sábado, 12 de abril de 2008

Nuestra Saga (1992)

NUESTRA SAGA

Pato Varas


Esta noche hemos comenzado como amigos.
Como siempre debiéramos empezar
Hemos compartido el alimento y entrelazados nuestros brazos.
Unidos como peldaños en el silencio nocturno
las paredes nos han separado, más no nuestros sueños.

Yo te he recibido en mis brazos
Tú me has recibido en tus brazos
De este encuentro haremos costumbre.
Rodeados por nosotros mismos ningún paso es a ciegas,
pues por tus ojos veo, por mi boca cruzas,
en nuestros brazos, el descanso, y la música nos hace historia.
Sé que con tu mirada y sonrisa viene tu corazón.
Sabes que nace una nación.

Y, aún, cuando en tu corazón sientas que es invierno
y te parezca que vas solo o sola
mira y escucha a tu alrededor
entonces tres loicas cantarán para ti.

Sabrás que tu sueño es realidad
y que el hacedor te acompaña
Te vi caminar sobre el pasto
y marcar con tus pasos tu carácter.
Te abracé como piel tuya
y hablamos el lenguaje de los llantos.
Supe de tu sudor, de tu cuerpo y de tu risa.
En un pequeño vaso te di mis días.

Aquella noche el salón estaba encendido de penumbras y velas.
Las manos, leves y firmes, viajaban a paso ritual por nuestras almas.
Aquella noche de jueves tocamos nuestros centros
en el silencio del primer final.

A Paula Alessandrini no le gusta el jugo de melón
pero cuando me mira y la miro
y cuando le sonrío y me sonríe
y cuando el colador se nos cae
entre pepas de melón y penas del teclado
a Paula le gusta el jugo de melón
bueno ... le gusta un poquito ...
lo suficiente para que seamos amigos.

La comida ya está caliente
hay fuegos grandes y otros más chicos
la ensalada está aliñada
y a Vivian no le entró el vestido
ese que iba a comprar para el viernes.
A Vivian le entramos todos
como un chiflón de cantos le entramos sin permiso
nos fuimos quedando en ella
porque ella nació para acoger, para sonreir y reir
Ella nació para el encuentro.

Aquella tarde te lo cuento todo
para que no me sigas juzgando y criticando
para que sepas que, a veces, no sonreiré
y, otras, estaré abstraído.
Cuando, al fin, callo
tus manos y tu silencio me abrazan
y siento tu remanso.
Sumergido en ti, tal vez, vuelva a creer en la justicia
tal vez, vuelva la justicia ... la humana y la divina.

Al fin y al cabo, después de una semana
todos sabemos del alimento y del aire,
del movimiento y de la conciencia.
Sabemos del baile y del canto, del llanto y la poesía.
Sabemos de me siento y me percibo
de ese tapón que desbocó un llanto
de los miedos que se me entraron por las rodillas
y del cielo-mar.
Alexis, tu pelo suave y naciente merecía el sol.

La noche ha sido larga y fatigosa
y, aún cuando vamos, escalón a escalón, dejándola atrás
la noche no ha terminado.
Para algunas y algunos
la noche trae pesares, llantos que continúan.
El ego se nos atravesó en el camino
y, con el ego, el poder malentendido.
Así, lo que empezó bien ha terminado en desazón
el lunes será otra semana
habrá tiempo para re-comenzar, tiempo para aceptar.

Su cuerpo está duro, sus años, tiernos
sus labios musitan un llanto que casi no es llanto
mi mano en su pIexo es visitante en la calle
sin entrada ni invitación.
Le pido una letra, sólo una letra, y me la da
Dándomela se la da
Le pido un sonido
el sonido se hace tiempo y el tiempo llanto.
El llanto se hace historia y la historia, cambio.
Su pecho sube y baja
Su cuerpo viaja hacia su propia ternura
entonces, la ternura, también, llega de afuera
Ellas se funden en un abrazo de artesanos
Su cuerpo se abre, y por su avenida,
mis manos van tejiendo una nueva historia.
Así, el llanto viene una y otra y otra vez
Unidos, los tres, somos caravana férrea.
Somos un aire, un movimiento, un ser.
Cuando ella vuelva al piano
Ias teclas sentirán el cambio
sus dedos serán brisas que cantan la paz.

Los días son jinetes cabalgando nuestras emociones
Tras cada emoción un cansancio nuevo amanece
Una tarde, una mañana las piernas desvarían
vendas, yesos, emplastos aparecen sin aviso, sin invitación
Con ellos viene la solidaridad, la solicitud,
las manos vacías llenas de amor, plenas de calor.
Algunos y algunas, tal vez, estemos limitados por el tiempo
Ninguno ni ninguna nos abandonaremos
Juntos en el dolor, juntos en el amor
hemos creado nuestra nación.

Una vez más el aire nos carga y descarga
Diálogos de piel, de mano y cuerpo
Silencios nutridos, penumbras que nos acogen y recogen.
Gritos del alma, viajeros sin retorno,
que nos abandonan sin despedida
Gritos esclarecedores, retornos históricos
que nos regresan a nuestro destino natural.

Hoy aprendí a destrabar mi mandíbula
Hoy re-encontré mi ternura
Hoy te quiero sin condiciones
Hoy te miro sin temores
Hoy me deshice del cuarto oscuro
en que mamá quiso encerrar mi espíritu.
Hoy recobré mi sensualidad
esa que mi amada aún espera
Hoy te abrazo y te bendigo por darme tus brazos
Hoy fue hace dos semanas.

Nos vamos de viaje por nuestro cuerpo,
por nuestras emociones, por nuestra existencia
Nos vamos en trasatlántico
En los sones del tam-tam africano
En astros arquetípicos, en rostros altiplánicos.
Me gusta tu rostro y tu andar
qué lástima que me rehuyas, que me huyas
Viniste de tan lejos para no hablarme
Qué se yo, si nunca estuve en tu historia.

Cae la noche, nos vamos quedando en la conversación
en qué es facilitar, en nuestro camino
Conciencia - libertad - responsabilidad son montaña, mar y sol
Te emocionas, nos reímos.
Nuestras vidas son anécdotas en el plumaje de las aves.
¿Acaso no es el vagabundo-loco-profeta del Tarot nuestro símbolo?
Como Fritz añoramos ser profetas y vagabundos
con nuestra bolsa y morral al hombro
haremos del encuentro nuestro fin.

Me arrancaré los ojos y te arrancarás los ojos
Te veré con tus ojos, me verás con mis ojos
Sentiré que tu cuerpo es mi cuerpo
y que mi cuerpo es tu cuerpo.
Dejaré mis juegos y juguetes
Nunca más seré la Cenicienta
Solamente pelaré porotos, libremente.

Richie eres un rey, dos puntos más y descansamos
El balón se amista y enemista con nuestras manos
El cesto es como tantas metas deseadas.
Otra vez tengo al Chino encima como cancerbero de mis pasos
¡Minuto! 17-14; 31-30. Me estoy muriendo.
Richie eres un rey. Pato me duele el dedo
Richie dos puntos más y a la ducha. Dos puntos y ganamos.
Richie agarra el jabón. Sí, está re-buena la ducha caliente.

Cada tarde iniciamos un viaje al centro de sí mismo.
Mi hermano me enseñó a cantar
y, ahora, mi hermano está muerto
Mi papá quiere que cante
¿Cómo cantar si mi hermano ya no está?
Mi papá se ríe mientras yo canto
y lloro aferrada a mi miedo interior.
Mi hermano no está, mi padre tampoco.
Estoy sola con mis versos
y esa mujer rota que, aún, no alumbró
pero, más allá de mi historia, voy nutriendo, voy nutriéndome,
y mi anhelo es ser solamente lo que soy.

¿Y qué es congruente?
Hacer y decir lo que siento y pienso
te acepte o rechace, te ame o tema
Sea lo que sea: pensarlo, sentirlo, decirlo, hacerlo.
¿Y qué anhelo?
Anhelo aquella tarde
en que tú estarás en mi lugar
y yo en el tuyo
Anhelo escuchar tu voz pidiendo: "Respira profundo"
Ver tu mano tocando a ese hombre o mujer
con más dulzura que su propio llanto
Anhelo sentir que eres un facilitador o facilitadora
Que tu arte es amar, ser humano,
ser humana y amar.
Que tu conocimiento es tu pretexto
para estar, ser y sentir con el otro
Anhelo morir sabiendo que nuestra nación
es una tribu nómade que recorre el continente
haciendo al ser humano más humano
Y conocí tu emoción.

Tu mejilla, tu llanto, tu sudor
Tu pelo rizado, tus manos crispadas
El oleaje de tu pecho, el calor de tu abdomen
abrazados en tu emoción y mi compañía.
Unos rostros acostumbrados descansan silenciosos
Si ya me lo he llorado todo
Si ya no quiero más llorar, me dices
mientras tus lágrimas brotan y brotan incontenibles,
generosas, desbordantes como fue y será tu sonrisa.
Pasan los minutos
en mi hombro van quedando tus recuerdos y llantos
Sentados frente a frente, mientras nos alimentamos,
se que has cambiado.
Tu mirada empieza a abandonar el recelo
y a permitir la confianza.
¿Me contarás, algún día, a quién me parezco?
¿La próxima vez, me abrazarás a mí?

Una niña cruzó rauda hacia el cielo
Llevaba su pelo anudado y una muñeca de trapo
Sus dulces cayeron dispersos y el suelo germinó jardines
Escaleras abajo se venía rodando la pelota de goma roja que perdí en mi escuela.
Cuando la quise abrazar estaba yo en una esquina gris
sintiendo la lluvia y el frío de mis pasos
Una pordiosera me estiró su mano
¡Yo no pido limosnas! me dijo,
mientras su madre planchaba sus ropas de domingo.
¡Yo no pido limosnas! ne dijo
y vi que, en verdad, era una sabia que leía el futuro.
Tomé su mano y leí su vida
Ahí estaban todas sus conquistas y ninguna colonia
Ahí estaban todos sus amados animalitos
y, tras la ventana nevada, sus familiares petrificados
No me pidas la verdad, no te vayas a morir.

Cuando cae la tarde
descubro que el agua y el pasto son mis confidentes
En ellos quedó mi ilusión y mi dolor
Allí descansan la verdad y el amor
El agua y el pasto
se tomaron de la mano
para lavarme la cara
Aquella noche, al mirarme al espejo, el reflejo fue infinito
Y aún voy viajando en mis pupilas
Así de profundo fue el encuentro.

Con Elena las bandejas son menos y la amistad más
Con Lorena el pimentón es poco y la amistad más
Con Mario el jugo de tomate es relbueno y la amistad más
Aprendí que quien no ama, ama el poder
Que quien no cree, guarda las llaves
Que quien no abre su corazón, habla por los otros
Ojalá vuelvas a terminarte de ser.

Es el miedo el que hace al hueso duro de roer
No afiles tus dientes. Quítale el miedo.
Pon tu mano, si es necesario, en el fuego
No le hables de su confianza en sí,
sino de tu confianza en él
Llegará el día en que sea tan flexible
como para saber amar.

Cochayuyo o ave. Tomates solos o con ajo. Café o té.
Talleres alternativos. "Me da lo mismo", no tengo.
Y si en cada gesto una decisión
entonces clarificada tu meta, obvio será tu camino
Hace años ya que abandoné mis gestos inútiles
En mi vida todo es espontáneo pero nada lo improviso.

