los acontecimientos.


Y si el hombre es o se siente una isla, entonces sólo ve lo superficial; pues si incursiona bajo el mar, verá que la isla es montaña; la montaña, tierra; la tierra, universo; y el universo, Uno.


El padre Juan Vicente fue mi consejero espiritual. Jamás me confesé con él. Yo limpiaba los residuos de mi ánfora en otra parte, para llegar hasta él vacío y apto. Entonces su agua clara y cristalina, la más pura que él podía darme, caía sobre mi copa y elevaba mi espíritu. Yo tenía catorce años y mi madre me narró, por primera vez, la historia de mi vida. Su separación cuando yo recién nacía. Sus penas y las mías. Fue muy triste y busqué al padre. Él me acompañó y me escuchó. Se emocionó conmigo y guardó silencio, conmigo. Yo aún guardaba sabiduría y esperé su palabra. Entonces me dijo: “Dios, creo yo, nos ha dado a cada uno dos bolsas; la una carga nuestras desdichas, la otra nuestras dichas. Mientras vamos por la vida cada bolsa se va vaciando; cada vez que padecemos sufrimientos la bolsa de las desdichas se vacía un poco; cada vez que vivimos una alegría, la bolsa de las dichas disminuye un poco. Cada vez que sufras recuerda que para el futuro puede haber menos tristeza. Pero si sucede, como sientes tú, que el sufrimiento ha sido duro y superior, entonces puedes imaginar que la bolsa de la dicha, aún intacta, llenará tu futuro de alegrías”.

Fue así que aprendí a mirar, más allá del sufrimiento presente, el ancho camino que esa misma experiencia me aseguraba. Y, así, como un oráculo, mi vida se fue cumpliendo.

Durante ocho años trabajé con don Luis López, don Lucho. Fui su ayudante y su discípulo y colaborador en la Universidad. Nada es más grande, en el saber, que el encuentro con un maestro. Don Lucho era un maestro. Con él aprendí más que todos mis años de Universidad, de formación y de trabajo. Fue algo de la infancia que aún guardaba en mí, creo yo, lo que me hizo decirle un día, luego de tres años de asistir a su curso, que yo había aprobado largamente: “Don Lucho, me gustaría ser su ayudante. Ad honorem, por supuesto”. Él siguió conversando de lo que hablábamos anteriormente y como siempre sonrió y asintió. Nada contestó en ese instante. Tres días después, al pasar por la facultad, salió corriendo una secretaria: -Venga tiene que firmar el contrato. No entendí al principio. Así empecé a trabajar en la Universidad. Nueve años más tarde murió don Lucho y yo fui despedido. Lo iba a acompañar. Éramos amigos. No quería que lo avergonzaran. Tenía escaras en la espalda. Le dolía la espalda. La habitación se llenaba de gente. Yo y los más cercanos esperábamos en una sala contigua. Entonces venía su secretaria y me decía: -Pato, quiere que le arregles los almohadones. Yo iba, metía mis brazos entre las sábanas, tomaba su ahora cuerpo enflaquecido y llagado, lo levantaba y acomodaba en sus espaldas los almohadones. Don Lucho me miraba, aún, como siempre sonreía, pero sus ojos estaban tristes y secos. Don Lucho se iba muriendo y por cada soplo que partía yo se lo guardaba en mi pecho para que siempre viva.

Habíamos unos quince o catorce en la oficina. Toda la Universidad iba al funeral. Pero la oficina esa, la de selección y admisión de alumnos estaba en plena tarea, no podía cerrar. Sólo cuatro o cinco podíamos responsabilizarnos de ella. Don Bernardo, el Jefe, dijo: Yo voy, y no hay caso, uno se queda. Vean ustedes, pero uno se queda. Todos miraban hacia el suelo y las ventanas. Todos querían ir. Era el funeral del maestro. Y me miraban como si lo vieran a él. Yo me quedo, dije, como palabras de viento irrevocable. Me abrazaron y se fueron. Ellos al funeral. Yo me quedé trabajando con don Lucho.

Mi madre me miró largamente cuando le conté que ya no trabajaba en la Universidad y que me moría de pena. Me abrazó y me dijo con la sencillez de la gente buena: “Hijo, no hay mal que por bien no venga”. Y así fue. Entré a trabajar al CPEIP. Comprendí, entonces, que daba un paso superior, profundo y más real. Don Lucho me había preparado, sentí yo, para cosas más importantes. Y aquí estoy.

Misterioso sino aquel que cruza y entrecruza caminos y caminantes. Entre ellos surgen ahora paisajes y direcciones. Y todo sentido de la ruta es comparado.