¿Y cuál es tu naturaleza?
Abre tus ojos y descubre
que aún no conoces tu verdadera naturaleza
Hoy llamaste naturaleza al miedo que la cubre
El miedo que te envía a caminos erróneos
El miedo que brota en tu carcajada
El que escondes en tus muslos e ijares
Tampoco creas que yo soy la solución
La solución eres tú. Decide lo que quieres.
Si quieres la leche sin nata
Simple, sacaremos la nata
No digas: "inspiro y te acepto, espiro y te rechazo"
Dí: "Inspiro y te acepto, espiro y me aceptas".

Gracias, Daniel, por los caramelos de licor
Een cada uno degusté tu originalidad
tu arte de crear amistad, tu plateada sonrisa.
Gracias, Luly, por tus besos de luz
En cada uno de ellos disfruté tu generosidad
tu amor incondicional y esos ojos que nunca terminan de brillar.
Gracias Pato, gracias Lucho
Hermanos, sin ustedes yo sería manco
Gracias Clyde, gracias Ruth, gracias Gloria, gracias Maggy.
Gracias Erick, gracias Verónica, gracias Rayito, gracias Pilar.
Gracias Mario y Darío, gracias Lílian, gracias Luisa
Gracias Sonia, gracias Rodrigo, gracias Brunilda
Gracias Ana María, gracias América, gracias Adriana, gracias Shirley
Gracias Miriam y Miriam, gracias Juan Carlos, gracias Marcia.
Sin ustedes este Programa no existiría ni sería lo que es
Gracias hermanas y hermanos extranjeros
que le dan y han dado a nuestro aprendizaje
un carácter multicolor y multidinámico
Gracias de Arica a Punta Arenas
Gracias hija por tu "Está relbueno", por tu "tch-tch"
Gracias Angélica por ser absoluta
Gracias señora Quenita por su amistad y sabiduría
Gracias Gabriel por tu apoyo y compañía. Gracias CPEIP.

Es nuestra última semana, son nuestros abrazos finales
que como pequeñas llamas iluminarán nuestros futuros
En un año más este salón volverá a acogernos
a cobijarnos, a abrigarnos.
En el intertanto de El Salvador a Punta Arenas
pasando por Caracas, Bogotá, Quito, Guayaquil,
Lima, Buenos Aires y Bariloche
no habrá noche para nosotros
Seguiremos unidos en nuestro quehacer
Juntos en nuestra caravana.


Repetiremos una y otra vez nuestra marcha india
Cabalgaremos sobre nuestro cansancio
Abriremos brecha donde sólo hay espinas
Cruzaremos colina, tras colina
Nos descolgaremos por quebradas de espanto
Y remontaremos cumbres en penumbras.
Más allá de todo sudor y todo temor
sólo aspiraremos a tocar, desnudos, las estrellas
mientras las luces de la ciudad lejana
en nuestras pupilas se reflejan.

Como siempre y más que siempre
somos espejos, espejos cálidos,
amplios, profundos y con perspectiva,
que aceptamos hace vidas
ser, en el silencio, plumas
que flotan en las manos de Dios
Amigas y hermanos aceptemos su Bendición.


(Discurso de Clausura. Programa de Formación
de Facilitadores, Febrero 1992. Lo Barnechea)

Una conferencia - taller. (1989)

PERSONA, LIBERTAD Y AMOR EN EDUCACIÓN
(Una conferencia - taller)

Pato Varas


En cierta ocasión un barco llegó a puerto con sus máquinas en mal esta-do. Y era un puerto chico, no había como arreglar el barco, así es que el capitán del barco indagó por aquí, por allá y descubrió que había un japonés que arreglaba barcos y fue donde el japonés para perdirle que le arreglara el barco. El japonés se metió a su casa, salió con una maleta y se fue al barco.

El japonés ponía el oído por aquí, por allá, hasta que llegó a un lugar, abrió la maleta, sacó un martillo, pegó un fierrazo y se puso a andar la maquinaria del barco. Se fue el japonés a su casa y el capitán le mandó a pedir el costo del trabajo, el japonés dijo: ¡mil dólares!, se molestó el capitán del barco, ¿Cómo mil dólares si fue un ratito?, así que sarcásticamente le mando a pedir al japonés que le hiciera una esti-pulación detallada del cobro. El japonés anotó: por pegar un martillazo un dólar, por saber dónde pegarlo 999 dólares.

Bueno a mí como a ustedes estimados colegas, nos pagan por conversar, por hablar y en este caso por pegar el martillazo.

Podemos hacer muchas clasificaciones en la vida, yo voy a hacer una más, podemos dividir este mundo entre los que hacemos cosas y creamos cosas y los que nos critican por lo que hacemos y creamos. y nosotros los profesores estamos muchas veces en esas condiciones, hay en el mundo un grupo de gente dedicada a cri-ticarnos por lo que hacemos, mientras nosotros hacemos algo.

A nosotros los profesores o los que estamos dedicados a éste campo, a éste ámbito reitero, nos pagan por hablar y la clave está si lo que decimos es un marti-llazo que produce cambios o no, real profundo, esa es la clave, el desafío personal de cada uno de nosotros.

Hay algunas cosas básicas en el aula, nosotros somos clave central. De manera que pienso que el primer punto es la calidad nuestra, personal, nuestro esfuerzo por ser lo que somos, lo que simplemente somos, no aparentar lo que no somos, sim-plemente ser lo que somos y ser nuestra mejor posibilidad de existencia.

Siempre he contado que lo más importante que aprendí en primera pre-paratoria, fue que la profesora me amaba, eso fue lo más importante, no me importaba mucho si había que aprender a leer o escribir, quería saber que puntos calzaba la profe-sora y lo más importante que me pasó era que me amaba, realmente me amaba y no era pariente mía. Yo era libre en esa época aún.

Mi mamá decidió cambiarme porque tenía que ir a un colegio con más proyección, así es que me cambió a los Padres Franceses. Yo estaba feliz en el David Trumbull, pero ella me cambió a los Padres Franceses y llegué ahí a cuarta preparato-ria.


Un día estaba al lado de la campana y pasó otro chiquillo y dijo ¡toca la campana!, y yo toqué la campana, salió el Padre Romualdo, ¿quién tocó la campana? Yo que era libre en esa época y sabio mucho más que ahora, niño era al fin de cuenta, dije ¡Yo!, y me pegó una cachetada, me di vuelta y me fui. Me fui sin dinero, me subí a un trole, yo no sabía bien donde tenía que bajarme en Valparaíso yo vivía en un ce-rro, llegué a la oficina de mi mamá del Servicio Nacional de Salud, subí al 4º piso, entré llorando, ya me dijo, quédese aquí mi amor, de consuelo me pasó un papel y un lápiz para que hiciera dibujos, y me dijo yo voy a ir al colegio a hablar y se fue al cole-gio, llegó a la noche y me dijo ya usted puede ir al colegio, no hay problema, no mamá si yo no voy más al colegio, pero como hijo, hablamos harto tiempo al final yo transé con ella, yo voy si el cura me pide perdón.

Tres días estuve sin ir al colegio, al tercer día mi mamá me dijo ya vaya que el Padre le va a pedir perdón y llegué esa mañana iba avergonzado yo, tres días sin ir al colegio, ya me sentía mal, así que me hice la rastra y esperé que todos los cursos hubieran entrada a la sala y me fui a la oficina y entré a la oficina del cura Romualdo que era el Vicerrector del colegio me dijo siéntese Patricio y me pasó unas revistas de monito, yo no quería revistas de monito, yo quería que me pidiera perdón. Era un cura alto, flaco, huesudo, flemático, se levantó se puso de pie y me miró, yo era bien chico y me dijo Patricio quiero pedirlo perdón por haberle dado un golpe en la cara y eso no va a pasar nunca más, yo me puse a llorar ahí mismo y él también, nos abrazamos. Nun-ca me he olvidado el cura Romualdo, ni él se ha olvidado de mí, ¡creo yo!.

Esa es la vida de verdad, algunas personas desde chico la aprendemos a vivir de verdad, defendiendo aquello en que creemos, con valores claros desde chico, nadie enseña los valores. Tenía 9 años y tenía claro lo que era el valor. Así que lo que estimaba interesante y valioso era la forma en que íbamos a interaccionar, a partir de las cosas en que creíamos y valorábamos.

La mayoría de los profesores a veces estamos o están empantanados con el asunto de los programas, la verdad es que tiene mínima importancia y todos nosotros lo sabemos, ese es el primer problema del curriculum, saber seleccionar qué vamos a hacer.

El programa sea de este ministerio o de otro, de ahora o del pasado, en general no nos sirve mucho por una razón muy simple, porque los contenidos en gene-ral no nos sirven mucho. la primera clave es aceptar y comprender que en la interac-ción entre una generación y otra a través de un adulto, que es el profesor y otra genera-ción que son los niños y alumnos, nosotros estamos ahí para mostrarles a esas perso-nas, cuál es el sentido de las cosas, y cómo desarrollar el arte de convivir consigo mis-mo, con las demás personas, con las cosas, con las ideas, con los seres, con el universo, con Dios y con la muerte.

Creer que es posible hacer esto mediante la transferencia de contenido es falso, así que la clave no está en el contenido, por lo tanto tampoco está en los pro-gramas. Las personas que siguen pensando en el contenido están en un error, son al-gunos contenidos, el problema es cuáles.

El profesor de éxito sabe seleccionar los contenidos fundamentales, con los cuales realmente el alumno se va a enamorar de su quehacer, lo primero es amar lo que se hace y amar con quién se hace es una primera clave, entonces saber que el uni-verso no se transfiere por la vía de la parcelación asignada de contenidos, sino por algunas claves, directrices que nos permiten captar el Eidos, el sentido total, la Gestalt, la totalidad, la configuración del universo desde un determinado enfoque.

Eso significa también tener claro qué aspectos de lo que va a ser cono-cido ha de ser conocido y cómo y eso significa seleccionar además los objetivos; se podrían hacer todos los programas con dos o tres objetivos y dos o tres contenidos y en realidad yo creo que en el futuro van a haber cuatro a cinco asignaturas no más, cien-cia, arte, lenguaje, movimiento.

Pero estamos en una cultura que es la cultura escolar, donde nosotros somos profesionales dentro de esa cultura y nos resistimos nosotros mismos, como nos hemos resistido, a salir del campo de las asignaturas y, entrar al campo de la educación o del conocimiento en sí o del sentido del conocimiento, porque se requiere saber más, conocer más en profundidad para poder ser más selectivo, no es por la vida de la eru-dición que nos volvemos sabios, sino por la vía de la simplificación de todo lo que conocemos.

Supongamos que tenemos un alumno nada más y que ese alumno va a vivir en diez años más en una galaxia extraña que no tenemos idea en qué consiste. ¿Qué podemos enseñarle? ¿Qúe de verdad necesitará saber? Lo primero es que ese ser tiene instalada ciertas capacidades perceptivas que se traducen en la visión, el olfato, el oído, el gusto, el tacto, la propia perceptividad interior del cuerpo, es decir, hay una capacidad instalada en cada sujeto que puede ser desarrollada y ya que estamos doce o catorce años en un lugar llamado escuela podríamos dedicar un buen tiempo a que esa persona desarrollará eso, su propio aparato instalado, podría haber una cátedra de per-cepciones entonces, ya que a algunas personas les gustas las asignaturas. Desarrollar la capacidad perceptiva en el ser humano, es hoy día mucho más importante que ense-ñar un contenido.

Yo quiero decir aquí, responsablemente que la cuestión de los medios materiales es un mito, para la educación no se necesita nada, solamente dos personas porque cada persona es objeto legítimo de aprendizaje, pero tengo que descubrir que la educación no consiste en esto que estoy haciendo ahora, que uno habla y que los demás escuchan.

La educación consiste fundamentalmente en la realización de una expe-riencia significativa sobre la cual se puede volver a reflexionar y se convierte en algo integrado a la persona, a un grupo y entonces la clave está en experienciar no en in-formar, a veces hay que informar, pero la información siempre es una síntesis, las ex-periencias cubren mucho tiempo, aquí hay un problema ético, es decir, una cuestión de valor y eso significa hasta que punto el educador es una persona que en sí constituye un ser existente valórico, que con eso educa lo que es la existencia valórica. Y los va-lores los convivimos, la escuela nunca se ha preocupado de la amistad, ni del amor. Primero que nada la escuela puede dedicarse al desarrollo de la percepción, existen tecnologías desarrolladas, hoy en día están a la venta en las librerías de Concepción. Y la percepción es la base del proceso de desarrollo del ser humano, es la base nada más que eso, la base.

En segundo término, el cuerpo humano y el ser humano tiene potencia-lidades que podríamos decir que están en la respiración, en el movimiento, en la per-cepción, en la sensación, en los sentimientos, en las emociones, en los pensamientos, en la meditación, en el silencio, en el diálogo, por nombrar algunas, en la alimentación, en la salud y no basta con pensar del cuello hacia arriba y tener un discurso intelectual, es necesario interiorizarnos de esto hasta las células.

Pero nosotros pertenecemos a una cultura que es del cuello hacia arriba verbalista, oral, cerebral, visual, clasificadora, mental donde el cuerpo es de segundo plano. Ponga su mano en el abdomen ¡ahora!, no tenga miedo, ponga su mano en el abdomen, ahora perciba su respiración. ¡No cambie su respiración!, simplemente per-ciba como es, ahora chequéese internamente. Usted, cuando toma aire o inspira que pasa con su estómago, está quieto, se mueve, se mueve en sentido de expansión o usted lo contrae. Lo tiene claro en su mente y en su cuerpo, si, la respiración sana incluye que cuando yo tomo aire expando el estómago, así que si su estómago está quieto o usted lo contrae al respirar, usted ni siquiera sabe respirar, ¿cómo va a saber pensar?

La gente que cree que puede pensar bien y respirar mal tiene una incon-gruencia interna, cómo vamos a educar entonces, qué educamos, educamos la incon-gruencia.

Estire su mano y póngala en el hombro de la persona que está delante, ahora respire con tranquilidad y tome contacto con esa persona, perciba que pasa, se mueve el otro o no se mueve, si se mueve quiere decir que esa persona usa su capaci-dad clavicular de respiración. Hay mucho que podemos aprender de nosotros mismos, sobre nuestro propio cuerpo, no los dibujitos que hacen en biología ¡no!, la percepción de nuestro propio cuerpo.

Quiero que imagine cuál es la distancia que hay en la comisura de sus labios, usted sabe cuál son las comisuras de sus labios, ésta es una y ésta es otra, ima-gine cuál es la distancia que hay, cierre los ojos y marque la distancia y ahora verifique ¡le achunta!, tiene representación kinésico-mental de su propia longitud de aquí acá, o no la tiene. Es un ejemplo simple de conciencia sensorial, puede imaginar la distancia que hay dentro suyo, de su hombro izquierdo a su hombro derecho ¡la puede imaginar!, ahora no haga nada, tiene la certeza de que conoce exactamente esa distancia o no.

Ve que hay mucho que aprender de sí mismo, esto que estoy haciendo es un método dentro del desarrollo personal de la psicología contemporánea, se llama ejercicios Feldenkrais desarrollado por Moshe Feldenkrais, profesor durante muchos años en el Instituto de Esalen de California. Por supuesto que estas cosas no ocurren en la sala de clases.

Una de las claves por las cuales las personas perdemos la creatividad es por los bloqueos emocionales. Hoy en día existen tecnologías para el desarrollo perso-nal y para el desbloqueo emocional, porque el desbloqueo emocional significa recupe-rar la capacidad de llorar, y de gritar, de golpear si es necesario, y al mismo tiempo la capacidad de mirar con amor, de acariciar y de expresar lo que realmente se siente por una persona, no solamente con las palabras, sino que con la mirada, con los gestos, con el cuerpo. Y ya que la escuela tiene 12 años cautivo al ser humano, pudiera dedicar tiempo a esto.

Que siente usted en este momento emocionalmente, chequéelo, siente aburrimiento, siente curiosidad, siente expectativa, siente miedo, siente rabia, ¿qué siente realmente?, ¿lo puede chequear?, ¿lo siente o lo está pensando? Si usted lo sien-te, entonces tiene que saber ubicarlo en su cuerpo, si usted dice que en este momento siente rabia tiene que sentir en alguna parte sensorialmente la rabia en el cuerpo, o si siente aburrimiento tiene que sentir sensorialmente el aburrimiento en alguna parte del cuerpo, si no quiere decir, que meramente lo está pensando. ¿Tiene desarrollada la capacidad de sentir realmente?, ¿lo puede expresar?, es realmente capaz de decirle a su vecino lo que estaba sintiendo, es cierto o ahora, no se lo va a decir, o lo va a cambiar sobre la marcha, ahora dígaselo al vecino. ¡Ven están todos trancados!, ¡dígaselo pues!.

Si tú no te conviertes en un actuante de tú existencia no hay ningún maestro que lo haga, pero hemos sido vacunados para escuchar y después para hablar a otros que nos escuchan, pero no para interaccionar. Ese es un gran campo en el desa-rrollo de la interacción educacional, que lo ha tomado el Desarrollo Personal porque la escuela no la ha querido tomar.

Cuarto punto: ¿Tú sabes cuál es tu estado actual en la vida? ¡realmen-te!, ¿lo puedes expresar en tres frases?, es decir, ¿están claras las metas propias a me-diano o largo plazo, instaladas sobre fundamentos valóricos? y ¿puede ser comparada con la vida actual de cada uno?, ¿o eso no es algo que está en mi mente, yo no más vivo?

Yo no quiero ser capitán Araya, una clave para mí es la honestidad, es difícil ser honesto, no es fácil, consigo mismo y con los otros, es muy difícil, no es fácil, pero es hermoso.

La primera valla por la cual no somos honestos es el miedo, pero una vez que somos honestos disfrutamos la honestidad y la honestidad no consiste en criti-car a la gente. La honestidad consiste simplemente en decir lo que me pasa, lo que pienso, y lo que siento, o lo que anhelo, o lo que he vivido y lo que pienso de otra per-sona, nada más, eso es todo, pero somos sumamente selectivos, primero en términos de honestidad y en segundo término, terminamos diciendo lo que es conveniente, ya lo ha dicho nuestro amigo Víctor Frankl, en la vida o se tiene una vida con sentido, o se tie-ne una vida para el placer, a falta del sentido, y una de las formas de perder el sentido a la vida, es hacer las cosas por conveniencia.

Yo soy un hombre separado, ése es mi estado actual. Yo soy hace 5 años separado, pero no es la primera vez que me separo, es la segunda, lo más importante siempre en mi vida ha sido y fue la relación de pareja, en mis dos matrimonios terminó la relación de pareja, la terminamos, eso no me gusta de mi vida, no he sido feliz con eso. La primera vez yo era joven y mi esposa era más joven. Y finalmente ella me dijo muchos años después, que no estaba enamorada cuando se casó, y por eso se sepa-ró, a muy pocos meses de habernos casado, y tuvimos una hija que hoy tiene 17 años y valió la pena por la existencia de la Sole.

Y la segunda vez yo estaba enamorado y mi esposa también y nos ca-samos, estuvimos 6 años casados, y con el transcurrir de los años, ambos nos fuimos distanciando, enfriando, hasta que en los dos últimos años pudimos decirnos mutua-mente que no nos amábamos, que ya no era cierto que nos amábamos, he hicimos har-tos esfuerzos por mantener en nuestra familia, en nombre de los hijos. Tenemos 3 hi-jos, pero finalmente nos dimos cuenta de que nos estábamos privando de existir o de coexistir con otra persona amada como pareja y que en realidad no era ese un ejemplo digno para nuestros hijos de amor. Y muchas veces nos decíamos, pero para que va-mos a terminar si nos llevamos tan bien, porque no peleamos, ni discutíamos, de una manera sui generi decidimos separarnos como pareja, y no como padres y eso lo hemos cumplido pero hasta ahí por no más y eso es algo que en mi estado actual yo quiero cambiar, yo quiero ser más padre de mis hijos, porque soy un padre lejano.

Y soy muy amigo de Carolina mi ex-señora, me llevo mejor con ella como amigo que como esposo, porque como amigo podemos amarnos, es fácil, pero como pareja no, no nos amábamos finalmente. Pero no por eso digo que no hay que casarse o que no hay que constituir pareja. Yo tengo pareja actualmente y yo la amo y ella me ama y a veces nos llevamos bien y a veces nos llevamos mal, yo tengo dos indicadores claros por los cuales sé que la amo: uno es que siento en mi pecho perma-nentemente una sensación que no la siento cuando no estoy enamorado. Eso única-mente aparece en mí cuando estoy enamorado aquí, en mi pecho, y la segunda es que me vuelvo monogámico.

Yo sé que es divertido porque como que no está con la cultura actual, pero es verdad, cuando estoy enamorado o amo, soy absolutamente fiel. Ese es mi estado actual. No voy a referirme a la parte profesional, porque debe ser muy fácil hablar como estado actual, estoy hablando de algo que es íntimo y que me cuesta ser honesto delante de ustedes, no es fácil, pero se los digo porque sé que al decirlo es hermoso aunque difícil, ¡eso es lo que yo llamo ser honesto!, habría sido hermoso tener un profesor así en mi clase cuando era alumno, y tengo el anhelo de casarme con mi pareja, no estoy convencido que ese sea su anhelo y me duele.

¿Usted cree que hay otro tema que humanice más al ser humano que el amor? Yo discrepo con todo respeto de las afirmaciones que el ser humano se distin-gue por su racionalidad. El ser humano, en mi opinión, se distingue por su capacidad de amar, eso es lo que lo acerca a lo divino.

Tercero. Hay un campo, que es el campo de la clarificación de los pro-pios valores de las metas que puede ser desarrollado por nosotros profesionales de la educación, pero que pasa por cosas como ser honesto, ser espontáneo, ser amigo de la naturalidad, poseer integración cuerpo-mente, ser auténtico, tener conciencia de sí mismo y del mundo, asumir esta conciencia responsablemente, después de eso y sola-mente después de eso algo ocurre en nuestro interior que se llama Libertad.

A mí, personalmente, todo el mundo me puede cambiar la vida, muchos aspectos del entorno pueden cambiar los acontecimientos de mi existencia, pero nadie, absolutamente nadie puede cambiar mi actitud con que yo enfrento mis acontecimien-tos, eso es lo que se llama Libertad Interior y yo estoy consciente gracias a Dios o gra-cias a mí, eso no lo cambia nadie, eso es lo que yo llamo personalmente la actitud edu-cadora, poseer esa libertad interior.

¡Para qué es el asunto de la educación!, en mi opinión para amar, nada más, para dar, para entregarse sin otro propósito, entonces yo creo que en la interac-ción de aquellos que hacemos algo en la vida por otros, profesionales en la relación de ayuda básicamente, la clave somos nosotros mismos, somos el instrumento. El primer perfeccionamiento, es el perfeccionamiento personal, después de eso, la interacción con los demás se vuelve distinta, la volvemos distinta y eso es lo que crea los ambien-tes gratos, nutritivos, en donde vale la pena estar y conversar y existir y a partir de eso algunos hombres generan empresas, obras, conocimientos, poder, en fin, infinitas co-sas. Esto es el fundamento.