Así cada hijo que nace, cada obra que termina, cada pena y alegría es compartida. Y cada encuentro es un hito en el andar.

Porque nada es más hermoso que viajar en compañía. Y aquel que cabalga a tu lado mira y ve el mismo horizonte, pero lleva su propia ruta. El deja sus huellas, yo las mías, testimonios de la caravana.

Amigo educador. Quería que nos encontráramos. Tú conoces tu ser y vives en él. ¿Cómo encontrarnos sin conocernos ambos? Yo pienso que lo primero es presentarnos. Ahora tú me conoces. Y si todos nos presentáramos al llegar, ¿no sería más profundo y fácil el encuentro?

Para mí, lo primero es la identidad. De ella surgen naturalmente la congruencia, la transparencia y la autenticidad. Sin ella sólo vagamos en un mundo de apariencias y engaños mezquinos. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Me conozco, me acepto? ¿Y tú? ¿Y a ti? ¿Y tú a mí?

Se me ocurre que el primer error que podría cometer es pensar: “Ahora yo tomo el rol de profesor-investigador del CPEIP y ellos tomarán su rol de supervisores y así nos entenderemos: yo acá; ellos allá. Entonces, ellos se irán a las escuelas, con su rol a cuestas, y los directivos se meterán en su papel de directivos y los profesores, en el de ellos. Y así será”.

Yo creo que todo será así una pura representación: buena, excelente o mala, no lo sé. Pero, igual, representación.

Antes que los roles y las funciones, estamos nosotros, las personas. Y eso es lo que decimos cuando hablamos de educación. Primero estamos las personas. Entonces yo llego a ti tal cual soy. Y para eso, he empezado por aceptarme a mí mismo. Sé que soy dinámico y fluyente; que siempre estoy cambiando (envejeciendo) y que, también, soy permanente; que mi actitud y mis valores permanecen y me hacen ser como soy.

Y digo que me acepto a mí mismo si soy capaz de comportarme ante ti y para ti sin apariencias. No pienso llegar a ti con engaños y subterfugios. Tampoco voy a ocultarme. Simplemente quiero estar contigo cual soy. No voy a ser ni más ni menos de lo que soy. Y, así, he empezado por confiar en mí mismo, por pensar que es bueno ser tal cual y que una relación real no puedo cimentarla sobre posturas resbaladizas.

Me gustaría que a ti te estuviese sucediendo igual. Que tú te estuvieses diciendo: “yo también me acepto y puedo leerte y escucharte sin engaños. No voy a aparentar que me interesas si no me interesas y tampoco voy a mostrar reservas si lo que interiormente siento es una gran cercanía a lo que escribes”.

Yo creo que podemos encontrarnos si somos fieles a nosotros mismos. Si nuestra primera lealtad es con nuestra propia alma y con nuestro propio cuerpo. Yo ahora estoy escribiendo tranquilo y con frío. Pero, a veces, cuando leo algo, me aburro, y me da sueño. Entonces, lo dejo a un lado y cierro los ojos. Son cosas simples y sin apariencias ni engaños.

Yo estoy dispuesto a aceptarte y a comprenderte. Quizás cuántas tareas tienes, y leer este texto es una más. Me pongo en tu lugar, así como pienso que tú te pones en el mío, y cuando vas o vamos a la escuela es igual. Si nos ponemos en el lugar de aquel con el cual nos hemos encontrado, la comprensión es tan fácil.

¡Ah! si todos pudiésemos ser sencillamente sencillos. Cada vez que veo a un hombre sencillo, me emociono. Encuentro que es una paradoja admirable cómo la sabiduría y la sencillez van siempre de la mano. Y en vez de esto, cuánta suficiencia y superficialidad señorea allí donde más que el saber se anhela el poder. Hombres vanos que no logran descubrir que sólo un hombre de saber es un hombre de poder.

Don Lucho era un hombre tan sencillo, tan sencillo, que mi primer pensamiento al verlo entrar a la sala de clases en primer año de la Universidad fue: “Este hombre debe llevar tantos años como secretario en la facultad que a veces lo dejan hacer clases”. Hace unos meses se le rindió un homenaje a los tres principales filósofos porteños: C. Finlayson, Rafael Gandolfo y Luis López. ¿Es que resulta menester ser sabio para que seamos sencillos?