Hay un cambio que cada ser humano recorre, puede ser mostrado de muchas maneras, pero nadie puede caminarlo por otro, cada uno llevamos nuestras propias huellas, podemos ir acompañado, es bonito, y hermoso ir acompañado, pero no podemos ir dejando las huellas del otro.

El sentido no es algo que yo pueda darle a otro, cada uno le encuentra el sentido a su vida y el educador no le da el sentido a la vida del alumno, solamente crea una instancia en la cual el alumno puede encontrar su propio sentido, entonces hay cosas que hacer y hay cosas que dejar de hacer, hay cosas que tu y yo sabemos que no tienen sentido seguir haciéndolas, aunque estén en el programa.

¿Qué nos limita? Voy a recurrir a un antropólogo, a Carlos Castaneda. Voy a relatar como él recibe la enseñanza de don Juan, un indio Yaqui o un hombre de conocimiento.

El primer problema es el miedo, ese es el principal enemigo que noso-tros tenemos. De distintas naturalezas, no es necesario especificarlo, cada uno tenemos miedos distintos, pero tenemos nuestros miedos, los miedos son nuestros impedimen-tos primeros y primarios, por los cuales no desarrollamos una calidad de vida o de in-teracción, que a nosotros mismos nos enriquezca y que enriquezca a los demás.

En algún momento de nuestra vida algunos de nosotros, no todos, ven-cemos el miedo, es decir, aceptamos ser responsables, es decir, aceptamos la conse-cuencia de los actos que emitimos, de las palabras que decimos, de los sentimientos que expresamos, de los pensamientos que tenemos, ayuda mucho saber algo de budis-mo, conocer el cuento chino acerca de si será para peor o mejor. Eso se los voy a con-tar al final.

Una vez que hemos vencido el miedo aparece la claridad, pero la clari-dad es un segundo enemigo peor que el miedo, porque la claridad es siempre claridad del pasado.

Aferrados a lo que tenemos claro; nuestras doctrinas, nuestras creencias, nuestros principios, nuestros paradigmas, nuestras acciones, nuestras leyes, nuestros conocimientos quedamos anquilosos porque nosotros no existimos solos, sino en inter-acción con el universo y este sigue su marcha y nosotros quedamos anclados a una representación mental de lo que el universo fue y para salir de eso es necesario dejar de pensar, parar la mente y estar permanentemente percibiendo el aquí y ahora.

¿Cómo se vence la claridad?, aceptando volver otra vez al caos, volver a la incertidumbre, aceptar a la incertidumbre como un valor, lo incierto o lo dudado como un valor, como un estado (temporal), cuando hacemos eso, entonces adquirimos un gran aliado que es el poder, tener poder es la capacidad de influenciar a los demás; porque hemos perdido el miedo y porque la claridad la podemos, dejar y tomar, esta-mos actualizados en nuestra profesión y en nuestra relación con el entorno de las per-sonas.

Pero el poder, no lo sabremos nosotros, es un enemigo peor que la clari-dad y el miedo, porque genera vanidad y hacemos algo que es muy grave, pensamos por los demás y decidimos por los demás, que es una pérdida de la democracia, o de la libertad; decidir lo que es bueno para otros y hacerlo y decidir que se haga así, e impe-dir que el otro desarrolle su propia existencia.

La mayoría de nosotros los educadores estamos en ese punto, tenemos capacidad de influencia o sea poseemos cierta claridad, a veces la perdemos, hemos perdido el miedo en cierto campo de la pedagogía, pero el poder como capacidad de influencia nos amarra. De manera que el hombre realmente crece y se desarrolla como un sabio, o como un hombre de conocimientos, como un hombre de amor, cuando abandona esto, (o como dirían los Hindués cuando abandona el ego), lo que significa en mi opinión, generar ambiente y oportunidad para que las personas desarrollen ellos sus proyectos de existencia a partir de sí mismo y no a partir de mi mismo.

La capacidad de hacer proposiciones en vez de dar órdenes o rogar, que son las dos formas: el ruego y el mandato, mediante los cuales abusamos o manipula-mos la interacción humana. Simplemente la capacidad de proponer, que significa aceptar que nos digan no. A veces nos dirán, si y a veces nos dirán no. Como capaci-dad libre de interacción entre nosotros, eso no ocurre en las escuelas, no es posible decir no.

Dice Castaneda que cuando un hombre es capaz de abandonar el poder y estar al servicio de los demás, entonces le queda un solo enemigo, que es la vejez, es decir, aceptar la muerte y ese es un enemigo invencible, pero la muerte no es un hecho futuro, la muerte es un hecho presente, cada uno de nosotros tiene la muerte parada sobre el hombro izquierdo ahora y la muerte consiste en cuan capaz fui yo de vivir de la mejor manera posible mi propia vida hoy.

Entonces en mi opinión, el desafío de nosotros los educadores, sigue siendo un asunto personal, donde el asunto de las signaturas no me parece realmente esencial. Lo esencial es que las personas que realmente generamos una interacción en la vida de mejor calidad, estamos en condiciones de cualquier elemento, convertirlo en un elemento de buena interacción en la vida, un programa, un contenido, una experien-cia, una conversación, etc.

Quiero decir, entonces para terminar, que a pesar de todo no está la cuestión regulada por el éxito, por el logro, sino por la acción misma en su capacidad enriquecedora o por el proceso mismo, la interacción misma, porque nosotros somos seres frágiles en la existencia del universo, y podemos ser volados de una plumada de la vida, por mucho que creamos que somos invencibles y que somos inmortales.

La vida tiene cualquier cantidad de interacciones que no están en nues-tro poder manejarlas y que nos hace a nosotros ser un elemento perdido más en un uni-verso, de manera que no podemos dar garantía de éxito, lo único que podemos garanti-zar es nuestra intencionalidad interior, fundada en aquellos que creíamos.

Fue un campesino donde un sabio chino y le dijo: ¡Maestro se me perdió el caballo! El Maestro dijo ¡se te perdió el caballo, quién sabe si eso será para bien o para mal!

A los quince días volvió el campesino donde el Maestro y le dice: Maes-tro, bueno por algo usted es Maestro, volvió el caballo acompañadito, así que ahora tengo un caballo y una yegua. El Maestro le dijo: así que el caballo volvió acompaña-do de una yegua y quién sabe si eso será para bien o para mal.

Al mes volvió: Maestro, sabe salí a caminar, a pasear con mi hijo de ca-torce años, usamos los dos caballos, ya que teníamos dos caballos, se cayó mi hijo y se quebró una pierna. Así que tu hijo se cayó del caballo y se quebró una pierna, quién sabe si eso será para bien o para mal.

A la semana volvió. Maestro antes que nada yo le rindo pleitesía. Us-ted es sabio, yo me avergüenzo de haber pensado mal de usted, vinieron de la cons-cripción porque estamos en guerra, como mi hijo está con la pierna mala no se lo lleva-ron, ¡qué bendición! Dijo el sabio ¡Así es que no se llevaron a tu hijo a la guerra!, quién sabe si eso será para bien o para mal. “Cuento Chino nunca acabar”. Muchas gracias.

La Danza infinita (1986)

LA DANZA INFINITA

Pato Varas


Para comenzar diremos que la creatividad es la celebración de nuestro ser y de nuestra vida y nuestra existencia; es acto, expresión y realización; es el desa-rrollo y afirmación de la propia visión; de la expansión de los horizontes; es, en buena medida, un acto de valentía y valoración (Zinker, 1979).

De este modo las personas creativas expresan sus ideas y sentimientos sin represión ni temor al ridículo, no rechazando lo desconocido, sino más bien se sien-ten atraídas hacia la experimentación de situaciones nuevas y originales (Maslow, 1982) y se aceptan así mismos llegando a ser cada vez más espontáneos y menos con-trolados e inhibidos.

La actualización de nuestra creatividad ocurre en el encuentro de mi ser con el mundo, de un organismo con su ambiente. Cuando afirmamos que la psicología es “el estudio del ajuste creativo” (Perls y otros, 1951), estamos diciendo que nuestro yo, en la medida que es creativo, llega a resolver de mejor manera su ajuste e interac-ción con todo y todos los que lo rodean.

El grado de armonización o sincronización entre nuestro mundo interior y el mundo externo, marca la calidad de nuestro ajuste. En tanto que mostramos inte-gración, mostramos, por ende, creatividad y manifestamos cualidades que nos hacen constructivos, sintetizantes, unificantes e integrativos.

Evidentemente los procesos de realización personal y de desarrollo de la creatividad marchan de la mano. Cuando nos decidimos a explorarnos, empezamos a tener noticia de nuestras fuerzas y potencialidades. Este movimiento nos permite una mayor conciencia y valoración de nuestro propio ser, que de inmediato nos exige y vuelca, en algún sentido, hacia la expresividad. En este proceso, no sólo iluminamos nuestra vida interior, sino, también, significamos nuestro entorno y lo enriquecemos.

A estas personas les preocupa más lo que ofrecen y entregan que el po-sible cuociente de burlas y “que dirán” que recibirán. Vencen el temor al ridículo, pues ya han aprendido a autoaceptarse y aceptar las situaciones y problemas que la vida les plantea como algo inherente y motivante para sí mismos. En el polo opuesto, nos encontramos con nuestros hermetismos, nuestros miedos y la represión y supresión de lo que pensamos y sentimos. En tanto vivimos decepcionados de nosotros mismos o del mundo, nos tornamos obsesivos, monótonos, tensos, rígidos, helados, cautos, controlados y controladores; incapaces de reír, jugar o amar y de comportarnos con ingenuidad, confianza o infantilidad. Nuestra imaginación, intuición, sensibilidad y emotividad quedan bloquedas, fijas y reprimidas. Pasamos de “personas” (a través del sonido) a “sinesonas” o “asonas” (sin sonidos, sin expresión, afónicos).

La creatividad se parece, en muchos aspectos, a la expresividad de aque-llos niños que se sienten seguros y felices. Esta potencialidad, llamada en los adultos “segunda ingenuidad”, solemos perderla a medida que nos vamos sometiendo a la so-ciedad y sus procesos de culturización.
Nadie expresa lo que no ha recibido. Es a partir de esta postura ingenua que nuestra percepción se desarrolla y vamos captando la realidad, tomando conciencia de la existencia y dándonos cuenta de qué, por esencial, permanece y qué por contin-gente está sujeto a transformaciones. Si algo no es captado, no puede ser innovado. Tal actitud de apertura hacia el mundo depende, por supuesto, de nuestro interés por estar en el mundo y con el mundo.

Caracteriza el acto creativo su poder de integración. La capacidad crea-tiva queda manifestada cuando unimos lo separado, conciliamos lo opuesto, organiza-mos lo caótico, simplificamos lo complejo o significamos lo confuso. Cuando conver-timos lo aparentemente difícil en fácil. De este modo, preparar una comida, servir una cena, iniciar una conversación, exponer una idea, construir un puente, pintar un cuadro, tejer una bufanda, cuidar un enfermo, desarrollar una teoría, escribir un poema, jugar con un hilo o sólo mirar por una ventana puede ser o no un acto creativo.

Difícilmente logramos unir lo separado cuando nosotros vivimos, en nuestro interior, separados. Cuando nuestros afectos y conocimientos llevan caminos divergentes, nos ocurre que mucha de nuestra energía queda detenida y nuestra expre-sibidad decae o irrumpe agresivamente. Tanto vivir excesiva o solamente de ideas, como inmersos, excesiva o solamente, en las emociones, genera un mismo déficit: des-conexión y desconocimiento de lo real.

Y es a partir del encuentro entre lo real y mi interioridad que el salto creativo nace y se hace. Aquel hombre primitivo tiene frío y su hijo necesita abrigo, mira los árboles y sus manos. En su mente algo se ilumina, ha nacido una choza; el quehacer comienza. Los seres humanos, en algún sentido, estamos en permanente on-dulación. Tal ondulación la podemos concebir como un ciclo que incluye: retraimien-to, sensación, conciencia, movilización de la energía, excitación, acción, contacto. Si en el paso de un estado a otro se suscitan interrupciones, entenderemos tal situación como un bloqueo que nos inmoviliza y por ende, maniata nuestra creatividad. Así, cuando bloqueamos el límite entre sensación y conciencia, experimentamos algo sin comprender su significado. Otras veces es posible que comprendiendo nuestras sensa-ciones seamos incapaces de movilizarnos para la acción, quedando presos ante nuestra distracción o depresión. Decimos “sé que debería dejar de fumar, pero no tengo fuer-zas para hacerlo”. Estas perturbaciones del ritmo llegan a ser una permanente traba entre nuestro sí mismo y el ambiente.

Así como bloqueamos nuestro ajuste, así terminamos bloqueando nues-tra creatividad. Suelen ser causantes de nuestros bloqueos:

a) el miedo a fracasar, que nos hace echarnos atrás; no correr riesgos y evitar vergüenzas.

b) la renuncia a jugar, que nos convierte en seres serios y graves, sin humor y ajenos a lo insólito y sorprendente.

c) miopía ante los recursos, con lo que perdemos las ocasiones de solu-
ción que nos ofrece el ambiente.
d) el exceso de certeza, que nos amarra a una sola línea de acción,
llevándonos finalmente a la persistencia en comportamientos que han
perdido funcionalidad.

e) sugeción a la costumbre, que nos amarra excesivamente al pasado, la conformidad y la imitación.

f) el miedo a lo desconocido, perdiéndonos la posibilidad de incursio-nar en lo nuevo, lo incierto o extra-ordinario.

g) la vida emocional empobrecida, que nos paraliza ante el poder de lo afectivo y la atracción interna de los seres y las cosas.

h) la falta de integración,. producto de nuestra rigidez, inflexibili-dad, polaridad y carencia de sutileza.

i) el embotamiento de la sensibilidad, donde nuestros sentimientos no son adecuadamente usados, dejándonos atados al verbalismos y lo conceptual (Perls y otros, 1951).

Ahora bien, cuando somos capaces de superar nuestras interrupciones internas y nuestros bloqueos en la expresión, entonces nuestros procesos creativos to-man vuelo hasta alcanzar realizaciones que nos alegran y satisfacen.

En síntesis, tal proceso cubre tres etapas:

I la etapa de preparación, ella involucra la selección y diferenciación de
los datos y recursos de que disponemos en el universo; todos ellos
captables por nuestra percepción, aunque, a veces, por milenios ignora-
dos.

II la etapa iluminativa, donde una nueva idea, concepto o inversión emer-
ge (¡eureka!) al integrar en nosotros de un modo nuevo y diferente, lo
percibido.

III la etapa de verificación y elaboración, cuando le damos una nueva posi-
bilidad y forma a la realidad, a partir de nuestra creación: un puente,
una manera diferente de limpiar los muebles, un poema o una explica-
ción.

Creativos no son sólo los artistas, también lo somos y podemos ser los profesores, los ingenieros, los campesinos, las dueñas de casa; todos porque es patri-monio de todos.

Quien se proyecta creativamente llega a saber que su producción nace del diálogo que se desarrolla: entre su interior y el diálogo entre él y el mundo que él mismo, luego concreta en acciones. Este hombre conoce las raíces de sus imágenes e ideas.

Carlos Castañeda (1975) nos señala: “don Juan nos habló casi en un su-surro. Me dijo que observara el contorno de todos sus detalles, por pequeños que fue-sen o triviales que me parecieran; en especial, los rasgos del panorama en dirección al Oeste. Dijo que debía mirar el sol, sin fijar la vista en éste, hasta que desapareciera tras el horizonte.

“Los últimos diez minutos de luz, hasta muy poco antes de que el sol di-era contra un banco de nubes bajas o de niebla, fueron, en un sentido total, magníficos. Fue como si el sol inflamara la tierra, encendiéndola igual que una fogata. Tuve la sensación de que mi cara era roja”.

Bibliografía


BROWN, G. The Live Class Room. Penguin, N. York, 1976.

CASTAÑEDA, C. Viaje a Ixlian. F.C.C. México, 1975.

MASLOW, A. El hombre autorrealizado. Kairos, Barcelona, 1982.

PERLS, F., Hafferline, R., Goodman, P. Gestalt Therapy. Julian Press, N. York, 1951.

ZINKER, J. El proceso creativo en la terapia guestáltica. Paidós, B. Aires, 1979.

Don Lucho López. (1986)

Don Luis Lopez.

Pato Varas




Durante ocho años trabajé con don Luis López, don Lucho. Fui su ayudante y su discípulo y colaborador en la Universidad. Nada es más grande, en el saber, que el encuentro con un maestro. Don Lucho era un maestro. Con él aprendí más que todos mis años de Universidad, de formación y de trabajo. Fue algo de la infancia que aún guardaba en mí, creo yo, lo que me hizo decirle un día, luego de tres años de asistir a su curso, que yo había aprobado largamente: “Don Lucho, me gusta-ría ser su ayudante. Ad honorem, por supuesto”. Él siguió conversando de lo que hablábamos anteriormente y como siempre sonrió y asintió. Nada contestó en ese ins-tante. Tres días después, al pasar por la facultad, salió corriendo una secretaria: -Venga tiene que firmar el contrato. No entendí al principio. Así empece a trabajar en la Universidad. Nueve años más tarde murió don Lucho y yo fui despedido. Lo iba a acompañar. Eramos amigos. No quería que lo avergonzaran. Tenía escaras en la es-palda. Le dolía la espalda. La habitación se llenaba de gente. Yo y los más cercanos esperábamos en una sala contigua. Entonces venía su secretaria y me decía: -Pato, quiere que le arregles los almohadones. Yo iba, metía mis brazos entre las sábanas, tomaba su ahora cuerpo enflaquecido y llagado, lo levantaba y acomodaba en sus es-paldas los almohadones. Don Lucho me miraba, aún, como siempre sonreía, pero sus ojos estaban tristes y secos. Don Lucho se iba muriendo y por cada soplo que partía yo se lo guardaba en mi pecho para que siempre viva.

Habíamos unos quince o catorce en la oficina. Toda la Universidad iba al funeral. Pero la oficina esa, la de selección y admisión de alumnos estaba en plena tarea, no podía cerrar. Sólo cuatro o cinco podíamos responsabilizarnos de ella. Don Bernardo, el Jefe, dijo: Yo voy, y no hay caso, uno se queda. Vean ustedes, pero uno se queda. Todos miraban hacia el suelo y las ventanas. Todos querían ir. Era el fune-ral del maestro. Y me miraban como si lo vieran a él. Yo me quedo, dije, como pala-bras de viento irrevocable. Me abrazaron y se fueron. Ellos al funeral. Yo me quedé trabajando con don Lucho.

Mi madre me miró largamente cuando le conté que ya no trabajaba en la Universidad y que me moría de pena. Me abrazó y me dijo con la sencillez de la gente buena: “Hijo, no hay mal que por bien no venga”. Y así fue. Entré a trabajar al CPEIP. Comprendí, entonces, que daba un paso superior, profundo y más real. Don Lucho me había preparado, sentí yo, para cosas más importantes. Y aquí estoy.

Para mí, lo primero es la identidad. De ella surgen naturalmente la con-gruencia, la transparencia y la autenticidad. Sin ella sólo vagamos en un mundo de apariencias y engaños mezquinos. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Me conozco, me acepto? ¿Y tú? ¿Y a ti? ¿Y tú a mí?


¡Ah! si todos pudiésemos ser sencillamente sencillos. Cada vez que veo a un hombre sencillo, me emociono. Encuentro que es una paradoja admirable cómo la sabiduría y la sencillez van siempre de la mano. Y en vez de esto, cuánta suficiencia y superficialidad señorea allí donde más que el saber se anhela el poder. Hombres vanos que no logran descubrir que sólo un hombre de saber es un hombre de poder.

Don Lucho era un hombre tan sencillo, tan sencillo, que mi primer pen-samiento al verlo entrar a la sala de clases en primer año de la Universidad fue: “Este hombre debe llevar tantos años como secretario en la facultad que a veces lo dejan hacer clases”. Hace unos meses se le rindió un homenaje a los tres principales filóso-fos porteños: C. Finlayson, Rafael Gandolfo y Luis López. ¿Es que resulta menester ser sabio para que seamos sencillos?

Decía: “Vamos a analizar este libro, pero primero lo vamos a leer”. Dos horas después nos íbamos confusos, irritados, maravillados, abatidos y deseoso de una nueva clase. ¡Ninguno sabíamos leer!, que íbamos a poder analizar o comprender entonces. “Es necesario leer lo que el autor nos dice, no lo que nosotros, al leer, deci-mos”, comentaba don Lucho y sonreía. Siempre sonreía. Incluso cuando la discusión se tornaba agria y acalorada. Sonreía como diciéndonos “Bien, bien, defienda lo suyo que yo no dudo de lo mío”. Y como él era inevitablemente él, y yo fui siendo yo, con su respaldo y comprensión, nos fuimos encontrando. A mí me gustaba la psicología y a él la antropología. “Bien, siga en lo suyo, a mí no me interesa, pero se necesita gente que vea la psicología con ojos humanos, siga no más”. Y luego agregaba: “Un hombre universitario puede ejercer cualquier quehacer; la Universidad es una forma de ver y pensar la realidad y de actuar en concordancia. Existe un puro título y es el de univer-sitario. Quien no lo comprende es como si no hubiese pasado por la Universidad”.

Un año, por marzo, nos cruzamos en el pasillo de la Escuela. Me dijo: Voy a hacer cosmología. Son cuatro horas a la semana, yo voy a tomar las del martes, usted ¿puede tomar las de jueves?

Yo, si sabía, era su ayudante y colaborador en todo, pero jamás había hecho una clase de cosmología o filosofía de las ciencias. Le dije: “Don Lucho, me encanta la cosmología, pero no sé nada. Nunca he hecho clases de cosmología”. Se sonrió y me contestó: “No sea así, usted no va a tener ningún problema. Todo lo que tiene que hacer es leer con los alumnos un libro”. No tuve ningún problema y aprendí que todos los libros son iguales. Da lo mismo la lógica, antropología, ciencias, artes o metafísica cuando se sabe leer y analizar. Y en la vida, todo es lo mismo, cuando sa-bemos filosofar, es decir, reflexionar con honestidad y esencia. Pero como ha dicho Nietzsche: “Filósofo es aquel hombre que hace lo que piensa”.





Yo tuve, en don Lucho, un apoyo magnífico e incondicional. Qué más querría yo para todos; alumnos, profesores, padres, hermanos. Y del mismo modo, yo estuve, todas las veces que me lo pidió, donde quería o necesitaba que estuviera. Qué menos podía hacer yo. Durante todos esos años él era simultáneamente profesor en la Facultad, ocupaba algún alto cargo directivo y, por las noches, hacía clases en el Liceo Nocturno Eduardo de la Barra. Don Lucho, ¿por qué hace clases en la noche?, ¿qué necesidad tiene de ello? Sonreía y me decía: “Bueno, somos un grupo de amigos que echamos a andar este Liceo Nocturno. Además esos alumnos nos necesitan”.