Decía: “Vamos a analizar este libro, pero primero lo vamos a leer”. Dos horas después nos íbamos confusos, irritados, maravillados, abatidos y deseosos de una nueva clase. ¡Ninguno sabíamos leer!, que íbamos a poder analizar o comprender entonces. “Es necesario leer lo que el autor nos dice, no lo que nosotros, al leer, decimos”, comentaba don Lucho y sonreía. Siempre sonreía. Incluso cuando la discusión se tornaba agria y acalorada. Sonreía como diciéndonos “Bien, bien, defienda lo suyo que yo no dudo de lo mío”. Y como él era inevitablemente él, y yo fui siendo yo, con su respaldo y comprensión, nos fuimos encontrando. A mí me gustaba la psicología y a él la antropología. “Bien, siga en lo suyo, a mí no me interesa, pero se necesita gente que vea la psicología con ojos humanos, siga no más”. Y luego agregaba: “Un hombre universitario puede ejercer cualquier quehacer; la Universidad es una forma de ver y pensar la realidad y de actuar en concordancia. Existe un puro título y es el de universitario. Quien no lo comprende es como si no hubiese pasado por la Universidad”.

Existe una pura vocación, entre nosotros, la de Educador. Lo importante no es quién escribe, quién va a las escuelas o quién está en las aulas. Lo esencial es quién, esté dónde esté, educa.



Día a día hay quienes rozan la verdad, la miran y no la ven, la palpan y no la sienten, la oyen y no la comprenden. Pues su ojo, tacto y oído están ocupados en sus fantasías interiores, y la realidad transita ajena al borde de sus días y sus pies.



Un año, por marzo, nos cruzamos en el pasillo de la Escuela. Me dijo: Voy a hacer cosmología. Son cuatro horas a la semana, yo voy a tomar las del martes, usted ¿puede tomar las de jueves?

Yo, si sabía, era su ayudante y colaborador en todo, pero jamás había hecho una clase de cosmología o filosofía de las ciencias. Le dije: “Don Lucho, me encanta la cosmología, pero no sé nada. Nunca he hecho clases de cosmología”. Se sonrió y me contestó: “No sea así, usted no va a tener ningún problema. Todo lo que tiene que hacer es leer con los alumnos un libro”. No tuve ningún problema y aprendí que todos los libros son iguales. Da lo mismo la lógica, antropología, ciencias, artes o metafísica cuando se sabe leer y analizar. Y en la vida, todo es lo mismo, cuando sabemos filosofar, es decir, reflexionar con honestidad y esencia. Pero como ha dicho Nietzsche: “Filósofo es aquel hombre que hace lo que piensa”.

Ser congruente es, tal vez, nuestra íntima misión existencial. Sin ella todo quehacer es inútil, superficial y hereje. Creo que nos volvemos sagrados en tanto conservamos, de por vida, nuestra íntima fidelidad. Del mismo modo creo que somos educadores si mantenemos de por vida nuestra fidelidad a la persona.





Recuerdo a mis grandes maestros; todos ellos preferían el silencio a la disputa, la amistad al poder, la verdad al halago, la mirada a las palabras.

Y cada vez que uno de ellos moría, procuré que renacieran en mí sus preferencias.

Ellos mientras me permitían ser a su lado, me decían: “Sigue tus pasos, no nos imites y serás como nosotros”.

Hoy descubro que “ser como nosotros” era, simplemente, ser uno mismo, ser yo mismo, pues el hombre no ha de ser sombra de nadie, sino luz de sí mismo.

Ellos viajan en mi rostro y en mis voces, en mis gestos y en mi forma de sentir la vida. Yo viajo en sus rostros y en sus voces, en sus gestos y en sus formas de sentir la vida.

¡Somos una gran nación!


Yo tuve, en don Lucho, un apoyo magnífico e incondicional. Qué más querría yo para todos; alumnos, profesores, padres, hermanos. Y del mismo modo, yo estuve, todas las veces que me lo pidió, donde quería o necesitaba que estuviera. Qué menos podía hacer yo. Durante todos esos años él era simultáneamente profesor en la Facultad, ocupaba algún alto cargo directivo y, por las noches, hacía clases en el Liceo Nocturno Eduardo de la Barra. Don Lucho, ¿por qué hace clases en la noche?, ¿qué necesidad tiene de ello? Sonreía y me decía: “Bueno, somos un grupo de amigos que echamos a andar este Liceo Nocturno. Además esos alumnos nos necesitan”.

“Esos alumnos nos necesitan”. El no necesitaba nada. A él lo necesitaban. Y por eso él iba, por sus amigos. Muchas veces lo reemplacé. Algunos colegas me decían: “-Pero qué tiene que ver la Universidad con el Liceo Nocturno. Si tú eres su ayudante en la Universidad. Nadie te va a pagar esas horas de reemplazo en el Liceo”. Yo me apenaba en vez de sonreír. Como no comprendían que yo me sentía honrado haciendo algo por él. Que me sentía su amigo y que yendo al Liceo podía palpar cómo su saber se plasmaba entre esos hombres nocturnos de aprendizaje.