“Esos alumnos nos necesitan”. El no necesitaba nada. A él lo necesita-ban. Y por eso él iba, por sus amigos. Muchas veces lo reemplacé. Algunos colegas me decían: “-Pero qué tiene que ver la Universidad con el Liceo Nocturno. Si tú eres su ayudante en la Universidad. Nadie te va a pagar esas horas de reemplazo en el Li-ceo”. Yo me apenaba en vez de sonreír. Como no comprendían que yo me sentía hon-rado haciendo algo por él. Que me sentía su amigo y que yendo al Liceo podía palpar cómo su saber se plasmaba entre esos hombres nocturnos de aprendizaje.

Me gustaba curiosear y les pedía que me mostraran sus cuadernos. Me decían: “No hemos escrito mucho. Es que con don Lucho nos llevamos conversando”. Una vez un hombre, con toda su hombría e ingenuidad, me dijo: “Mire, de filosofía no he aprendido nada, pero lo que es de la vida. no tendría como medirlo”. Fue así como me enamoré de todo lo que fuese mi propio quehacer. Lo veía a él y era suficiente para percibir lo esencial. Comprendí pronto que para un hombre con vocación no hay horario, norma, reglamento ni calendario que lo detenga, pues siempre está excediendo esos límites. “Las reglas -me decía- son para el hombre extraviado; aquel que no posee sentido y requiere empalizadas para avanzar”. Y lo que en un principio fueron sus palabras hoy no sé distinguir dónde comienzan sus frases y dónde continuaron las
mías. Me di cuenta, y para siempre con alegría, que mi quehacer no era un trabajo, sino una forma de vivir. Y entendí porque él parecía no cansarse nunca.

El entusiasmo por el propio quehacer no me nació con don Lucho; yo ya estaba entusiasmado con mi vida desde niño. Pero con él comprendí que toda voca-ción era vocación en el entusiasmo. Y así podemos distinguir entre aquellos seres que requieren de cierto lugar, cierto trabajo y ciertas personas para caer en el entusiasmo, y aquellas otras que entusiasman a las personas, lugares y trabajos donde van.


La vida, quién no lo sabe, es un eterno desafío, y el desafío nuestro, el de los educadores y el de los educadores del sistema, amén de continuo es urgente. A nosotros nos toca educar, y educar con una mayor responsabilidad. Existe una pléyade de niños y adolescentes que nos necesita más. Niños y adolescentes sin más apoyo y respaldo escolar que el que el Estado y la sociedad les da. Las escuelas públicas de ayer son las escuelas municipalizadas y subvencionadas de hoy. A ellas concurren los más necesitados y los que menos tienen. Esos niños y adolescentes no merecen menos educación ni menos oportunidades. Merecen, precisamente, por sus limitaciones y privaciones, lo mejor de nosotros.

Bill Schutz y la cultura de los encounters (1986)

WILLIAM SCHUTZ Y LA CULTURA DE LOS ENCUENTROS

Pato Varas

La palabra “encuentro” (encounter) no es, de ninguna manera, algo nue-vo; si no más bien, de rancia historia. Y significa tanto encuentro como combate.

Los grupos de encuentro son, en cambio, relativamente nuevos. Apare-cieron, y de manera impactante, en al década del 60. El comentario de Carl Rogers, una de las mayores eminencias en el campo de la psicología de los EE.UU. y el mun-do, fue: “Los grupos de encuentro son la invención social más significativa de este siglo (1).

Los grupos de encuentro no nacieron por generación espontánea ni co-mo producto de la inercia. Se proyectaron tanto desde los grupos psicoterapéuticos como de los grupos T y afloraron por una fuerte urgencia de innovar con respecto a la forma de vivir y los principios y valores que ello contiene. De esta manera saltó más allá de ser una metodología de trabajo o un compendio de técnicas.

Así como el padre o “re-encontrador” (así se autodefinió) de la Terapia Guestáltica fue Fritz Perls(2); el propiciador de la “cultura de los encuentros” fue y es William Schutz. ¿Qué misterioso sino hizo que ambos trabajaran y vivieran, al mismo tiempo, en el Instituto Esalen de Big Sur, California?

William Schutz es un hombre calvo, musculoso y de apariencia prusia-na. Periódicamente ofrece talleres y seminarios en el Instituto Esalen. La descripción de ellos aparece en los catálogos de Esalen en dos líneas: “5 días con William Schutz. 300 dólares”. No necesita más, su nombre basta para presentarlo.

En noviembre de 1977, Schutz ofreció una charla, junto a Ken Dycht-wald y Allan Schwarts, a los que entonces pertenecíamos al programa de Residentes del Instituto Esalen. Tres colchones fueron puestos, uno sobre otro, a manera de gran sofá, cerca de una de las paredes del Huxley, salón principal del Instituto, llamado así en recuerdo de Aldous Huxley, el escritor y pensador inglés, que viviera sus últimos años en California. El resto del salón fue tapado con “pillows” (grandes cojines). Tres micrófonos de una grabadora fueron instalados frente a los colchones. De esta forma se publican muchos de los “papers” de Esalen. Entonces, David Schiffman, nuestro coordinador principal, les hizo la pregunta única.

Ustedes han trabajado con miles de hombres y mujeres, en talleres, se-minarios y cursos, donde propagaron la necesidad de que el ser humano sea uno, en su mente y cuerpo; han publicado uno o más libros y muchos artículos, cada uno, donde exponen sus ideas, sus métodos y técnicas y su enfoque para que el hombre se encuen-tre consigo mismo y con otros; ustedes, con igual énfasis sostienen que la verdad está en el cuerpo y que lo primero es encontrarse con el propio cuerpo, desarrollarlo y aprender a ser honesto con él y desde él. Y bien, ¿qué nos pueden decir acerca de su personal encuentro con sus propios cuerpos?
Ken Dychtwal había adoptado una posición oriental sobre los colchones, Bill Schutz se apoyaba sobre sus muslos abiertos, ligeramente inclinado hacia adelante y Allan Schwartz, echado atrás, miraba el cielo mientras una y otra vez manoseaba su nariz.

Todos estábamos descalzos y sentados o recostados sobre los cojines. Schutz vestía shorts y la parte superior de un buzo deportivo, el cual, abierto, dejaba ver la totalidad de su torso. Era lo que se llama una reunión informal, directa y empá-tica.

El diálogo fue vivo, rápido, estimulante, y pronto se generalizó hacia quienes escuchábamos. Ken, Allan y Bill se movían constantemente, hacían pregun-tas, realizaban experiencias con personas asistentes, reñían, discutían, permanecían silenciosos, expresaban profundas convicciones, en fin, era obvio que expresaban sus sentimientos y pensamientos y que sus acciones los acompañaban creando un clima de honestidad, soltura y espontaneidad muy grato.

W. Schutz manifestó sus temores. Él sentía que aparecía como un hom-bre agresivo y cortante. Durante algún tiempo había luchado contra ello. Ahora sim-plemente se aceptaba como era. Había descubierto que era la forma más directa para que los otros lo aceptaran a él. Luego, expuso sus intereses, cada vez más quería des-intelectualizarse. Haber alcanzado un doctorado y haber trabajado en diversas univer-sidades no era la manera, para él, de acercarse al hombre y así mismo. Quería estar y sentir con el ser humano y había aprendido que para ello era necesario ser sencillo, abierto y franco. Era necesario crear y vivir en un ambiente que apoyara estos compor-tamientos (Esalen lo permitía) y sobre todo exigía una análoga actitud para consigo mismo. En ello, un encuentro con su propio cuerpo era decisivo y lo había sido.

Casi al finalizar la charla, alguien preguntó a Schutz cuáles creía él serí-an las aspiraciones que el americano tendría para el futuro. Schutz expresó: no sé bien qué deseará para el futuro próximo (digamos 20 a 50 años) el americano medio, en cambio, con respecto a aquellos americanos que día a día descubren el valor de vivir con otros seres, que de algún modo se identifican con el movimiento humanístico, y que están de verdad interesados en crecer, pienso que una de las aspiraciones que ellos tendrán es, simplemente, luego de haber alcanzado cierto nivel económico, vivir en Oriente. Creo que del encuentro entre el hombre occidental y la vida oriental surgirá una nueva época. Epoca tremendamente profunda, de religiosidad abierta y, absoluta-mente descompetitiva.

Cuando comparo los libros de W. Schutz con estas palabras se me pro-duce el “cierre” con respecto a Schutz, es decir, termino de comprender su posición y el “eidos” de su pensamiento.

Dicho en términos simples, se trata siempre del encuentro. Encuentro del hombre con su cuerpo, encuentro del hombre consigo mismo, encuentro del hom-bre con otros, encuentro del hombre con su realidad y, finalmente, encuentro del hom-bre de Occidente con la vida de Oriente, o lo que es lo mismo, encuentro del mundo consigo mismo. Una vez más, la anciana idea de la confluencia del yin y el yan.
W. Schutz ha escrito, que yo sepa, cinco libros (3). Ellos son:

“Firo. A Three Dimensional Theory of Interpersonal Behavior. (1958);

“Joy, Expanding Human Awareness”. (1967)

“Here Comes Everybody. Bodymind and Encounter Culture”. (1971); hay una versión en español editada en 1973 por Ed. Amorrortu, bajo el título: “Todos somos uno”.

“Elements of Encounter”. (1973); y “Body Fantasy”. (1977).

Con “Firo” plantea por primera vez su teoría acerca de las necesidades interpersonales básicas. En “Joy” establece los niveles que deben ser considerados para apoyar al ser humano en su búsqueda de plenitud y el modo según el cual el facili-tador grupal puede ser un apoyo. Cuatro niveles son descritos y analizados: el cuerpo, el funcionamiento personal, las relaciones interpersonales y las relaciones organizacio-nales. Para su tercer libro “Heres Comes Everybody” Schutz ha desarrollado una con-cepción sobre el hombre y la relación humana y, un método de acción: los grupos de encuentro abierto. Su siguiente obra, “Elements of Encounter”, afina y profundiza exhaustivamente todo lo referente a “grupos de encuentro” o “encounter” como se le conoce en USA. Este es, indudablemente, el libro más apropiado o requerido por un facilitador grupal para su trabajo. Finalmente, en “Body Fantasy”, Schutz retoma su ciclo, vuelve al estudio del cuerpo. La obra expone sus experimentaciones en terapia guestáltica y rolfing, una mezcla de masaje doloroso y terapia verbal.

Cuatro conceptos constituyen la obra gruesa de la concepción, sobre el hombre y la relación humana, que W. Schutz posee. Ellos son, el cuerpo, el individuo, lo interpersonal y el grupo(4).

Cosa capital resulta, en la cultura de los encuentros, comprender el cuerpo. La valoración del cuerpo, reacción evidente a la desvalorización que él sufrió o sufre aún, es previa a todo intento para lograr una real integración entre cuerpo y mente. Tal integración provoca una inmediata innovación con respecto a la manera de ver la educación, la terapia, la cultura, la sociedad, etc. Ello implica reconocer la es-trecha conexión que existe entre lo emocional y lo corporal, comprender que tanto sen-timientos como comportamiento son expresados por el cuerpo, aceptar que el cuerpo constituye el más fiel reflejo de la propia historia (la personal) y, por último, que mente y cuerpo no son enemigos sino puntas de un mismo cordel.

Obviamente, el concepto de sí mismo depende en gran medida tanto del conocimiento como del aprecio que la persona tiene de sí mismo (lo que incluye con primera prioridad el cuerpo). Pero, además, deriva de nuestras relaciones con el resto de la gente. No en vano afirma Krishnamurti que la convivencia es el espejo donde vemos lo que somos cada uno (5). Aquí es donde Schutz desarrolla su “teoría tridimen-sional” del comportamiento interpersonal”. En ella tres conceptos permiten compren-der el proceso de interpersonalidad que, usualmente, todo humano sigue: inclusión, confrontación y afecto.

Finalmente, el grupo viene a ser un fenómeno análogo al individuo, donde la “teoría tridimensional” cobra toda su eficacia.

Ahora bien, en esta posición y pensamiento hay algo que es más impor-tante: la acción. Puesto que el hombre se debate en una sociedad básicamente neuróti-ca, puesto que aparece desajustado con respecto a su temporalidad, puesto que no basta conceptualizarlo como hombre o como sociedad, y dado que las soluciones grandilo-cuentes continúan fracasando estrepitosamente, Schutz ofrece una acción. Esa acción es el grupo de encuentro. Una acción limitada, incluso en el número, pero que multi-plicada, siempre desde la génesis misma del individuo y su comunidad: su realidad aquí y ahora, está significando, hoy por hoy, el fenómeno social del siglo XX.

Los grupos de encuentro suelen encuadrar su quehacer dentro del marco de un taller (workshop). El taller comprende, usualmente, 5 días de trabajo, de prefe-rencia en un sistema de residentes. Aunque también los hay de 2 días y de 1 mes. Su cupo va de 10 a 25 personas y las reuniones ocurren mañana, tarde y noche. De esta forma se ha probado (Gibb, 1970) que los efectos de un taller equivalen a los de sesio-nes periódicas de 2 ó 3 años.

El desarrollo de los grupos de encuentro (su aparición en la historia de la Psicología) está conectado con los grupos psicoterapéuticos, aún que, como vere-mos, su enfoque no es propiamente psicoterapéutico, sino de crecimiento personal, concepto que encierra tanto aspectos educativos como terapéuticos.

Los grupos psicoterapéuticos aparecieron con Pratt en 1907, aún cuando alcanzaron su máximo ímpetu durante la guerra mundial(6). Precisamente, poco des-pués de finalizada la II guerra mundial, en 1947, algunos estudiantes del psicólogo Kurt Lewin organizaron el primer laboratorio de entrenamiento centrado en el grupo (grupo-T), la “T” significa “training” (Marrow, 1969). Este movimiento rápidamente desarrolló bajo la dirección de Leland Bradford, los NTL, National Training Laborato-ry. Hoy, la más importante institución del mundo, en cuanto a entrenamiento de y en grupos - T.

En 1952 nacieron los Western Training Laboratory, como parte de los NTL, en la costa oeste de los EE.UU. Paulatinamente, ellos comenzaron a enfatizar el crecimiento personal más que la dinámica del grupo. Para 1961-1962, en Bethel, Ir-ving Weschler y Joseph Luft introdujeron la idea de desarrollo del crecimiento perso-nal a través del uso del proceso grupal. Esta innovación fue focalizada por el mismo W. Schutz en 1963, también en Bethel. Al año siguiente, 1964, los californianos John y Joyce Weir guiaron el primer laboratorio de Crecimiento Personal en Bethel y, ade-más introdujeron el uso de técnicas no-verbales, fantasía y psicosíntesis.

El Laboratorio de Crecimiento Personal en Bethel continuó ofreciéndo-se, pero con una orientación hacia el grupo y el desarrollo organizacional. En 1967, W. Schutz formó grupos de crecimiento personal, en el Instituto Esalen de Big Sur, California, y los llamó “encounter” (grupos de encuentro). El impacto había llegado.

W. Schutz sostiene que siete son los principios que fundamentan la cul-tura de los encuentros, por ende, de un “encounter”.

Ellos son:

Unidad del organismo: el hombre es, al mismo tiempo, corporal, psi-cológico y espiritual. Todos esos niveles son manifestaciones de una misma esencia y, por lo tanto, ella funciona cuando está armonizada.

Honestidad: honestidad y apertura son las llaves para el crecimiento. Ser honestos permite al cuerpomente llegar a ser un claro canal tanto de la energía que fluye hacia el cuerpo como de la que él expresa.

Awarenss (darse cuenta): el darse cuenta es un de los principales pro-pósitos del encounter. Darse cuenta de sí mismo, de los otros y del universo es un pro-ceso de vida que permite conocerse y apreciarse, sentir la propia importancia, aceptar lo que se es y puede hacer, y aprender a ser responsable por y de uno mismo.

Libre elección: ir y permanecer en un grupo de encuentro es siempre un acto voluntario, asumir la responsabilidad de lo que se hace y lo que no se hace. En él. cada participante está permanentemente ejerciendo su libertad y su responsabilidad. Si él está aprendiendo algo o no, si está ocupado o inerte, si está aburrido o interesado, si está enloquecido o no, viene a ser siempre una cuestión básicamente personal y que debe asumir desde sí mismo.

Naturalidad: el grupo de encuentro es una ocasión para remover los propios bloqueos y permitir que la energía fluya libre y naturalmente. Una ocasión para desarrollar la espontaneidad, para ser simplemente como se es, dejando a un lado máscaras, clichés, actuaciones y roles estereotipados.

Forma de vida: el encounter es una forma de vida, no una técnica tera-péutica, que permite interaccionar con otras personas de una manera diferente a la que, usualmente, la estructura social ofrece; estructura basada en la “diplomacia”, el tacto, la racionalidad y los tabúes corporales. La cultura de los encuentros (encounter) surge como la sucesora de la actual cultura, la cultura de las pugnas (counter).

Apertura y honestidad son el corazón de la cultura de los encuentros. Ella aprecia la integración de sentimientos y pensamientos, reconociendo el papel cen-tral que los sentimientos juegan tanto en los aspectos internos como interpersonales del ser humano. Reconoce el rol del cuerpo en la historia personal, acepta la unidad de cuerpo, mente y espíritu, y la importancia de trabajar todos estos niveles simultánea-mente. Reconoce la importancia de la naturalidad, la espontaneidad y el realismo (ser aterrizado). Impulsa al individuo a asumir sus responsabilidades y ejercer sus liberta-des. Focaliza su quehacer en el aquí y ahora. Y, sin prometer nada, aspira a una forma de vida que de al hombre plenitud.

Aquí es donde entra en juego la “teoría tridimensional” del comporta-miento interpersonal, puesto que el proceso grupal que sirve de campo y fondo al cre-cimiento personal, dentro del grupo de encuentro, se apoya en ella.

W. Schutz sostiene en “Elements of Encounter” que “la noción psicoló-gica clave en teoría sobre el encuentro es el concepto de sí mismo” (pág. 38). A su vez, el concepto de sí mismo se deriva en gran medida de las relaciones que el indivi-duo tiene con otras personas. Estas relaciones aparecen gobernadas por tres necesida-des básicas. Como aparecen antes, éstas son: inclusión, confrontación y afecto(7).

Inclusión: el primer problema que un individuo se ve enfrentado a re-solver ante un grupo o en sus relaciones, llamémoslas sociales, es si está adentro o afuera de tal grupo, o adentro o afuera de tal relación o relaciones. En la medida que él se “siente” incluido en un grupo o con otras personas se abre para él la posibilidad de interaccionar. Interaccionar es, de suyo, crucial para el ser humano, ello le permite encontrarse con otros seres y retroalimentarse, tanto con respecto a sí mismo como con respecto a la realidad. Cuando un hombre pregunta a otro si este está o no viendo el ovni que él ve, se está retroalimentando a sí mismo. Naturalmente, en la medida que el individuo sienta que es aceptado e incluido, su concepto de sí mismo mejorará pues el ser incluido es, de alguna manera, manifestación de valoración hacia su persona.

Confrontación: si un hombre siente que es aceptado, por ejemplo en una reunión, un debate o un comité, puede honestamente desear lograr algo, tanto para sí como para el grupo. Para ello deberá manifestarse, exponerse, confrontarse. De algún modo se verá envuelto en una competencia o enfrentamiento. Con el tiempo, tanto él como el grupo, descubrirán el valor de cada uno de los participantes y, ellos, inevitablemente, serán ubicados, jerarquizados o estratificados en referencia a diversas y múltiples situaciones. Naturalmente, el deseo de poder es una de las manifestaciones más evidentes en la confrontación y también lo es el de conocerse y ubicarse grupal-mente.

Afecto: finalmente, cuando un individuo ha superado tanto sus proble-mas de aceptación como de poder es probable que empiece a ser capaz de sentir a otros seres, de manera directa. Aquel hombre que no siente temor de otro ser humano, ni tampoco afán de usarlo o dominarlo está apto para poder amarlo o, incluso, para odiar-lo.

Estas necesidades son experimentadas intensamente en un grupo de en-cuentro sin que sea menester plantearlas explícitamente. Aparecen espontáneamente.

Hace muchos años que trabajo como facilitador de grupos de encuentro. En mi desarrollo como facilitador siempre he estado en lo que yo llamo, la línea de Esalen. Naturalmente ha habido diferencias entre mi periodo pre-Esalen y el posterior a mi residencia en Big Sur. Big Sur significó para mí, un asentamiento total y definiti-vo. He trabajado y vivido con diversos grupos. La mayoría de ellos relacionados con educación y terapia. Mi impresión siempre ha sido la misma. Un grupo de encuentro es una experiencia maravillosa, es realmente un encuentro. Un encuentro con muchas aspiraciones, un encuentro con muchas realidades, un encuentro pleno consigo mismo, un encuentro esplendoroso con otros seres humanos, y ocasionalmente, un encuentro con el misterio, la trascendencia y Dios.

Con Raúl Eberhard conformamos (entre 1976 y 1986) un equipo de tra-bajo, de amigos y vida para el encuentro. Cada grupo de encuentro ha sido para noso-tros una experiencia única. A todos hemos ido para ser lo que somos y para apoyar a otros a que sean su propio ser. Hemos aprendido a reír, llorar y rabiar sin vergüenza. A estar, ser y sentir a nuestro prójimo. Y de todos nuestros grupos de encuentro hemos salido sudorosos, satisfechos y sonrientes. Hemos vivido en plenitud.

¿QUÉ ES SER PERSONA?

¿QUÉ ES SER PERSONA?

Pato Varas


Llevo muchos años dedicados, principalmente, a trabajar con personas sin más contenido ni objetivo que la persona misma. Después de estos años ¿qué es lo que puedo decir de la persona?

Primero, que cada vez que el ser humano tienen ambiente y oportunida-des para ser humano, lo es. Como dice Rogers, el asunto no es darle poder a la persona para que sea persona; simplemente, no hay que quitárselo. Quiero decir con esto que las personas somos personas por naturaleza. No es ni la educación, ni la sociedad, ni la historia, ni el futuro lo que nos hace así. Somos así. Es nuestro irrevocable modo de existir, nuestro sí mismo, nuestro organismo.

No creo que sea necesario centrar la educación en la persona para que la persona sea persona, pero sí es necesario que la educación recibida por la persona esté centrada en ella.

¿Y qué es la persona? Obviamente, un ser de naturaleza confiable. ¿Acaso yo no confío en mí? ¿Y usted en usted?

Kafka, en su cuento “La Metamorfosis”, nos exige imaginar a un hom-bre que se va transformando en cucaracha. Sí, aunque difícil, es posible que, alguna vez, un ser humano se haya “sentido” cucaracha o tal vez, semidiós. Otra cosa es que lo sea de verdad, de realidad, ónticamente. No tenemos más remedio las personas que ser personas. Ello consiste simplemente en ser; en ser lo que somos y no lo que no somos. En ser y no aparentar ser.