Me gustaba curiosear y les pedía que me mostraran sus cuadernos. Me decían: “No hemos escrito mucho. Es que con don Lucho nos llevamos conversando”. Una vez un hombre, con toda su hombría e ingenuidad, me dijo: “Mire, de filosofía no he aprendido nada, pero lo que es de la vida. No tendría como medirlo”. Fue así como me enamoré de todo lo que fuese mi propio quehacer. Lo veía a él y era suficiente para percibir lo esencial. Comprendí pronto que para un hombre con vocación no hay horario, norma, reglamento ni calendario que lo detenga, pues siempre está excediendo esos límites. “Las reglas -me decía- son para el hombre extraviado; aquel que no posee sentido y requiere empalizadas para avanzar”. Y lo que en un principio fueron sus palabras hoy no sé distinguir dónde comienzan sus frases y dónde continuaron lasmías. Me di cuenta, y para siempre con alegría, que mi quehacer no era un trabajo, sino una forma de vivir. Y entendí porque él parecía no cansarse nunca.

El entusiasmo por el propio quehacer no me nació con don Lucho; yo ya estaba entusiasmado con mi vida desde niño. Pero con él comprendí que toda vocación era vocación en el entusiasmo. Y así podemos distinguir entre aquellos seres que requieren de cierto lugar, cierto trabajo y ciertas personas para caer en el entusiasmo, y aquellas otras que entusiasman a las personas, lugares y trabajos donde van.

Amigo, amiga, me apenaría que tu ser no te entusiasmara. ¿Cómo podría yo, entonces, pedirte entusiasmo por tu quehacer? Yo puedo comprender que en la vida haya tantas cosas que nos gustan como cosas que no nos gustan. Pero cada uno, si no nos gustamos en sí, cómo haremos para gustar de las cosas. ¿No sería como hipotecar nuestras vidas?

Me llama la atención cómo algunas personas no saben disfrutar y otras sólo disfrutan de la intoxicación. Entre una y otra vereda, yo veo un camino pleno de sonrisas silvestres, sencillas y amables. Nada de otro mundo, simplemente respirar profundo.


La vida, quién no lo sabe, es un eterno desafío, y el desafío nuestro, el de los educadores y el de los educadores del sistema, amén de continuo es urgente. A nosotros nos toca educar, y educar con una mayor responsabilidad. Existe una pléyade de niños y adolescentes que nos necesita más. Niños y adolescentes sin más apoyo y respaldo escolar que el que el Estado y la sociedad les da. Las escuelas públicas de ayer son las escuelas municipalizadas y subvencionadas de hoy. A ellas concurren los más necesitados y los que menos tienen. Esos niños y adolescentes no merecen menos educación ni menos oportunidades. Merecen, precisamente, por sus limitaciones y privaciones, lo mejor de nosotros.

Es bueno que comprendamos que esos niños y adolescentes, en la carencia, requieren más de sus profesores y escuelas, y esos profesores y escuelas, ante la mayor exigencia y afán, requieren más apoyo y mejor comprensión. A nosotros (CPEIP, Sistema de Supervisión, Directores de Escuelas, etc.) quienes servimos a estos seres, nos toca, por ende, mirar estos desafíos con decisión y orgullo, pues mientras mayor es el desafío mayor grandeza posee quien lo enfrenta.

A veces lo que un ser humano requiere y necesita no es tanto una enseñanza o un consejo o una técnica o metodología más; tampoco una crítica o evaluación o diagnóstico. A veces lo que necesitamos es encontrarnos con un ser humano optimista o realista o cálido o profundo. Con un ser que vive y padece como nosotros mismos y que, sin embargo, permanece fiel a sí mismo y dispuesto a acompañarnos en nuestro viaje.

Me tocó tantas veces admirar la grandeza en un hombre pobre o la nobleza en un ser cansado; que he llegado a pensar que el agua sabe dulce en el hombre simple y amarga en el enfermo. Y así, del mismo modo que hombre rico no es el que más tiene sino el que menos necesita, así el débil es el que más demanda, así sea porque nada posee, así sea porque de sí mismo no se vale. Y antes de enjuiciar, dar. Dar presencia, comprensión, apoyo y entusiasmo.

Aquel hombre que no añora el contacto con el ser humano, no se encontrará con el ser humano, así esté en la ciudad, así esté en la llanura.

Y, si viviendo en la llanura añora el contacto, entonces hará camino hasta la ciudad. Pero, de otra manera, ¿por qué habría que viajar?

Si fuera un paisaje amaría ser permanente. Cíclico y místico. Nada de progresos, solamente renaceres. Un lugar amplio, frondoso y hospitalario para cada pasante, para cada habitante.