La persona es un ser sobre el cual nada se puede decir sino se interac-ciona con él. No hablemos de la persona; hablemos con la persona. Y sabremos, no qué es, sino quién es. La persona no es un concepto. Somos tú y yo. Nada abstracto, sino de carne y hueso y hasta atractivas. Somos personas atractivas, tendemos a acer-carnos tanto como para hacernos eternos.

La trascendencia no circula en torno a nosotros como el smog. No. La trascendencia la llevamos intronizada en cada célula. En cada célula nuestra y en cada célula del Universo. Yo soy, tú eres, nosotros somos. El universo se expande y con-trae por obra y gracia de nuestra vida y muerte.

Somos ya. No intentes creer que ya has muerto o que aún ni vives. Somos ya por obra y gracia del Amor. Somos benditos y bendecidos en el Amor. Si Dios nos hizo... y a su semejanza, ¿de qué dudas?

La persona no es algo, somos nosotros. Y, entonces, ¿qué te puedo de-cir de aquellas personas con las cuales has interaccionado profundamente y de mí mismo? Primero, que, para hacerlo, no hemos necesitado ni libros ni programas, sino nuestros propios seres en juego. Que para hacerlo hemos centrado nuestra percepción y capacidad de darnos cuenta, simultáneamente y sucesivamente, en nosotros mismos. Hemos descubierto y aprendido de nosotros mismos. Que somos permanentemente organismos en interacción con el ambiente, la naturaleza, el pasado, el tiempo, la fan-tasía, los seres, nuestro cuerpo y lo impronunciable.

La soledad es un mito. Hemos descubierto y aprendido que cambiamos para permanecer y permanecemos para cambiar. Arrastramos nuestra identidad y no-identidad consigo mismo como retorno al futuro.

El movimiento no es un mito. Hemos descubierto y aprendido que, del mismo modo que sabemos obstruirnos, sabemos construirnos y que no nos está permi-tido perder nuestra orientación, pues ella subyace en lo íntimo de nuestro ser. Siendo libre, siempre optamos por elegir nuestra propia fuente.

El determinismo es un mito.

Y hemos descubierto y aprendido que la persona crece como crece el árbol y la mariposa nocturna. Si posee ambiente y oportunidad, florece y revolotea en torno a la luz. Si no, tiende a ese ambiente vital con determinación y fe.

EL HOMBRE, UN SER EN RELACIÓN

EL HOMBRE, UN SER EN RELACIÓN

Pato Varas


Dice el pensador J. Krishnamurtu que la vida es experiencia en la vida, es experiencia en la vida de relación. Es decir, la vida es convivencia. Convivencia que se expresa mediante el contacto con las cosas, las personas y las ideas.

La capacidad de convivencia es la que permite hacer frente plena y ade-cuadamente a la vida. Y para ello es necesario que el hombre comprenda la vida de relación.

La vida de relación es sin lugar a duda el espejo en el cual nos descu-brimos a nosotros mismos. Sin convivencia simplemente no es posible existir. Vivir es estar relacionado y estar relacionado es existir. La convivencia es un medio de au-todescubrimiento.

Ahora bien, si examinamos nuestra vida, nuestras relaciones con los demás, veremos que, muchas veces, ella es un proceso de aislamiento. El prójimo, en realidad, no nos interesa, aunque hablemos bastante al respecto, el hecho es que no nos interesa. Sólo nos relacionamos con alguien mientras esa relación nos resulta grata, nos brinda refugio, mientras nos satisface. Apenas ella sufre una perturbación que nos produzca incomodidad, dejamos de lado esa relación. En otros términos: sólo hay re-lación mientras estamos satisfechos. Esto puede ser desagradable y seguramente no nos gusta leerlo o escucharlo, pero sí realmente examinamos nuestra vida de relación con atención, veremos que se trata de un hecho: y eludir el hecho es, precisamente, manifestación de su existencia. De manera que si echamos una mirada a nuestra vida y observamos nuestra vida de relación, vemos que ella es un proceso de erigir resistencia contra los demás, muros por encima de los cuales miramos y observamos al prójimo; y ese muro siempre lo mantenemos y permanecemos tras él.

Ahora bien, mientras vivimos en aislamiento, detrás de un muro, no hay convivencia. Vivimos encerrados y eso nos resulta más cómodo y seguro. Nuestra comunicación o incomunicación depende nada más de eso. De la existencia o inexis-tencia del muro. De nuestra capacidad o incapacidad de contacto. Contacto con las cosas, las personas, las ideas y con uno mismo. También levantamos muros que nos dividen a nosotros mismos. Así, suelen existir muros entre nuestro cuerpo y nuestra mente, entre nuestros sentimientos y pensamientos, entre nuestras ideas y acciones. Muros que nos controlan, reprimen o inhiben.

De esta suerte, para la mayoría de nosotros, la vida en relación es en rea-lidad un proceso de aislamiento; y es obvio que tal relación construye una sociedad que es también aisladora.

El proceso de aislamiento es, a la inversa del proceso de comunicación, un proceso centrado en la búsqueda del poder. En él, cada cual desea una posición fuerte en la que puede dominar: en el hogar, en la oficina o en la empresa. Cada cual anda en busca de poder, y por el hecho de andar en busca de poder establecerá una sociedad basada en el poder. Esto es evidente. ¿No es acaso, el deseo de poder, aisla-dor por naturaleza? Y, sin embargo, vivir en el aislamiento es cosa imposible; no hay país, ni pueblo, ni individuo que pueda vivir aislado. De manera que si impulsados por el afán de poder, de seguridad y comodidad erigimos muros que nos aíslan, pronto esos muros se volverán contra nosotros mismos. Pues dentro de ellos ganamos la sobrevi-vencia, pero perdemos la existencia.

Aislados, cómodos y seguros tras nuestros muros empezamos a padecer de falta de vida. A eso le llamamos incomunicación. La incomunicación nos duele y sacude. Luego empezamos a buscar una nueva solución. Las primeras manifestacio-nes son los millones de frases, artículos, revistas y libros que hoy circulan por el mun-do hablando del tema. Una vieja idea nos hace creer que hablando de comunicación e incomunicación, de convivencia y aislamiento y describiendo el fenómeno los muros caerán.


Características de la convivencia

¿Qué es y cómo se comporta un ser comunicado?

La diferencia entre un ser comunicado y uno incomunicado es, al igual que en las cárceles, un muro. Mientras los seres humanos que se comunican son seres capaces de “estar, ser y sentir” con y junto a otros seres humanos. Los incomunicados han reemplazado esa capacidad por un muro.

La existencia o inexistencia de ese muro depende, claro está, de la for-ma de ser y comportarse de cada uno de ellos.

¿Cuál es la forma de ser y comportarse de aquellos seres que poseen la capacidad de estar con otros?


Características y naturaleza del estar con otros

1. Espontaneidad

La persona está dispuesta a dejar que las cosas sucedan con lo demás, lo cual le permite abrirse a experiencias más ricas y profundas. Existe una intere-sante falta de programación. Simplemente la persona permite que sus ideas, sentimientos y acciones fluyan de acuerdo a la ocasión y el momento.

2. Ser personal

La persona es como es, no más. No está permanentemente asumiendo un rol. No actúa su vida, simplemente la vive. La persona está continuamente en un proceso de identidad consigo mismo, pues ha descubierto que el ser hu-mano está siempre creciendo y que para que dos personas puedan realmente encontrarse es necesario que cada una sea cabalmente alguien distinguible e identificable.
Estar con otra persona significa establecer un contacto de persona a per-sona. Un sí mismo concreto y único está en contacto con otro sí mismo, con-creto y único también, en la interacción irrepetible. Un rol, o papel, o actua-ción, o cartel, en cambio, no puede estar con otro rol. Eso no es más que un baile de máscaras donde el propósito es ocultarse, engañar, disfrazarse, es de-cir, ser lo que no se es.

3. Naturalidad

Cuando una persona está con otra, la relación es grata y libre. La rela-ción fluye, emerge, sucede naturalmente. Hay un contacto entre dos personas. Los sentimientos -amor, rabia, tristeza, alegría, desesperanza, ternura- surgen tan sólo de estar-con. La convivencia es autorrealización. El fundamento de la comunicación proviene de los sentimientos que surgen al disfrutar de la cerca-nía con otro ser.


4. Disponibilidad

Una persona que está con otra es accesible, está abierta al flujo de la comunicación, abierta a expresar lo que siente y captar lo que otro siente. Está tratando de ver y oír lo que los otros dicen, sienten y hacen.


5. Ser en el momento

Resulta imposible estar con otra persona sin estar en el aquí y ahora. Para estar presente hay que estar en el presente. Se está genuinamente con otra persona cuando se responde de manera plena a sus sentimientos actuales, cosa que no sucede cuando se analiza, observa, racionaliza, planea, evalúa o inter-preta a otra persona. Se está en el momento actual cuando uno participa ple-namente en la risa, el llanto, el dolor, el amor, el odio, la alegría, la lucha, el contacto, la exploración, el conocimiento, el ser.


6. Emitir mensajes claros

La emisión de mensajes claros constituye una condición decisiva del estar con otra persona. A medida que la persona comienza a perder sus temo-res y a mostrarse más persona, aumenta la claridad de los menajes que emite y, con ello, su capacidad para estar con los demás.

Todos hemos aprendido muchas maneras de emitir mensajes confusos: sonríes para encubrir los temores, hacer insinuaciones para suavizar el mensaje, ocultar sentimientos positivos o negativos, tratar de disimular nuestra soledad o de no dañar a los demás. Resulta imposible profundizar afectivamente nuestros verdaderos sentimientos. Las personas capaces de crear y dar confianza son aquellas que muestran sus sentimientos.
7. Hacer algo con otros

Hacer algo juntos es algo muy raro en nuestra cultura competitiva. Usualmente, actuamos bajo la autoridad de alguien o la ejercemos sobre al-guien. Cuando las personas hacen cosas con los demás, el placer de hacerlas trasciende las recompensas. El estar con otros es su propia recompensa.

8. Intimidad física y psicológica

La intimidad física está altamente correlacionada con la intimidad psi-cológica. Quienes tienen dificultades para expresar sus sentimientos también las tienen para la expresión física del afecto. Las maneras físicas de relacionar-se constituyen, por lo general, manifestaciones directas de actitudes internas. Las personas capaces de estar con otras han aprendido a disfrutar de la expre-sión física del afecto cuando se abrazan, se miran, se sientan juntos o caminan.

9. Paz interior

Las personas que han aprendido a relacionarse y que disfrutan en ello son personas que reflejan en sí mismas la armonía que viven con otros. Su ma-yor personificación, receptividad, expresividad, autodeterminación y estar-con-otros les proporciona un balance psíquico y social que se traduce en bienestar, plenitud y paz interior.


10. Dejar ser a los demás y a uno mismo

Una persona no puede estar profundamente con otra cuando intenta en-señarle una lección, modificar su conducta, criticar su estilo de vida, remediar o corregir sus deficiencias, adiestrarla en nuevas habilidades o, simplemente, cambiarla a su gusto. El estar-con-otro implica dejar que el otro sea él mismo, tratar de establecer contacto, compartir el dolor y la alegría, dar amor, avanzar junto al otro hacia lo inexplorado y lo imprevisible, confiar en que él mismo y el otro, juntos al universo, pueden producir algo bueno y estar dispuestos a lo-grarlo.