Hace años conocí a un mapuche pobre a orillas del lago Lleu-Lleu. Vivía con mil pesos al año, de lo que le quedaba al vender su trigo y porotos. Todo un año trabajaba su tierra por catorce sacos de trigo y dos de porotos. Tenía cincuenta y siete años y era tuberculoso. Pero he conocido pocos hombres más llenos de dignidad e igualdad que él. Poseía un lugar en la tierra, concreto y real. Y desde él emergía más poderoso que el “Adán” de Vicente Huidobro. Había tanto orgullo en sus manos y tanta vida en su mirada, que estar junto a él fue, una vez más, sumergirme en lo esencial.

Don José no pedía nada. Se bastaba a sí mismo. Y por eso recibía respeto y compañía. Para aprender, todo lo que había que hacer era estar al lado de él. Nada más. El no hablaba de la vida, la vida hablaba de él. Don José ¿hasta cuándo piensa trabajar? “Cuando en tirando la semilla me de vuelta y vea que el surco me está quedando chueco, no trabajo más”. Así medía el tiempo ese hombre de la tierra. Enclavado entre la lluvia y el barro, no por eso había perdido su sentido. Sus manos eran duras y su alma suave. Don José ¿esta cuadra de maravillas son pa’ los pollos o pa’hacer aceite? No, dijo, “son pa’bonito”. Una cuadra que ocupaba tanto terreno como la chacra de su señora, doña María. ¿Y no es mucho terreno pa’las puras flores, don José? No, aquí hay terreno pa’comer, terreno pa’pasar el año y terreno pa’bonito. A la señora también hay que saberla hacer feliz. Yo podía imaginar a don José volviendo a “la hora de doce”, cuando el sol está arriba, con hambre en el estómago y en la vista. Y mirar su cuadra amarilla como reflejo del sol que le llamaba a su hogar. ¿Dónde vive don José? Siga el sendero pegado al cerro hasta que vea el manchón amarillo, ahí llama.

Ahí llamamos. ¿Diga? Señora, queríamos hablar con usted, gritamos desde la cerca, a unos 80 metros. Espere, va a tener que ser con mi marido. Pasó un tiempo y apareció el mapuche. Era bajo y delgado; se había mojado y peinado el pelo, la camisa era blanca y recién puesta. Caminó cuarenta metros y se detuvo. “Pasen”. Avanzamos los otros cuarenta metros. Así nos dijo, en ese lenguaje de ritos, pueden entrar en mi espacio, una mitad para ustedes, una mitad para mí, conversemos ahora. Nos quedamos en su territorio a orillas del lago. No se queden en la bajada o los van a molestar los animales cuando bajan al agua. A nosotros nos había parecido el mejor lugar. Y cuando venía, por la tardecita, a conversar (le gustaba conversar) hacía igual: cruzaba por entre los árboles hasta un lugar que consideraba el punto equidistante y allí nos encontrábamos. A don José le podían faltar medios (mi mayor aspiración sería tener un caballo, pero no pa’montarlo, se apuró en aclararlo), pero le sobraba sabiduría. No fue nunca a la escuela, y, sin embargo, era no sólo educado sino, a cabalidad, un hombre culto.

He aprendido que hombre culto es aquel que conoce el sentido de las cosas y posee el arte de la convivencia consigo mismo, con los otros, con el universo y el Creador.

William Schutz, el precursor de los Grupos de Encuentro, en su libro “Todos somos uno”, escribe que en el apoyo podemos distinguir, digamos, niveles: las personas que no requieren ni necesitan apoyo, que usualmente tienen una buena interacción y que la disfrutan, pero no la exigen como medio de avance o cambio.

Las personas que todo lo que requieren por apoyo es compañía, personas a las que el hacer en soledad o autosuficientemente les incomoda; ellas prefieren ser acompañadas.

Personas que requieren un apoyo mínimo, traducido en ser acompañadas y retroalimentadas; cuando se les indica cómo van, por dónde van y hacia dónde van, eso les permite fructíferos avances.

Personas que solicitan un apoyo decidido, en términos de compañía, retroalimentación, clarificación de metas, desarrollo del darse cuenta, capacidad de expresión, respaldo, incentivación, paciencia y dedicación.

Personas que exigen que otros hagan las cosas por ellos, parcial, temporal, total o permanentemente; poseen carencias o limitaciones insalvables, pero en algo son reemplazados, les es posible concentrar su energía en algún quehacer, de suyo, esperanzador para ellos.

Finalmente, personas para las cuales y en las cuales ningún apoyo es fructífero y todo resulta vano.

Don José era de esos hombres que no requieren ni necesitan apoyo. No porque no tengan penurias y limitaciones, sino porque poseen el don de resolver desde sí su vida, cualquiera que sea, y la dignidad es más valiosa, en ellos, que el beneficio ajeno. Con él aprendí que quien resuelve, qué ayuda o apoyo resulta necesario, no es el que ofrece tal ayuda sino el que la pide. Muchas veces puede sucedernos que lo que nosotros consideramos un problema en la vida de alguien (y lo consideramos así posiblemente porque en nuestra vida sería un problema), en esa persona no es un problema, sino una forma de vida, donde el supuesto “problema” ha sido resuelto con arreglo a esa forma. De este modo resultó que a mí me parecía un grave problema que don José viviera con mil pesos al año (forma de pensar que se me ocurre la mayoría compartimos); sin embargo, para él ése era su desafío existencial y lo había vencido honrosa y hermosamente por decenas de años. ¿Qué podía enseñarle yo a ese hombre si yo no sería capaz de vivir con diez veces ese dinero, mensualmente?

Don José ¿qué compra con los mil pesos? Hago cuatro compras pa’todo el año: yerba mate, manteca, sal y velas. ¿Y los cigarrillos, don José? No, pa’vicio me traen mis hijos. Y don José estaba muy consciente de su forma de vivir. Cuando llegó la última tarde que conversaríamos, me miró largamente a los ojos y me dijo: “Ahora ustedes conocen la historia de la pobreza”. Y me ofreció uno de sus cigarrillos, porque siempre, estimó él, había que compartir. “Un día los suyos, otro día los míos”. Era un asunto de libertad y de dignidad. Yo no fumaba ni fumo, con él sí.

Luego nos quedábamos por la noche, con Roberto, mi amigo viajero, comentando cada frase de don José. Usualmente llorábamos de emoción existencial e intelectual. La sabiduría de don José se medía en su andar y en cada uno de sus pasos. Habíamos sido nosotros los beneficiarios directos de este encuentro mágico.

Hombres profundos que conocen en profundidad la vida. Nada los agobia ni agota. Se han empeñado en vencer, cada día, a la muerte. En ellos el árbol florece y la criatura crece. Cada día rezan en silencio y piden, al Dios de los simples y sencillos, un par de manos para labrar, aire de las montañas para ennoblecer el cuerpo y una sonrisa en el camino para entibiar el alma. Don José ¿conoce pa`l centro? Sí, de joven trabajé en Temuco. ¿Dónde? En un banco. Y ¿qué hacía, don José? De todo, yo les solucionaba todos los problemas a los del banco. Me dijeron que cuidara la puerta, pero yo hacía de todo. Iba a las casas, también; había mucho que hacer. ¿Por qué se vino, don José? No me gustó, a esa gente no le gusta vivir, andaban siempre entre preocupados y enojados. Fue bueno conocer, siempre es bueno conocer. Pero no había tranquilidad ni aire. Además echaba de menos la tierra. ¿Será que las ganas de vivir surgen de la tierra?

El hombre que desea ser sabio debe aprender a amar. Viviendo en la ciudad querer el campo, viviendo en el campo la ciudad; siendo rico amar al pobre, siendo pobre, al rico. Apreciar la belleza del que no la posee y la interioridad del que no la expresa.

Y descubro que la existencia está cubierta de signos e indicaciones. Está el día y la noche, están los espejos, están los vidrios, está la respiración, el pulso y el ritmo.

Si fuerzas la vista, nada verás. Si ciegas tu vista, verás todo. Lo que distingue a este hombre no son sus conocimientos, sino su sabiduría, posee el arte de la convivencia.

El y el universo son uno, con-viven. Así, el iluminado puede parecer ignorante, precisamente para aquellos que entre sombras, anhelan los nombres de las cosas y no las cosas.

He conocido gente sin ganas de vivir. Decepcionada de la vida y de sí misma. En esas personas todo es problema. El bus que pasa de largo en la mañana. El almuerzo en el trabajo. La campanilla del teléfono. Una ventana que no cierra bien. La lluvia. Cada acto, cada acontecimiento repercute en ellas como suplicio chino. Cambiar el amoblado o el paisaje significa un nuevo pesar. En esas personas si no hay cambio interno que cambie sus miradas y su aliento, no hay salida hacia la vida. En esas personas cargadas de decepción, las exigencias o las amenazas no gravitan. Ellas piden un minuto de descanso y aceptación para empezar a aceptarse en sí. Y, a veces, tras ellas están los niños, o los profesores o nosotros mismos.

Con esas personas, que íntimamente sufren, no caben ni el mal humor ni la indiferencia. Esas personas nos requieren. Un hombre o mujer enteros pueden, incluso sin hablar, mostrarles un camino. Los gestos humanos son contagiosos. ¿Quién contagiará a quién? ¿El decepcionado al entusiasta, o el animado al abatido?

Cuando escribo este texto mi esfuerzo está centrado en promover un mejoramiento entre nosotros. Busco para todos nosotros una mayor comprensión y un positivo enriquecimiento mutuo. Si tú lees este texto de modo similar, entonces tendrá sentido, de otro modo será pasajero. Tengo fe en la interacción, especialmente si es una interacción de buena fe. Cuando me encuentro con mis colegas en sus escuelas u oficinas, siento necesidad de interaccionar de buena manera. Descubro, en ella, una especie de secreto que nos impulsa y hace fuertes en la adversidad. Es como decirnos: “las cosa no cambiarán, nosotros cambiaremos y las cosas ya no serán las mismas”.

A veces, me doy cuenta, haber estado juntos es como un oasis. Y luego el desierto. ¿Qué sería del desierto sin su oasis? Un oasis generado y creado por nuestro propio compartir, honesto, sencillo, comprensivo y alegre. En esos encuentros, para algunos, el meollo son los problemas. Para mí el tiempo siempre es poco; vamos al grano, ¿qué sentido tiene tu vida? A mí la vida me reclama, cada día, que le dé sentido y no la encuentre absurda. Me exige soluciones, me desafía. Ella sabe que sin mi presencia estaría vacía. Y tú, amigo, acaso no estás en lo mismo: llenando de esperanza y virtud a tus niños para que puedan vivir. El presidente Johnson señaló, en cierta ocasión: “En una tierra de gran riqueza, las familias no deben vivir en la pobreza. En una tierra de grandes cosechas, los niños no deben pasar hambre. En una tierra en la que se operan milagros en la curación de las enfermedades, nuestros vecinos no deben sufrir y morir sin que se los atienda”. Yo me atrevo a decir: Entre nosotros, hombres y mujeres generosos y humanistas, no deben existir mezquindades.

Pienso, así, que lo primero que ha de primar en nuestro encuentro es el compromiso con el encuentro. La hija de una amiga que hoy coloniza el Alto Palena parece haberlo comprendido. Sumergido en la foresta sureña ocurre cada montón de semanas que se oye el ruido de un motor subiendo por el río, único camino al lugar. Llueva, truene o salga el sol, el bote amarrará en el atracadero y un tazón de mate estará esperando. Vendrán las únicas noticias, tal vez una carta o un paquete, algún dulce para la niña o unos diarios atrasados para el marido. En esas soledades ningún encuentro será desperdiciado. Y, una vez que el vecino (20 ó 40 leguas) está instalado, la niña toma su silla, se sienta a horcajadas y le dice: ¡Ya!, conversemos.

En nuestras vidas, cada encuentro nace y muere allí. Y nuestras vidas, no las de otros, son nuestra propiedad y pertenencia. ¿Cómo vivirla sin pasión y sin profundidad?, ¿para qué vivirla sin sentido y sin entrega? Seres reales es lo que necesitamos para ser y vivir. Seres mitológicos de realidad. Y esos seres habitan en nuestros pechos, nacen de nuestros pechos y vibran pletóricos de vida y energía creadora en nuestros pechos.

¿Y qué hace imposible compartir la luz?

El hecho de que la luz está dentro y no fuera. Así, aquella luz que vemos y recibimos es sólo sombra y da sombra. Y cada hombre es, entonces, luz de sí mismo, sombra de nadie.

Por eso el discípulo nunca consume la luz de su maestro. El maestro nunca ilumina las sombras del discípulo, sólo lo invita a visitar su propio pozo. Y es hermoso descubrir que en el centro del pozo está la luz y todos los pozos nacen de ella.

El maestro no es una vela que consume su llama, sino una llama que consume su vela. Y la llama siempre es llama, sólo que el hombre es mortal. Terminado el sebo la llama desaparece, pero para el discípulo la llama vive en su mente y no es posible recordar la no-llama.


Yo quisiera ahora tomar tu mano y que tocaras mi mejilla y que tomaras mi mano y que yo tocara tu mejilla. Que nos quedaremos quietos, serenos y nobles mirándonos a los ojos. Y que me dijeras que me amas y yo te dijera que te amo. Que en las soledades del universo, enclavados en esta galaxia distraída y hasta donde el Hombre extendió su mano, depusiéramos nuestras fronteras inútiles para reconocernos hermanos.

Yo quisiera ahora que nos dejásemos de tontear y nos pusiéramos a ser. Ya no quiero más que nos ocultemos nuestros afectos jugando a ser funcionarios. Nos dijo Juan Pablo: El amor es más fuerte. No se trataba de una madre que levantaba, ante él, su recién nacido de la cuna, ni de las manos entrelazadas de dos adolescentes felices, tampoco de una mujer que entrega su pan al viejo pordiosero. No, crecían las hogueras, volaban las piedras, zumbaban los palos y ardían los ojos. Entre el humo y las hostias comunitarias, surgió su voz decidida: El amor es más fuerte. El amor no es una palabra ni una paloma. Es una forma concreta y real de encontrarnos que nos hace mejores. Son las maneras que usamos para decirnos que no estamos solos y que alejados nos recordamos.

Yo quiero que mi respeto sagrado hacia ti se me note. Que sepas que no he nacido para reemplazarte; ni para humillarte ni para criticarte. Me nace acercarme a ti, como pueda y cuando pueda. Y si tú te alejas de mí, me va a doler, no porque te necesite, sino porque me importas.

Tú estás en lo tuyo y yo en lo mío. Pero lo principal no es que algo sea “lo tuyo” y algo “lo mío”. Para mí, lo principal es que existes tú y existo yo. Podrían cambiar nuestras circunstancias. Podría yo estar en tu lugar y tú en el mío. Tú seguirías siendo tú y yo seguiría siendo yo. Tú y yo poseemos existencias concretas, innegables e insustituibles. Y él, y ella, y todos, también.

Si cada ser se deja llevar por sí mismo. La cerradura funciona. Abierta la puerta cruzamos a otros mundos para descubrir el mismo mundo. Pero nosotros cambiamos y el mundo cambia.

En efecto, no es el mundo el mismo mundo si mi ser está iluminado a si no lo está.

Y como en un espejo tu rostro es mi rostro y mi rostro es tu rostro. Sin embargo, tú me miras a mí y yo te miro a ti, esa es toda la diferencia. ¿Cómo no agradecer tu existencia?

Llegó el día de la trilla y hubo fiesta y convite. Todos queríamos estar: mujeres, niños y hombres. ¿Quién cuidaría la carpa y los alimentos para que no vengan los perros y los animales a darlo vuelta todo? Yo me quedo, dije. Salieron a la hora de doce. Me quedé en mi propia intimidad intimando con el lago y el atardecer. Entre las penumbras apareció don José. Traía una botella de licor artesano y el pastel que la manda mi señora. Nos sentamos junto al fuego a co-existir. He visto a un hombre satisfecho de existir. Sus catorce sacos de trigo, ensacados. Sus dos sacos de porotos, ensacados. El resto repartido y pagado en trueque. La próxima semana me iré en carreta a Cañete. Veré a mi hijo, el de Agua Potable y le compraré un presente a mi mujer. A mi hija (de cuarenta años) las trabas pa`l pelo que me encargó. Me las pidió de color verde. Acá todo es verde, verde el suelo, verde los árboles, verde el lago. A veces, el cielo, como las esperanzas, también se pone verde. Verde quiere las trabas pa`l pelo mi hija. Y volveré al día siguiente, con mi manteca, mi yerba, mi sal y mis velas a vivir otro año con el alma verde, de encanto.

Si pudiera danzar lo que escribo, mi mano pintaría en el aire, temporalmente. Nada estático, sólo gestos que dialogan con el alma. Sensaciones y sentimientos. Y luego, la verdad innombrable.

Pues la danza es danza cuando, finalmente, muestra la dirección de la verdad sin nombrarla. Nada que traducir, nada que transcribir.

Sólo la conciencia de haber llegado al lugar sagrado sin moverse un ápice.

Diez años después de nuestro encuentro, en una noche de invierno, en Roma, caminé veinte kilómetros entre la lluvia y la nieve, por verle. A las dos de la madrugada tiré el cordón de la campana del monasterio. Quiero ver al Padre Juan Vicente. ¿A esta hora? A esta hora vengo llegando. Se prendieron las luces y en una pequeña sala calefaccionada nos abrazamos. Nos mirábamos, mi consejero espiritual y yo, y reíamos y llorábamos al mismo tiempo. Yo no tenía nada que decirle y él no tenía nada que decirme. Sólo que después de tantos años yo le llevaba ese regalo, un abrazo hermano.

Ya no veré a ninguno de ellos ni a don Lucho, ni a Juan Vicente, ni a don José. Pero ellos son habitantes eternos en mi pecho. Y si muero, diré contento: en mi vida, me encontré con el hombre.


Te invito a que permitas a cada cual ser cada cual. Deja la flor en su raíz y la flor te dará flores. Deja el animal en la pradera y el animal te dará vidas. Permite a cada hombre escribir su historia y el camino que siembras te llevará a Dios.